El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCXVIII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCXVIII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Por completar la idea o tesis que el menda sostenía en la epístola que comentas, acaso convenga aducir y volver a recordar ahora, a renglón seguido, que, a veces, por evidente desconocimiento (aunque mucho sea nuestro esfuerzo o dedicación, nunca llegaremos a tener un conocimiento entero del otro, jamás) de la otra persona, que apostilla nuestros escritos, ignoramos la intención concreta o el propósito correcto de las palabras que trenzó el tal. Aunque hayamos dejado sentado que nunca habrá ánimo de injuriar, a veces, insisto, por las razones que sean, no nos queda esto tan claro y dudamos y pensamos que el otro, tal vez, busca mofarse de nosotros, a nuestra costa. Servidor, como regla general, siempre pretende reírse con sus amigos, nunca de ellos. Está claro que solo si, por los medios que fueran, lográramos acceder a la conciencia del otro (cuestión no tan baladí), llegaríamos a tener constancia absoluta de ese puntual hecho.

No veo ese programa, pero creo haber comprendido lo que me quieres dar a entender.

A Jesús Arteaga Romero, maestro de amigos y amigo de maestros, y a Pedro María Piérola García, a quienes debo haber aprendido en mi adolescencia muchas cosas, entre ellas, las reglas de ortografía (“Reglas de ortografía” será, seguramente, el título que lleve la novela que me ronda la mente, sobre mis tres años en el colegio, postulantado o seminario menor que los Padres Camilos regentaban a la sazón en Navarrete, pero no dispongo o no he logrado reunir aún las condiciones para ponerme en serio a urdirla) les tengo tanto cariño y expreso tanta gratitud como el/la que te profeso a ti.

La última nueva sobre el caso, si no marro, querido amigo, es que el ministro ha pedido comparecer en el Congreso de los Diputados para explicar su reunión formal con Rato. A la petición inicial de dimisión (“destitución inmediata del actual ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz”, por haber protagonizado este “uno de los casos de mayor alarma social respecto a asuntos de corrupción en nuestro país”) de la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC), se han sumado más partidos y otras asociaciones.

Siguiendo asperjando el hisopo que contenía las lágrimas de ironía, retranca o sarcasmo con las que has rociado tu comentario a mi décima, ciertamente, había un montón de sitios donde los señores en cuestión podían haberse reunido y entrevistado; bueno, pues, para evitar suspicacias, decidieron hacerlo donde, precisamente, menos convenía o venía a cuento, en la sede del Ministerio del Interior. Acaso convenga recordar que “la mujer del César no solo debe ser honesta, sino parecerlo”.

Al parecer, debemos al biógrafo, historiador y ensayista griego Lucio Mestrio Plutarco la referencia de que la mujer del César no solo tenía que ser honrada, sino, además, parecerlo. Según narra el historiador citado en sus “Vidas paralelas”, Julio César se divorció de Pompeya Sila porque durante los fastos de la Bona Dea (“la diosa buena”), una antigua diosa romana, en cuya fiesta anual estaba prohibida toda presencia masculina, un joven patricio, Publio Clodio Pulcro, consiguió introducirse en la misma, disfrazado de mujer ejecutante de lira, aparentemente con el propósito de seducir a Pompeya. Fue desenmascarado y perseguido por profanación. César no aportó ninguna prueba contra Clodio durante el juicio, y este fue absuelto. Pero César se divorció de Pompeya alegando que “mi esposa debe estar por encima de toda sospecha”. Desde entonces, parafraseando a Julio César, cuando se duda de que una persona ha podido cometer un acto sospechoso de reprensión (no necesariamente de corrupción), aun cuando no se haya probado lo doloso del mismo, se insiste en “no solo hay que ser, sino parecer”.

Como de costumbre, para coronar esta epístola también te saluda, aprecia, agradece y abraza

Ángel Sáez García
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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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