MISIVA A ISIS, MI MUSA TINERFEÑA (15)
Dilecta Isis:
Lamento el retraso (más de dos días, en responderte), pero ya sabes que no tengo ordenador ni acceso a Internet.
Celebro que estés bien. No tiro cohetes, porque no los tengo a mano y no voy a ir a comprarlos; prefiero dedicar el tiempo que iba a invertir en dicho menester en contestar tus líneas, que siempre me alegran (no te puedes hacer una idea exacta de cuánto) el día que las leo (y los siguientes, si no hay nuevas que propicien que renueve, por tu causa, mi contento); y, como ya no fumo, no porto mechero para encender sus mechas (no me refiero a las de tu pelo, si es que te las pones, que nunca te las he visto, en tu coleta negra, nigérrima, preciosa), las de los cohetes.
Me ha llamado la atención ese palabro que usas, un acierto, “agustividad”, actividad que se realiza a y con gusto, que es la que ahora mismo me agradaría coronar (y, en una pequeña parte, la llevo a cabo mientras te respondo) contigo.
Eres, Isis, un rosario de sorpresas, pues engarzas una tras otra sin mostrar aparente esfuerzo por tu parte. Lees a quien/es no he leído y escuchas la música que nunca he disfrutado (o, si la he escuchado antes con placer, no sabía quién era su autor/a). Son tantas las veces que he llegado a pensar que me complementas o completas estupendamente, que me lo he llegado a creer a pies juntillas. Todos (tú y yo, también) somos bibliotecas itinerantes (y más si a los libros que hemos leído les hemos intentado extraer todo el jugo que portaban; aunque a los clásicos nunca se les termine de interpretar del todo y por eso sean lo que son, clásicos). No sabía que hubieras sido zíngara en una vida anterior. ¿Me parece admirable y/o sorprendente? Pues sí. Así que nada nuevo hallo tras tu sombra.
No sé si, por tu culpa, ya no soy tan ateo, porque he dado gracias a Dios en algún soneto por haberme brindado la oportunidad de conocerte y apreciar, poco a poco, el sinfín de las alhajas que atesoras.
Cierto; las notas y canciones que crearon unos músicos (ellas y ellos) tienen (como lo propio ocurre con otros artistas en sus respectivas actividades) la capacidad de emocionarnos y hacernos felices. Eso es lo que consiguió, emocionarme y hacerme dichoso, tu persona(lidad) arrolladora.
Las relaciones humanas son simples, sencillas, complejas o afables porque nosotros las hacemos así. Sobrelleva a todos y todo de la mejor manera. Yo suele seguir este principio categórico: Si tiene solución, por qué te quejas; si no la tiene, por qué te quejas. Me gusta un montón que (te) apoyes y te lleves bien con Arbeitz.
Lamento sobremanera la prematura y triste pérdida de tu padre. Mi hermano José Javier, mi único mecenas, murió con 18, hace 41 años, pero lo recuerdo a menudo. “El espíritu de los muertos sobrevive en la memoria de los vivos” se escucha al final de ese filme redondo que es “La misión”.
Ya queda menos para volver a abrazarte, si me concedes de nuevo ese privilegio. Te mando ósculos para tu retoño.
Sigue prendado de tu persona(lidad) arrolladora quien es fiel y leal con las mujeres que lo mejoran,
Ángel Sáez García