El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Dualista ha devenido lo binario

DUALISTA HA DEVENIDO LO BINARIO

Laetitia est hominis transitio a minore ad maiorem perfectionem” (“La alegría es el paso del hombre de una menor a una mayor perfección”).

Baruch Spinoza

Puede que en esta vida yo haya tenido mucha suerte (buena y mala; lo normal para quienes sean seguidores del maniqueísmo, creencia que tiende a reducir la realidad, todo lo que acaece, a una oposición radical, diuturna, de dos esencias o principios distintos, distantes y contrarios). Como hoy me he levantado eufórico, con el pie derecho, me he propuesto referir un hecho de mi existencia de incuestionable, innegable y ubérrima fortuna.

En el colegio (seminario menor; hoy su edificio principal ha devenido un hotel, “San Camilo”) que otrora regentaron los religiosos Camilos, durante los tres años, de Sexto a Octavo de Educación General Básica, EGB, que cursé allí, tuve unos estupendos profesores (salvo que uno sea un desagradecido redomado o padezca los síntomas de la enfermedad que describió el médico teutón Alois Alzheimer, difícilmente puede olvidarse del encomiable trabajo que llevaron a cabo con nosotros, desasnándonos, Jesús Arteaga Romero, “Chema” López, Salvador Pellicer, Pedro María Piérola García, Daniel Puerto, Ezequiel Julio Sánchez, etc.) y unos excelentes amigos, compañeros y émulos. Los primeros nos motivaron con una amplia panoplia de ánimos, ardides, estrategias y demás herramientas educativas, a fin de despertar nuestros adormecidos dones o talentos y a maximizar hasta sacarles el máximo provecho a nuestras capacidades; es decir, para que mejoráramos nuestros registros en todos los ámbitos, tanto en el plano académico como en el deportivo, tanto en lo individual o personal como en lo colectivo o social (acampadas, repasando y recogiendo los racimos de uva que habían quedado en las vides tras la vendimia y los almendrucos en las ramas de los almendros y en el suelo, echando una mano en labores harto laboriosas y poco agradables —verbigracia, retirar el fiemo de una granja avícola para abonar los campos—, caminatas a Sotés, Nájera y Clavijo; actuar en obras de teatro, participar en la redacción y confección de la revistilla, eliminatorias del concurso sobre la vida del Gigante, san Camilo de Lelis, etc.). Lo propio o tres cuartos de lo mismo cabe aducir de los segundos (José Luis Álvarez Santaolalla, Jesús Manuel Arellano, Miguel Ángel Arroyo, Jesús Barragán, José Carlos Bermejo, José Miguel Carceller, José Carlos Gómez, Cándido Ortega, José Luis Pérez de Diego, Indalecio Prieto, Juan Antonio Romera y los hermanos Yagüe Oliveros, Yagüe, el de San Leonardo de tal, etc., que fueron algunos de mis compañeros de los tres cursos). A todos ellos les he reservado una hornacina para colocar su imagen en ese retablo mayor que semeja mi memoria. Unos y otros no fueron padres ni hermanos míos de sangre, pero en Navarrete ejercieron, de manera admirable, como inmejorables sustitutos de los tales, los reales.

Varias veces Pío Fraguas (junto con él, su pareja, Diana, y su amigo, Pacho, que, paulatinamente, va siendo también mío, formo mi burbuja habitual, pues nos juntamos los cuatro en su casa los sábados, durante un par de horas, para cenar y darle a la mui o sinhueso), un año más joven, que también estudió en Navarrete, me ha comentado que tenemos que desplazarnos algún día a dicha población riojana, que dista once kilómetros de Logroño, donde fuimos tan dichosos.

Entonces, mientras estudiábamos allí, a pesar de lo que había dicho y dejado escrito en letras de molde, varios siglos antes, Spinoza, que “Dios no tiene derecha ni izquierda”, para nosotros la derecha (mano o pierna) era la diestra y la izquierda (ídem) la zurda. Transcurridos cuarenta y tantos años de aquello, lo binario ha devenido dualista, digno de duelistas; pues, de aquel tiempo a esta parte, al menos, uno, servidor (ruego encarecidamente que, si a alguien le brota o nace, de manera natural, el deseo irrefrenable e irreprimible de concederme un galardón y/o entregarme una flor por la supuesta originalidad que acarrea, proceda a abortarlo de raíz y acallarlo de inmediato, porque me apuesto doble contra sencillo a que la idea que me dispongo a trenzar o verter a continuación ya la adujo antes otra persona —¿el padre Puerto, en medio de un sueño?— con semejantes y aun idénticas palabras), ha observado y constatado que, por mero hábito, o por cualesquiera otros motivos o razones, sigue estando vigente el mismo modelo o patrón y con las mismas ganas de perdurar: a la derecha (las ideas y los comportamientos de la gente que cojea de esa pierna o pie, ser de derechas, se las/os identifica, según los criterios que han diseminado por doquier los mass media, la opinión pública y la publicada, sin detenerse a hacer las oportunas y convenientes matizaciones), por lo general, se la suele valorar por el peor de los resultados obtenidos o cosechados; y a la izquierda, en cambio, se la tiende a enjuiciar por el mejor de sus propósitos. Y, de esa guisa, la segunda siempre sale ganando, esto es, si no con una victoria aplastante, al menos, airosa, tras coronar la cabal comparación, el justo cotejo.

Si el atento y desocupado lector (sea ella o él) considera, como eso juzgo, que el epígrafe de Spinoza, que puede que deba al padre Puerto, magnífico profesor de Latín, y he escogido para que apareciera bajo el rótulo elegido, acarrea y encierra una verdad apodíctica, incondicionalmente cierta y necesariamente válida, es lógico colegir que el más agravado o peor estado de tristeza, la depresión, es el pesado paso de una persona de una mayor a una menor, casi insignificante, perfección.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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