¿POR QUÉ LLEVAR UN TENTEMPIÉ AL TRABAJO?
Si una/o es periodista, conviene llevar un tentempié al trabajo para que no te pase lo que a Leonor Mayor Ortega. Acabo de leer en la edición digital de La Vanguardia la escueta crónica que lleva el título de “El PDeCAT exhibe un de ‘The Economist’ de 2012 como si fuera del 1-O”, que firma la autora mencionada arriba. No sé a quién achacar o adjudicar la “de” sobrante del citado rótulo (aunque acaso lo que falte sea el vocablo “ejemplar”), si a la redactora de la nueva, que puso dicho título, o a otra/o periodista.
La noticia consta de tan solo dos párrafos, pero, una de dos, o Leonor tenía mucha prisa (y ya se sabe qué aconseja o recomienda con especial encarecimiento la sabiduría popular cuando a una/o le urge hacer algo, echar mano de la paremia oportuna, “vísteme despacio, que tengo prisa”) o, por no haberse llevado al trabajo un tentempié y sentir hambre, empezó a comerse letras (o a dejar de pulsar alguna tecla preceptiva). En el breve artículo, por ejemplo, Leonor escribió y no corrigió: Bronca en el Congreso (mejor: Hoy ha habido una bronca en el Congreso), ministro de Interior (mejor: del Interior), de la bacada popular (de la bancada), Guillames ha presentado (Guillaumes), españa estaba (se le olvidó pulsar la tecla de la mayúscula: España).
En el supuesto de que Leonor lea estas líneas, espero (lo mismo que deseo) que no se moleste conmigo por que me hayan llamado la atención sus yerros (errare humanum est, se hartaron de escribir los romanos), me haya fijado en ellos y se los haya señalado, porque ayer le/s tocó a otra/o/s marrar de manera clamorosa, hoy le ha tocado a ella (y al diputado Guillaumes, que no ha estado a la altura de las circunstancias, no) y mañana, seguramente, me tocará a mí.
Ángel Sáez García
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