El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Escritor que no es libre no es autor

ESCRITOR QUE NO ES LIBRE NO ES AUTOR

Dilecta Pilar:

Dudo (un día llegué a pensar que dudar era, entre otras, una clara diferencia que cabía advertir entre el hombre, animal racional, y el resto de los animales irracionales, pero luego he estado atento al comportamiento de varios perros, que la han abatido o echado abajo) de que las personas seamos verdaderamente libres (son tan variopintas las condiciones o los condicionantes que nos influyen que sospecho que en muchas ocasiones nos determinan, sin mediar meditación o reflexión al respecto; tanto que, a veces, tengo la sensación refractaria de que nos vemos abocados a hacer lo que decidimos llevar a cabo y/o decimos que vamos a hacer). Pero lo que sí me consta, sin hesitación, es que un escritor que no se siente libre no es autor.

Si es como dices, miel sobre hojuelas.

Espero, deseo y confío que transcurriera estupendamente tu “finde”.

Puede que no lo seamos del todo, pero, escribiendo, acaso te sientas como me siento, libérrimo.

Celebro que así fuera. Ya sabes que, con don Lorenzo (aunque se esté en Teruel, en vez de en Huesca), hay que tener mucho cuidado (pues, en ciertas circunstancias, beneficia y, en otras, perjudica). Olvidaste uno de los preceptos de Delfos: Nada en demasía; al que Aristóteles le dio su propia impronta al formular su recomendación ética así: “en el término medio está la virtud”.

A descansar, entonces.

Insisto en el mismo argumento de arriba. Te consta que el estrés, como don Lorenzo, el sol, fuente de vitamina D, es bueno, en sus dosis adecuadas.

Te recomiendo que no quieras ser como Ícaro, el hijo de Dédalo, el arquitecto (y quien dio nombre a su construcción, el dédalo —por cierto, en más de un texto que porta mi firma he formulado la tesis de que un hombre, hembra o varón, no es lo que piensa, ni es lo que dice, pero sí es lo que hace, en el caso de Dédalo, su inmortal dédalo; espero que baste para muestra con este botón—) del laberinto de Creta. Al subir más alto de lo debido, el hilo y la cera con las que su padre había entretejido las alas que para ambos había fabricado a fin de poder escapar de su obra, no aguantaron ante la pujanza de los rayos solares. Ya te consta cuál fue su trágico final. Ni como Prometeo, que robó el fuego a los dioses y se lo entregó a los hombres. Su final, preso en el Cáucaso, donde un águila le comía el hígado (única víscera humana que tiene la capacidad de regenerarse) durante el día, pero volvía a crecerle durante la noche, guarda concomitancias con el mito de Sísifo.

Otro (de tu amigo Otramotro).

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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