El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCXLV)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCXLV)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

A menos que quieras tomarme el pelo (porque otras veces —no lo niegues— lo has intentado), ignoro en qué te basas para hacerme esa corrección (“fornerino” y no “forneriano”). Qué autores o autoridades puedes aducir o mencionar que apoyen, confirmen o ratifiquen tu aseveración o tesis. He sospechado que, tal vez, has consultado la edición vigesimotercera del DRAE, la del Tricentenario (a la que en el ordenador del Centro Cívico “Lourdes” que ahora uso, por razones que desconozco, no puedo acceder), y ese sea, acaso, el adjetivo admitido. Lo que a mí me consta, al menos, es que todos los autores que he leído, todos, ellas y ellos, sin excepción, usan el adjetivo utilizado por mí: forneriana/o/s.

Así, la doctora Marta Cristina Carbonell inicia su estudio sobre las “Exequias” de esta guisa: “En 1871, Leopoldo Augusto de Cueto editaba por vez primera, en el tomo LXIII de la Biblioteca de Autores Españoles, las “Exequias de la Lengua Castellana”, ‘escrito singular’ con el que cerraba la antología de textos fornerianos integrantes de su compilación de Poetas líricos del siglo XVIII,…”. Emilio Martínez Mata y Jesús Pérez Magallón, en su introducción a “Los literatos en Cuaresma”, de Tomás de Iriarte, escriben: “El mismo año sale otro folleto forneriano: ‘El asno erudito, fábula original‘ (1782)”. Russell P. Sebold en “El rapto de la mente: poética y poesía dieciochescas” escribe “un autor goza del Nihil obstat forneriano” y “referencias fornerianas”. Otros autores (Francisco Sánchez Blanco, José Manuel Nieto Soria,…) echan mano del mismo adjetivo: “forneriano/a/s”. Así que,… ya me dirás dónde adquiriste la tijeras para pelarme.

Después de leer mucho por mi cuenta y riesgo sobre Juan Pablo Forner (no fue un autor que estudiamos durante la carrera), llegué a la conclusión de que dilapidó mucho de su preciado ingenio y de su precioso tiempo en discusiones bizantinas.

No sé si Forner murió violentamente, pero sí que eso significa, precisamente, el vocablo “interfecto”.

Retomo la discusión bizantina que manteníamos ayer, aduciendo que, si hacemos caso al DRAE, concretamente, a la edición vigesimotercera, la del Tricentenario (si hago referencia a la misma es que ya me hallo, como habrás colegido, en la biblioteca pública de Tudela, donde puedo acceder a ella desde uno de sus ordenadores), cuya autoridad no debemos desechar o despreciar, no recoge ninguno de los dos vocablos (ni “forneriano”, ni “fornerino”), sí admite galdosiano, con las significaciones que todos intuimos, y, asimismo, ha añadido a “interfecto” la segunda acepción que apuntas, “persona de la que se está hablando” (con la particularidad que de aquí, seguramente, para completar o complementar la entrada anterior —dado el supuesto repelús que debe inspirar hablar de un fiambre—, se apunta que se usa más en sentido festivo).

Te agradezco sobremanera las gotas de humor con las que has rociado la supuesta muerte violenta que sufrió Forner. Y más, si cabe, que sí, que cabe, tras haber padecido esta mañana dos bajones anímicos seguidos de los correspondientes derramamientos (y/o desbordamientos), que no miento, de los preceptivos ríos de lágrimas.

Para completar y/o complementar tu argumento, como las discusiones bizantinas (si hacemos caso al DRAE, que yo, como sabes, se lo hago) son aquellas en las que interviene casi, casi, el título de una obra de Baltasar Gracián, la agudeza y el arte del ingenio, seguiremos sin desecharlas o despreciarlas.

Te saluda, aprecia, agradece y abraza

Ángel Sáez García
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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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