El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCXXXIX)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCXXXIX)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Entiendo tu reflexión, pero al maestro no le puede faltar el estro (cuanto más reparte entre sus discípulos, más cantidad de él advierte en sus reservas), pues es la conditio sine qua non o, si lo prefieres, la parte necesaria, inexcusable, imprescindible, de su condición de tal.

A algunos de los míos, excelentes, inolvidables, les debo (si no toda, buena parte de) el grueso de mi creatividad.

Unas/os aprendemos las cosas que conviene aprender antes y otras/os después. Lo importante es que las aprendamos.

No es la primera (ni será, intuyo, la última) que ocurre el hecho de la duplicidad.

La parte final de la frase de don Antonio Machado (“en cuestiones de cultura y de saber, sólo se pierde lo que se guarda, sólo se gana lo que se da”) la pronunció el “mero aprendiz de gay-saber” (de esa guisa se presentó ante el auditorio), si no marro, en julio de 1937, en Valencia, en el discurso de clausura del II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas en Defensa de la Cultura, donde, casi al final del mismo, dijo esto: “Para nosotros, la cultura ni proviene de energía que se degrada al propagarse, ni es caudal que se aminore al repartirse; su defensa, obra será de actividad generosa que lleva implícitas las dos más hondas paradojas de la ética: sólo se pierde lo que se guarda, sólo se gana lo que se da”. Las palabras machadianas me han hecho recordar algo que trenzó el genio de Stratford-upon-Avon. En la tragedia shakespeariana de “Romeo y Julieta” a las preguntas de Romeo: “¿Te lo llevarías? ¿Para qué, mi amor?” Julieta responde: “Para ser generosa y dártelo otra vez. Y, sin embargo, quiero lo que tengo. Mi generosidad es inmensa, como el mar, mi amor; tan hondo, que, cuanto más te doy, más tengo; pues los dos son infinitos”.

Esas décimas aún no han sido publicadas aquí (tú las has leído ya porque eres un privilegiado, al que se las he enviado con antelación por la sencilla razón de que te considero amigo y tengo y tomo por tal, mi predilecto escoliasta). Esperaremos unos días para comentarlas.

Celebro que ya estéis en casa. Espero y deseo que el posoperatorio y la rehabilitación, aunque paulatina, vayan hacia delante.

Don Quijote” es un pozo o mina de novelas; como he advertido en otras ocasiones, cabe hallar en ella, porque las contiene, el grueso de las novelas publicadas y la mayor parte de las que se vayan a publicar.

Te agradezco mucho que nos hayas hecho la confidencia de la buena nueva (¡cuántos bienes nos suelen reportar las tales!). Como has vuelto a comprobar, la esperanza merece que se la rime con alabanza.

Te recomiendo que veas, si puedes, “El tormento y el éxtasis”; igual te haces a la idea de que eres el redivivo Miguel Ángel, encargado de pintar la techumbre abovedada de la capilla Sixtina (eso, sí, sin tener que escuchar cómo Julio II te pregunta, un día sí y otro también, cuándo la vas a acabar).

Te saluda (y hace votos para que mejore tu doña), aprecia, agradece y abraza

Ángel Sáez García
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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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