El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Manda a quienes amaste ene señales

MANDA A QUIENES AMASTE ENE SEÑALES

A quien ha superado con creces el ecuador de su existencia y ha aprendido a ejercer a diario el músculo (es un decir) de la memoria, le constan, por haberlas/os padecido varias veces a lo largo de su vida y con toda su crudeza, las cruces o los rigores de este, si no igual, coincidente (en variopintos aspectos) episodio: las urgencias que el día a día nos impone, que debemos coronar sin falta, pues carecemos de plazo hábil para procrastinarlas, nos agotan y el tiempo se nos escapa, como el agua que mana a chorro de una fuente natural, por los bordes de ese metafórico cuenco que hemos conseguido formar con los dedos unidos de ambas manos, metamorfoseando el presente en una cárcel de la que es meramente imposible evadirse.

Puede que, salvo en la primera edad, de tanteo en tantos ámbitos o terrenos del saber, en el resto de las edades la clave del triunfo en el amor, en la amistad y en la creatividad se deba a una misma razón de peso y estribe en la asunción decente y el respeto omnímodo de los defectos de uno mismo y de sus obras y la tolerancia de las imperfecciones de los demás (hembras o varones) y de las suyas (de ellos). Ignoro si a usted, lector (ella o él), le ha ocurrido tres cuartos de lo mismo que al abajo firmante, servidor. Cuando, por fin, conseguí asumir que lo perfecto (a simple vista) o no existía o estaba lleno de errores fácilmente enmendables, logré disfrutar a tope de las muchas emociones y sensaciones benefactoras, de los plurales pensamientos y sentimientos salutíferos que incluyen o rodean a las diferentes caras (o diversas manifestaciones) de los poliédricos amor y arte.

Un problema de salud, verbigracia, no debería suponer para nadie (para mí, por ejemplo, lo reconozco aquí y ahora sin ambages, ser otrora ileostomizado lo supuso, pero en buena hora lo superé) una barrera, muro o rémora insalvable para ser dichoso y, al mismo tiempo, hacer felices al resto, las personas más allegadas o cercanas, de mi entorno, y las más alejadas, desconocidas o no.

Hay quien, tras constatar que es desdichado, en lugar de dedicarse a intentar averiguar las causas de su mal para, así, habiéndolas hallado, ponerle pronto remedio y volver a ser feliz, dilapida su tiempo y esfuerzos en identificar a otras/os con los mismos problemas, para acabar conformándose con un sucedáneo errático, el consuelo insensato que suele acarrear y esgrimir tanto damnificado estúpido (hembra o varón).

Hazme caso; y manda a quienes amaste (aún quedarán rescoldos de dicho amor, si este fue veraz y dichoso) y todavía amas (los rayos solares que, en determinadas condiciones, perjudican, también benefician en otras) ene señales, si eso te llena de dicha. Busca tu armonía y paz interior; júntalas, si te apetece, con tus deseos, ilusiones y sueños y lograrás conformar una alianza, combinación, equipo o mosaico inmarchitable o, en su defecto, confeccionar un tejido o una urdidura (o “urdiblanda”) ideal.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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