El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CXVIII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CXVIII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Te agradezco mucho que me compares con Moncho Borrajo. No he asistido a ninguno de sus shows en directo, pero he visto varias actuaciones suyas en televisión y me parece un estupendo improvisador, como, sin duda, lo fue, verbigracia, Francisco de Quevedo y Villegas, quien, en cierta ocasión, invitado por las monjas clarisas a tomar un chocolate líquido, aguachinado, repentizó esta redondilla: “Monjas claras, claro está. / Pero es grande disparate / dar agua por chocolate / y no decir ‘¡agua va!’”.

Ya conoces mi parecer en lo tocante al tema de la educación: a traducir solo se aprende traduciendo, dedicando horas y esfuerzo a hacerlo, base del triunfo y hasta del éxito.

No he leído nada al respecto, pero seguro que leeré. Y ya veremos, pero, como me conoces, no insistiré en lo que otrora ya te he argumentado: no he mudado en lo concerniente a ese parecer particular; sigo detestando los encargos. O me nace el texto o no me nace (sí, lo aprendí de Pero Grullo).

Pues, antes y después de que ocurra el hecho, la boda, que sean dichosos el mozo (cincuentón) y su amada novia-esposa.

“¡Tierra, trágame!”. Esas dos palabras, una seguida de la otra, tras hacer la pausa preceptiva de la coma, seguramente, habrían salido de la boca del finado y dilecto escritor Manuel Vázquez Montalbán, si aún viviera y anduviera entre nosotros (que, no obstante, de alguna manera, lo hace). “¡Tierra, trágame!” hubiera dicho tras conocer, por voluntaria confesión del otrora molt honorable, Jordi Pujol, de la existencia de un dinero que él, durante más de tres décadas, se había encargado de distraer al fisco.

He urdido lo trenzado, porque Vázquez Montalbán escribió que “de Pujol se podrá pensar que ha sido un mal banquero, que es de la derecha camuflada o que es feo, pero nadie, absolutamente nadie en Cataluña, sea del credo que sea, puede llegar a la más leve sombra de sospecha de que sea un ladrón”, allá, por 1984, cuando la Fiscalía del Estado interpuso una querella contra Pujol y dos docenas de consejeros más de Banca Catalana.

Te agradezco sobremanera el adjetivo calificativo, “clásica/o”, que asignas o concedes a mi epístola en su conjunto o a alguna de sus partes, porque el vocablo no es, ciertamente, moco de pavo, quiero decir, tiene tanta importancia y/o suma tanto, su(pre)mo, valor, que incluso ayuda a volar.

Si no recuerdo mal, fue el gran RAMÓN quien, en “Ismos” (1931), urdió estas líneas en letras de molde: “La invención debe ser incesante. Se adeudará a los demás esa invención que no se realizó. Perder tiempo es perder invención. Es un robo que se hace a los que necesitan moverse en tiempos cada vez más amplios. Repetir un concepto, una manera, una composición de arte es redundar en la redundancia que acorta la vida, que suprime la diversidad de espectáculos que es su única eternidad”.

Esta mañana he leído a propósito de la triste nueva en la portada y la página 16 de Diario de Navarra. Supongo que mañana en el citado y otros periódicos leeremos más detalles sobre el luctuoso suceso.

Te saluda, aprecia, agradece y abraza

Ángel Sáez García
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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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