El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

¿Que no es la paridad una parida?

¿QUE NO ES LA PARIDAD UNA PARIDA?

He discurrido varias veces, en diversos sitios, oralmente y por escrito, en torno a la paridad. Si no en todas, en la inmensa mayoría de las ocasiones que eso ha acaecido, he arrancado o concluido mi discurso con la misma sentencia, que la paridad (entre hembras y machos en todo) es una estupidez mayúscula, una parida supina. Al parecer, no siempre he sabido argumentar con solvencia mi tesis, pues han sido varias las amigas o familiares que, en la primera oportunidad que han dispuesto, la han aprovechado para preguntarme con más detalle al respecto. Ergo, reconozco que me he visto impelido por ellas a echar mano hoy, en este texto, de mis conocimientos de oratoria y retórica para ver si razono más convincentemente que antaño y consigo persuadir a las que no lo fueron otrora.

Imaginemos la sala más amplia del auditorio de una ciudad, capital de provincia, repleta de congresistas (ellas y ellos) o público. El resultado de dicho congreso (sobre el asunto que sea) ¿será peor por esta causa o razón concreta, que los miembros (féminas y varones) del comité organizador tuvieron la certera idea de invitar, de entre los ponentes disponibles (ellas y ellos), a los mejores (o sea, que primaron la calidad de los mismos y orillaron el pormenor de su sexo)? Sinceramente, no lo creo. Es más; estoy seguro de que los asistentes (mujeres y hombres) aplaudirían a un ponente (hembra o macho), el que fuera, siempre que el tal hubiera estado en su exposición de cine; y todavía más si su contribución hubiera sido reputada por ellos excelente. Otro tanto ocurriría con los miembros de las mesas redondas. Si el abajo firmante hubiera participado en dicha hipotética reunión, siguiendo la estela o el rastro de Horacio, hubiera aplaudido a rabiar al ponente que hubiera estado en su disertación, según su personal parecer o individual criterio, más útil y más dulce, más instructivo y más divertido.

Las mujeres, la mitad de la humanidad, por culpa de pésimas costumbres, inveterados modos de vida y prejuicios, variopintas facetas de un mismo poliedro, el machismo, han sido (y aún siguen siendo) víctimas de mil y un atropellos. Así que todas las personas, sin hacer distinción de sexo, todas, debemos contribuir a remediar tan indignante injusticia como evidente desigualdad, promoviendo la isonomía de facto, o sea, corrigiendo, sobre todo, la discriminación irritante de que iguales puestos de trabajo tengan, por ser desempeñados estos por hembras o por varones, desiguales sueldos.

A las feministas más fanáticas, que suelen ser las que parece que tienen agarrada a la boca y exigen esa parida de la paridad en todo, me atrevo a recordarles lo que acaso ignoran y convendría que supieran, que esa propuesta resta y, además, puede ser contraproducente, al volverse, inopinadamente, en su contra, esto es, que cabe hallar un obús escondido o un torpedo oculto en la reivindicación asidua que hacen, proyectil al que (aunque no soy mujer, también barrunto o intuyo) le encanta comportarse, desplazarse o proceder como un bumerán.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

Recibe nuestras noticias en tu correo

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

Lo más leído