EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCLVIII)
Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:
Ayer, sábado, mi dilecto amigo Luis y yo acudimos a la tudelana y bien acondicionada (no pasamos frío, a pesar de que estuvimos sentados cerca de la puerta de entrada) cervecería Zúrich a consumir la cena que, generosamente, mi hermano Jesús María, “el Chichas”, me había cedido (antes había hecho lo propio servidor), tras haberla ganado a medias (quedamos finalistas del tornero de mus rápido organizado por la peña “La Teba”).
Ya sabes, para gustos se hicieron los colores, los sabores. Compartimos la ensalada ilustrada (mientras le recordaba unas líneas del capítulo XLIII de la segunda parte de “Don Quijote”, aquellas en las que Alonso Quijano le aconseja a su fiel Sancho Panza: “Come poco y cena más poco, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago. Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra”). Él, que es ovolactovegetariano, pidió un sándwich vegetal y yo, que soy omnívoro, un bocadillo de calamar bravo, que me supo a gloria bendita.
Nos atendieron rápida y correctamente, así que puse al camarero que nos tomó nota y nos sirvió un 7, 5, un notable, por el servicio. Se le hizo escasa la calificación, pero le comenté una razón que acaso no entendió (o no atendió).
La vocación de servicio ha devenido en vicio (en numerosos casos), puro y duro.
Encendí la tele cuando los contendientes mostraban su acuerdo en lo tocante al asunto, que es una lacra, de la violencia machista.
Aunque no estés totalmente de acuerdo con Hipócrates, él sostuvo lo que pocos objetan, que “la vida es breve; el arte, largo; la ocasión, fugaz; la experiencia, engañosa; el juicio, difícil”. Como considero que me quedan pocos años para leer todo lo que considero precipuo, a mí me ocurre, cada vez con más frecuencia, tres cuartos de lo que le acaeciera y reflexionara y dijera (con más o menos dosis de ironía o sarcasmo) Julius, “Groucho”, Marx: “Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro”. ¡Y es que son tantos los libros que esperan ser acariciados y/o sostenidos por los dedos de mis manos!
Ya sabes que, por mucho que insistas, no voy a entrar al trapo. No soy escritor de encargos (salvo los que, aunque puedan ser tenidos por tales, me nacen involuntaria y/o naturalmente).
El camarero que nos atendió discrepó de mi calificación. Es una variante de la mera disensión que se da a diario en los diversos ámbitos educativos. ¿Qué estudiante no ha protestado alguna vez ante la nota (supuestamente injusta) que le ha puesto el profesor o catedrático de turno?
Pues mañana, precisamente, tengo que subir al citado recinto hospitalario, el HRS, donde la doctora Laiglesia, especialista en el aparato digestivo, me hará una prueba.
Puedes estar seguro de que Otramotro te está muy agradecido. Sin tu implicación, las epístolas que te dirige no serían las que ya son, más de dos centenares y medio. Más de media centena aún no han visto la luz en su versión definitiva.
Pues amén, que sea así, como deseas. No pongo objeción.
Te saluda, aprecia, agradece y abraza
Ángel Sáez García
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