SI NO SALVAS A TODAS/OS TE CONDENAS
Ignoro (aprovecho la ocasión, pintiparada, para reconocer lo obvio, que soy un alto, ancho y largo ignorante, voz que no contiene un denuesto o injuria, no, sino una certeza o constatación irrefutable) si Fulana/o de Tal (el atento y desocupado lector, sea ella o él, acertará de lleno en el blanco o centro de la diana, seguramente, si consigue mudar la gracia de pila de la susodicha persona indeterminada por los apropiados nombre y primer apellido concretos, pertinentes) es proclive o reacia/o a escuchar y seguir criterios ajenos (más o menos anejos), pero para mi amigo del alma y heterónimo Emilio González, “Metomentodo”, es la segunda opción del dilema la que unas veces (¿la mitad?) infiere y otras (¿la otra mitad?) le parece.
Está claro, cristalino, que las democráticas urnas hicieron destacar o sobresalir a su formación política de las otras que se presentaron a las últimas elecciones. Ahora bien, cabe hacer/se la siguiente pregunta: ¿cree que puede ganar en prudencia a todos los demás representantes con escaño en la Cámara o Parlamento por separado y aun juntos? No es lo normal u ordinario que una sola persona acapare o reciba el grueso de los dones en el supuesto reparto que antaño hizo, ora la divinidad, ora la naturaleza. Lo acostumbrado es que a un ser humano el azar le conceda una virtud (o dos —es verdad inconcusa lo que predica este adagio: quien mucho abarca poco aprieta—, como sumo —voz que aquí no debe tomarse como verbo, pues suelo detestar y huir tanto de la arrogancia ajena como de la presunción propia, sino como locución adverbial—) y a otro otra/s; que una persona brille en un ámbito, arte o disciplina y otra en otro/a/s. Verbigracia, dependiendo de las circunstancias, si un mandatario (hembra o varón) está a la altura de las mismas y, previamente, al tal se le otorgó otrora la facultad o habilidad del manejo perito de la prudencia, puede que este (ella o él) le saque a la susodicha todo el jugo y muchos conciudadanos se aprovechen o beneficien de sus decisiones (plenas y aun hartas de cautelosa perspicacia) y salven, como ella/él, la vida.
Como durante el otoño, que ya va más que mediado, he estado releyendo, además de otras obras, la “Ilíada”, de Homero, me atrevo a recomendarle a Fulana/o de Tal que lea (por si le sirven; acaso la primera vez que hizo tal cosa no le fueron útiles) las oportunas y relevantes palabras que el anciano Néstor Nelida le dice a Agamenón en el canto IX de la citada epopeya: “—(…) Debes, pues, exponer tu opinión y escuchar la de todos, y aun seguir la de aquel que obedezca al impulso de su ánimo y algo bueno proponga, que a ti ejecutar te corresponde”. Y es que, como tantas veces se cumple, me agrada recordar, cuando conviene, ese apreciado pensamiento imperecedero de Ortega y Gasset que dice así: “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”.
Ángel Sáez García