EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCXLII)
Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:
Como dice en “El lobo estepario” Hermann Hesse, “el hombre no es de ninguna manera un ser firme y duradero, es más bien un ensayo y una transición, no es otra cosa sino el puente estrecho y peligroso entre la naturaleza y el espíritu. Hacia el espíritu, hacia Dios, lo impulsa la determinación más íntima; hacia la naturaleza en retorno a la madre, lo atrae el más íntimo deseo: entre ambos poderes vacila su vida temblando de miedo”.
Celebro las lágrimas de humor con las que has asperjado el segundo de los párrafos de tu comentario, que te ha llevado a ser creativo (y hasta reactivo, un posible anagrama suyo).
Recuerdo un chiste de Gila (un ejemplo de hasta dónde puede llegar la atrabilis, el humor atrabiliario o negro) que cuenta una anécdota macabra, parecida a la que narras, a lo recientemente sucedido.
Hombre, no… y sí. Fraga llevaba puesto (me consta) un traje de baño (de los de entonces). Ahora bien, similar a alguno de los gayumbos actuales, sí.
Y, aunque al revés, sigo con la dinámica del precedente. Abundo y disiento de lo que dices en el último de los parágrafos de tu escolio. Si hacemos caso a la definición que de “vivales” da el DRAE, “persona vividora y desaprensiva”, creo que tengo más de lo primero que de lo segundo, quiero decir, que soy más “laborioso, económico y busco modos de vivir”, que “falto de aprensión, miramiento o reglas”.
Pues te contradigo o refuto, porque más de una mácula o matiz negativo debo tener (y tengo, seguro), como cualquier hijo de vecino, claro. Como ser humano que soy, me equivoco; quisiera no hacerlo, pero cometo errores todos los días, por esto, por eso y/o por aquello. De todos aquellos que he tenido con personas, nada más tener conocimiento de los mismos, haya mediado reflexión propia o reprensión ajena, procuro disculparme o pedir perdón sin demora. Todos los yerros que puedo corregir los enmiendo lo antes que puedo, a la mayor brevedad posible.
Detrás de las gafas que llevas y llevo puestas cabe hallar a unos ignorantes, tú y yo. Abundo en la misma idea o parecer que se le adjudica a Albert Einstein: “Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas”. Lo que sabemos son apenas unas gotas de agua. Lo que desconocemos es el océano.
Lo que has escrito es casi, casi, una apología de quien te debe mucho y te lo agradece de la manera que sabe, ora diciéndotelo, ora escribiéndotelo.
Supongo que has querido decir que Santo Tomás de Aquino es el más grande de los exégetas que tuvo el estagirita, o sea, Aristóteles. Yo, al menos, así lo he entendido.
Coincido, básicamente, en lo que opinas en torno al ejercicio de la justicia y el derecho en la piel de toro puesta a secar, pero el fundamento de la décima que comentas se halla en un paréntesis: “(en Cataluña son ellos los únicos que no van a ser independientes)”, que Fernando Savater urdió e incluyó en el artículo que tituló “Cambios” y que apareció publicado el sábado pasado, 17 de octubre de 2015, en la última página, la 52, o contraportada, de El País, en clara referencia a las coacciones que se habían organizado en Catalunya contra los jueces.
A mí ya sabes que me gusta un montón recordar el clásico criterio de Ulpiano: “Iuris praecepta haec sunt: honeste vivere, alterum non laedere suum cuique tribuere” (“Estos son los principios del derecho: vivir honestamente, no molestar al otro y dar a cada uno lo suyo”).
Te saluda, aprecia, agradece y abraza
Ángel Sáez García
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