El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Una reacción tiene toda acción (I)

UNA REACCIÓN TIENE TODA ACCIÓN (I)

Ayer volví a disfrutar un montón viendo y escuchando por enésima vez la película “Horizontes de grandeza” (“The Big Country”), dirigida por William Wyler en 1958 y protagonizada en sus principales papeles por Gregory Peck, coproductor, que interpreta el personaje de James, Jim, McKay; Jean Simmons, que hace de la maestra Julia Maragón, dueña del rancho Valverde; Carroll Baker, Patricia, Pat, Terrill, prometida de Jim; Charlton Heston, Steve Leech, capataz del rancho Ladder; Burl Ives (que, por cierto, ganó por interpretar magníficamente dicho papel, además de un Globo de Oro, el Oscar a mejor actor de reparto), Rufus Hannassey, jefe y padre del clan de los tales; Charles Bickford, el Mayor Henry Terrill; Chuck Connors, Buck Hannassey; y Alfonso Bedoya, Ramón.

La trama de dicho filme se puede contar, a grandes rasgos, sin olvidar ninguno de sus detalles principales, en menos de tres folios. Probemos a ver si eso es un prejuicio o una verdad pura y dura, constatable.

El excapitán de navío y dueño de una flota de barcos James, Jim, McKay viaja desde el Este, Baltimore, y llega en diligencia al pueblo tejano de San Rafael para casarse con su prometida Patricia, Pat, en el elegante y enorme rancho Ladder, propiedad de su padre, Henry Terrill, a quien todos llaman “Mayor”. Va a recogerlo a la parada con un coche tirado por dos caballos el capataz de dicho rancho, Steve Leech (que, ruego que el atento y desocupado lector, ya sea ella, ya él, me perdone la digresión que sigue y la gracia que contiene: en el clímax quizás de la acción dramática, el duelo a puñetazos que acepta y libra al amanecer con McKay, mediada la película, da tan buenas leches como encaja las que recibe de McKay), mientras (¿haciéndole un feo?), su prometida Pat Terrill le espera en casa de su amiga, la maestra del lugar, Julia Maragón. Después de compartir un momento de intimidad, abrazos y besos, con Pat  en el hogar de Julia, mientras esta está ausente, salen en el coche mencionado en dirección del rancho Ladder. En el camino son molestados por Buck y sus hermanos, hijos de Rufus Hannassey, enemigo a ultranza del Mayor. McKay (se) toma el abordaje y el acoso sufrido por él y Pat y las risas de las que han sido objeto por parte del primogénito de Rufus y sus deudos como una novatada, sin dar una sola muestra de enojo, sin enfadarse.

A la mañana siguiente del incidente, visto como un deshonroso recibimiento por todos “los de la casa” Ladder, menos por el que debería sentirse ofendido, McKay, el capataz Steve Leech, que no ve con buenos ni limpios ojos (cabe hallar en ellos arena, tierra, y tirria) el próximo matrimonio de Jim con Pat, intenta que McKay monte en un corcel aún sin domeñar, llamado “Trueno”, con el propósito ruin de avergonzarlo todavía más ante los escrutadores ojos de los otros trabajadores del rancho. McKay declina ese malévolo ofrecimiento y lo pospone o procrastina para “otro momento” (como así sucederá poco después, pero solo será espectador del hecho un peón de confianza, Ramón). Mientras está desayunando con el Mayor (aún no se ha levantado Pat, que no madruga, le confiesa el Mayor a Jim), McKay le obsequia con un estuche que contiene un par de pistolas de duelo, que pertenecieron a su padre. McKay, tras preguntarle a Steve qué van a cazar, se entera de que sus presas serán “Hannasseys”. Esto le enfada sobremanera e intenta calmar los ánimos, desproporcionados, según su parecer, pero no atienden a sus razones ni lo entienden, y el Mayor y Steve obran siguiendo su coincidente criterio de darles una lección a los Hannassey. El grupo, comandado por el Mayor, acude al Cañón Blanco, que es preciso cruzar para llegar al rancho de los tales, pero no encuentra allí ni a Rufus, el jefe y padre del clan, ni a Buck, su primogénito, por lo que se dedican a disparar sobre un depósito de agua y aterrorizar a las mujeres y los niños del lugar, hogar de los arriba mentados. En San Rafael logran echar el guante y darles una paliza a los hermanos, menos a Buck, que consigue escapar y esconderse en un carromato.

En medio de la celebración de una fiesta, adonde las muchas personas que han sido convidadas han acudido portando vestidos de gala, que tiene lugar en el edificio central del rancho Ladder y se ha preparado para conmemorar el inminente enlace de Pat con Jim, aparece de improviso, sin ser invitado, Rufus, el patriarca de los Hannassey, llevando en sus manos un rifle cargado, para “corresponder” a la visita del Mayor al Cañón Blanco, y diciéndole al Mayor a la cara lo que piensa de él, llamándole, entre otras lindezas, indirectamente, “truhán de siete suelas”. Al día siguiente, de madrugada, McKay se propone explorar los alrededores del rancho de su futuro suegro, Henry Terrill, ayudado de un croquis y de una brújula (un reloj raro, en palabras de Ramón). Le encarga a este que le diga a Pat que se encontrará a salvo y no se perderá, a pesar de la inmensidad del terreno. Trazado el camino, llega al rancho Valverde, ahora destartalado, de Clem Maragón, abuelo de Julia. Tiene una ubicación crucial, porque por él cruza el único río del entorno, una fuente codiciada, ya que en él suelen abrevar, durante la canícula, las cabezas de ganado de sus vecinos ganaderos, los enemigos irreconciliables Terrill y Hannassey. McKay persuade a Julia para que acceda a venderle el rancho, como dona o regalo de boda a Pat, y con la condición de que seguirá la tradición familiar, o sea, permitirá que sigan bebiendo de y en él los ganados de los dos mentados contendientes, “viejos egoístas ambos”.

Dado que han pasado dos días y McKay no ha aparecido, se le da en el Ladder por perdido y Leech aprovecha la ocasión de hallarse a solas con Pat y le intenta robar un beso, pero esta le muerde el labio y lo rechaza y despide con cajas destempladas. De vuelta de su exploración, McKay llega hasta donde están descansando y tomando café uno de los grupos que han salido en su búsqueda, el mandado por el capataz, Steve. Ramón fue poco convincente, porque no persuadió a nadie de los conocimientos de navegación que Jim logró adquirir como nauta. Sin dejarle a McKay que pueda terminar de explicar por qué no se había extraviado, Leech le llama embustero, mentiroso, pero McKay se niega, una vez más, a aceptar el desafío. Esta actitud de McKay decepciona un poco más, si cabe, que sí, a Pat y a su padre, tanto que llega a poner en serio peligro el compromiso matrimonial. Jim deja el rancho a la mañana siguiente, pero antes le hace una visita a Steve, que duerme en su cabaña, para “despedirse”, o sea, mantener el duelo a puñetazos. Le pide lo mismo que le pidió a Ramón con la doma de Trueno, que mantenga la pelea y su resultado, que queda en un empate, podríamos decir, en secreto. A lo largo de la mañana de ese día, entre Julia y Pat logran sonsacar a Ramón que Jim montó a Trueno y lo domó y Julia le confiesa a Pat que McKay había adquirido Valverde, como regalo nupcial para ella. Pat acude a la habitación del hotel donde se hospeda Jim con la argucia de devolverle el estuche con las pistolas (se muestra honesta, porque reconoce que no había pensado hasta salir del Ladder en ellas) y reconciliarse con él, pero, cuando se entera de la pretensión de McKay de seguir permitiendo que los Hannassey puedan acceder, en igualdad de condiciones que los Terrill, al agua, se revuelve contra él y se marcha.

Tras haberle confesado Buck, mentiroso redomado, a Rufus de que él corteja a la maestra, de que son novios, este, siguiendo un plan ideado por su padre, la rapta y la lleva al Cañón Blanco. Tras cerciorarse de que su hijo no ha cambiado, de que sigue siendo el mismo hijo mendaz que él lleva tanto tiempo catalogando y reputando un perro (lo trata y mata como a un can), Rufus insiste en comprarle a Julia el Valverde por el precio justo (la cantidad dineraria, si no recuerdo mal, nunca se menciona) y esta accede a firmar, porque ese papel no vale nada, ya que el Valverde tiene nuevo dueño, Jim McKay. Rufus intuye que el Mayor intentará rescatar a Julia, la encierra en una de las habitaciones de su casa y la retiene, siendo su rehén, pues desea atraer así la atención del Mayor y que este caiga en la emboscada que ha urdido en medio del Cañón Blanco, para desquitarse de tantas injusticias como ha sufrido por parte de su enemigo más acérrimo. McKay, enterado por Ramón de lo que ocurre, decide acudir al Cañón, desoye al Mayor, que, si no media Steve, que aduce razones de peso, casi le dispara, llega a casa de Rufus, demuestra documentalmente que es el dueño de Valverde y le promete a Rufus igual acceso al agua que concederá a Terrill, pues ya no se va a casar con Pat. Dice que no se irá de allí sin Julia. Cuando Buck abofetea a Julia, Jim le lanza a este una puñada en el rostro. Ruedan ambos por el suelo y logra empuñar Buck su revólver, pero Rufus le impide que lo use. Tras decidir Rufus un duelo caballeroso entre ellos con las pistolas hechas para tal fin, Buck dispara antes de que Rufus diga “fuego”, y dando la enésima muestra de su arraigada cobardía, arrebata el revólver a uno de sus hermanos y se dispone a disparar a McKay, pero recibe en el vientre una bala que ha salido disparada del revólver de su padre, que, al fin, se ve obligado a cumplir lo que había prometido que haría, que lo mataría como a un perro, pero, en principio, no hizo. Rufus deja que se vayan McKay, Julia y Ramón. Reconociendo que Jim estaba en lo cierto, Rufus decide que, como el asunto solo les atañe en verdad a Terrill y a él, reta al Mayor y se enfrentan en un duelo con rifle en el que ambos mueren. Consumada la tragedia, McKay y Julia, acompañados por Ramón, parten ¿para inaugurar una nueva vida juntos?

¿Ha quedado claro, cristalino, que la verdad de contar la trama de la película en menos de tres folios, sin olvidar un solo pormenor importante, era inconcusa, firme, sin contradicción? Confío, deseo y espero que así haya sido.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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