El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCXXII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCXXII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Yo tampoco tengo mucha idea sobre Edmundo (ni sobre su hermano Julio) Goncourt; no colijas que soy un entendido en el autor francés, porque, en ese caso, tu deducción sería errónea, espuria, falsa.

No hay doctor/a (hasta honoris causa) en arte, en ciencia, o en el ámbito o la materia que sea que no haya dicho alguna vez o no vaya a decir hoy o mañana una tontería (en una montería, en una portería, en una tintorería o en donde sea). Es un ser humano y en tanto persona no está libre de desbarrar y aun de soltar una necedad tras otra.

Supongo que no esperabas la explicación (entre original y extravagante) y eso hizo que prestaras atención y te interesaras aún más por la misma.

Lo bello puedes hallarlo en lo expuesto, pintado o esculpido, pero también, sin duda, en la persona rubia o morena que contempla (entre atónita e indignada), como tú acaso, lo señalado arriba.

Ya sabes qué opinaba Cervantes, por boca Cipión, al respecto (en “El coloquio de los perros”): “(…) Y quiérote advertir de una cosa, de la cual verás la experiencia cuando te cuente los sucesos de mi vida; y es que los cuentos unos encierran y tienen la gracia en ellos mismos, otros en el modo de contarlos (quiero decir que algunos hay que, aunque se cuenten sin preámbulos y ornamentos de palabras, dan contento); otros hay que es menester vestirlos de palabras, y con demostraciones del rostro y de las manos, y con mudar la voz, se hacen algo de nonada, y de flojos y desmayados se vuelven agudos y gustosos; y no se te olvide este advertimiento, para aprovecharte dél en lo que te queda por decir” (grosso modo, contenido y continente).

Dichoso aquél que, lejos de sus quehaceres (como ves, me ha dado por parafrasear a Horacio —“beatus ille qui procul negotiis”—), osó subir a los lomos de la cresta de la ola de la omnímoda indignación ciudadana y cabalgó sobre ellos a fin de poder segar y agavillar toda la ira espigada de las/os pobres sin voz ni portavoz, ávidas/os de que alguien, además de impartir justicia cívica, repartiera unas cuantas, si no docenas, decenas de coces o sopapos entre las/os muchas/os venales que habían contribuido a extender a lo largo y a lo ancho de la piel de toro puesta a secar la sistémica corrupción.

Todo populismo necesita que surja pronto entre sus filas quien lleve a cabo la proeza de sacarles los colores a las/os corruptoras/es y a las/os corruptas/os, que vendrán a redimir en parte, en una ínfima parte, a las/os desheredadas/os, a las/os miserables.

Las expectativas de poder (tocar poder) de Podemos, por diversas causas (el brote inopinado de variopintas circunstancias negativas han venido a echar más leña al fuego), se han ido reduciendo. Así lo vienen recogiendo, corroborando o atestiguando, unas tras otras, las encuestas, unos tras otros, los sondeos.

Que a doña María de los Ángeles López Segovia, que ya está descansando entre los tales, le lleguen por el medio que sea nuestras gracias por hacernos reír (la vida más fácil) a carcajada limpia.

Te saluda, aprecia, agradece y abraza

Ángel Sáez García
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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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