El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

¿Isis? ¡Agradecida y generosa!

¿ISIS? ¡AGRADECIDA Y GENEROSA!

Ayer soñé que el difunto “Tisme” (ese es el mote o sobrenombre que puse a uno de mis amigos, colegas, condiscípulos y/o émulos, un A. S., si tomamos en consideración las letras iniciales de sus apellidos, durante mi etapa camiliana —llamo de esa guisa a los siete años de mi fértil educación o formación entre los inolvidables religiosos camilos, entre los que brillaron con luz propia dos guías o segundos padres, los tantas veces mentados por mí, pues de bien nacido es ser agradecido, Pedro María Piérola García, tristemente finado, y Jesús Arteaga Romero, felizmente vivo—, poco amigo de chismes y rumores) me preguntaba por qué había elegido a Isis, recientemente, como mi nueva y buena (por diuturna) musa. Tras meditar durante unos pocos minutos, le contesté que no tenía la sensación de haberla escogido, verbigracia, de entre una terna propuesta o de entre las diversas varillas de un abanico abierto, sino, más bien, la impresión refractaria de haberla hallado sin haberla buscado. Mucha gente (mi dilecto amigo Pío, sobre todo, últimamente, ya que, desde que encontró a su amada Diana —está viviendo en la misma gloria— lo hace cada sábado, por la tarde, cuando quedamos en la Plaza de los Fueros o Nueva para “zuritear” por los bares del Casco Viejo tudelano, animarme para ver si doy pronto con mi media naranja —es una manera de expresarse; prefiero pareja—, a fin de hacer estupendo zumo) me interroga sobre si considero que  invierto el tiempo necesario en el ámbito del amor, pues a varios (ellas y ellos) les consta que en el de la creación literaria sí que demuestro que echo horas.

Con Isis me ha pasado tres cuartos de lo mismo que me ocurrió antes con otras dos musas. Basta que uno busque (en el bosque) para que no halle; y basta que uno no indague para que se dé de bruces con su musa.

Acaso haya contribuido a aclararme las cosas, a cerciorarme, a ciencia cierta, de que ella era la fuente de mi estro o inspiración, por ser básicamente, según mis deducciones (confío en que hayan sido certeras), un calco mío, esto es, por nuestra extraordinaria y llamativa compatibilidad de caracteres.

Fueron suficientes las escasas horas de atenta conversación que mantuvimos durante dos mañanas, que tal vez no llegaran a sumar doscientos minutos, para confirmar o ratificar lo obvio, que a Isis la adornaban dos dones con forma de cornucopia; que era agradecida (y sabía ponderar el esfuerzo intelectual ajeno) y generosa (fui sumando episodios y logré conformar con los variopintos y testados gestos de su evidente liberalidad un rosario completo).

Qué acertado estuvo Rudyard Kipling cuando adujo que “la intuición de una mujer es más precisa que la certeza de un hombre”. Tengo para mí que Isis se dio cuenta de que yo era el autor que ella aguardaba que apareciera en su vida sin nociva desesperanza, al mismo tiempo que yo reparé en que ella era la musa que Dios, Natura(leza) o el azar había puesto en mi camino para que me topara con ella, tapara mis rendijas y yo taponara sus agujeros, o viceversa.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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