ESTO LO ASIMILÓ CHURCHILL EN YALTA
La vanidad del literato es alta,
Ancha, descomunal, incorregible.
Quien opta a ser un tal, como exigible
Ve que es el requisito, lo resalta.
Así que, si soberbia a ti te falta,
Tendrás que acapararla; y, si elegible
Quieres que tu obra sea, sé ilegible.
Esto lo asimiló Churchill en Yalta.
Comienza abruptamente a aficionarte
Por ver verdad en la mentira, el arte,
Y auguro que obtendrás la dicha suma.
Verás cómo la bruma no te abruma
Y el mar acude raudo a relajarte
Cuando de un galardón otro presuma.
Ángel Sáez García