El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

¿Los partidos vigentes hoy son sectas?

¿LOS PARTIDOS VIGENTES HOY SON SECTAS?

¿SUS HUESTES SON DOGMÁTICAS, SECTARIAS?

¿ABATIR GERIFALTES TE RELAJA?

A mi cuñado Jesús Sola, esposo de mi hermana María del Pilar, “la Nena”, y padre de mis sobrinos Alba y Adrián, porque hoy, viernes 16 de febrero de 2024, cumple años; ergo, con cariño, por dicho motivo, ahí van mis ¡muchas felicidades!

Desde que la sociedad española está tan polarizada (o sea, desde que se ve la realidad desde un dualismo duelista, maniqueo, esto es, dos prismas adversos o perspectivas contrapuestas; y nadie osa refutar lo evidente u obvio, que hay un polo positivo y otro negativo, los buenos y los malos, nosotros y ellos; pero esto no es característico o peculiar de nuestra nación, pues lo propio cabe advertir en otros países), seguirá habiendo juego sucio entre las diversas formaciones con escaño en nuestro Parlamento, que uno, a veces, tiene la impresión refractaria de que han devenido en sectas, haya una campaña electoral de por medio, o no. En vez de centrarse los representantes de los partidos en el Gobierno o de cuantos les apoyan en resolver los problemas más acuciantes de los ciudadanos, en decir qué hacen y en explicar qué tienen pensado hacer con los dineros del erario público que manejan, se dedican a afear los comentarios y procederes de los dirigentes de los partidos en la oposición, por lo que ellos entienden o tienden a pensar que son yerros de bulto. Y estos, en contrapartida, en vez de controlar la acción del Ejecutivo, señalando dónde se ha extralimitado, o dónde han marrado sus cargos públicos, al cometer clamorosos desmanes, errores u horrores, se concentran en defenderse de los ataques que reciben de sus oponentes, desatendiendo su labor fiscalizadora.

Si un líder del Ejecutivo, el máximo mandatario o un ministro, ha marrado estrepitosamente (ya se sabe qué se leía en un cartel que había en una de las paredes del despacho de Ernesto “el Che” Guevara, cuando fue presidente del Banco Nacional de Cuba: “Aquí se puede meter la pata; lo que no se puede meter es la mano”), diciendo o haciendo esto, eso o aquello, una barbaridad (del tipo que sea), le van a caer palos sin cuento de sus oponentes (y de los mass media que participan de un ideario común o similar al de los tales), pero para el cuadro de mandos y las huestes de los partidos en el Gobierno y sus medios afectos, indefectiblemente, este será un estupendo servidor público, honesto y trabajador, que se deja la piel y las cejas en una labor incansable. Puede que se haya equivocado, pero errar siempre fue humano, muy humano, aunque perseverar en las meteduras de pata quepa calificarlo de diabólico.

Si un mandatario de la oposición cuenta, off the record, fuera de registro, lo que cabe considerar como un tiro en el propio pie, qué pensaron hacer él y los miembros de su círculo más próximo o entorno más selecto, durante unas horas, pero que luego lo descartaron, por inviable, los adversarios y los medios del otro lado del río lo usarán para beneficiar a los suyos, los de su cuerda, y perjudicar a los de la orilla contraria. Nihil novum sub sole, es decir, nada nuevo bajo el sol, como se puede leer en el Libro del Eclesiastés.

En España hay un sinfín de deportes y un montón de practicantes de los mismos. Pero, si preguntáramos a nuestros conciudadanos (ora sean o se sientan ellas, ora sean o se sientan ellos, ora sean o se sientan no binarios) con qué deporte disfrutan más, acaso, si sus respuestas fueran veraces, no mendaces, quienes promovieran dicha encuesta tal vez obtuvieran la verdad pura y dura, que el deporte que mejor sabor les deja en el paladar es el del incesante lanzamiento de pelotas (verbales, en su inmensa mayoría) de tela contra los muñecos del pimpampum, colocados sobre esa balda de caseta de feria que se confunde muchas veces con la tele del salón, donde, nada más aparecer en la pantalla los caretos de los gerifaltes del Gobierno o de la oposición, les caen pelotazos a tutiplén. Los que piensan así contra los que piensan asá, y viceversa, por supuesto, sin salirse nadie ni siquiera un milímetro del papel pautado, de las rayas del guion.

Bueno, pues, como cada quisque acarrea consigo a un científico con título (o sin él), me he preguntado: ¿Por qué no pruebas, de manera fidedigna, si lo que acabas de aseverar y trenzar en el párrafo anterior tiene fundamento o carece de él? Dicho y hecho. En un santiamén, me he puesto a la tarea. He colocado sobre un tablón de madera, entre dos postes, que le servían de soporte, ocho latas de cerveza vacías, que he rellenado previamente con agua del grifo, y les he adherido a cada una de ellas, antes de ponerlas en fila sobre el susodicho tablón, la foto de la cara de un dirigente de las formaciones políticas con mayor número de parlamentarios en la Cámara baja. El conjunto era muy variopinto. He confeccionado, en un pispás, media docena de pelotas con calcetines que tenía descabalados o con tomates y los he forrado con tela de retales, y me he dedicado a lanzarlas sobre las latas. En la primera tanda no he dado a ninguna. Luego, cuando he mejorado mi técnica, he abatido dos, aunque no eran las elegidas. Debo reconocer que no tengo buena puntería, pero el ejercicio llevado a cabo, sumado al de la preparación del tinglado, me ha cansado y relajado, a partes iguales. Y, por ello, volveré a probar suerte.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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