El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

¡Cuánta importancia tiene estar atento!

¡CUÁNTA IMPORTANCIA TIENE ESTAR ATENTO!

De esa realidad se dieron pronto cuenta quienes, de forma coherente, congruente y consecuente, tomaron cartas en el asunto, verbigracia, mis educadores y/o formadores de antaño, los religiosos camilos, inmarchitables docentes (nadie sabe, a ciencia cierta, hasta dónde llega la benéfica influencia de un portentoso profesor), en el seminario menor navarretano, donde el abajo firmante de estos renglones torcidos tiende a ubicar su edén en el planeta azul (oscuro, casi negro), la Tierra. Y lo escribo con conocimiento de causa, porque, aunque parezca mentira, si hago memoria y recuerdo el formato habitual del boletín de notas, la primera calificación que aparecía en el citado listado de asignaturas, que se exponía públicamente, a la vista de todos, en las clases asignadas, oportunas, tras las evaluaciones correspondientes, detrás del nombre y primer apellido de cada alumno, sí, era la de la atención.

Este menda casi siempre merecía en dicho apartado un ocho (8). Puede que marrara morrocotudamente, pero, si alguien me preguntara ahora al respecto, contestaría que en todas las evaluaciones que hubo en los tres años académicos que cursé allí, solo vi un nueve (9), uno solo; pero, insisto e itero, puede que me equivocara y, además, que lo hiciera con estrépito. Como regla general, cabe aseverar que casi siempre el notable en atención iba aparejado, corroborado o secundado por notables y hasta sobresalientes en el resto de las asignaturas. Empero, acabo de constatar, tras coronar una somera investigación, que en el libro escolar de calificación no aparecía la atención como materia evaluable ni su nota.

He de reconocer, sin ambages ni requilorios, que, si el alumno está atento a la explicación de la lección que hace el docente, si este es competente en dicho menester y el discente se muestra alerta y está despierto, la susodicha vale para que el grueso de la lección se asimile y, con un breve repaso recordatorio, esta quede fijada en la mente.

Yo suelo ver, desde entonces, desde mi estancia navarretana, entre los excelentes educadores, religiosos camilos, y los variopintos alumnos, colegas y émulos, adolescentes, en la atención un acto de generosidad y compromiso intelectual, que se ve completado y recompensado por otro de gratitud. A un razonamiento parecido había llegado muchos años antes la filósofa francesa Simone Weil, ya que la pensadora dejó escrito cuanto advirtió en ella y en diversos de sus congéneres, junto a “la voluntad de suprimir nuestro propio yo”, el anhelo de hacer un sitio en un rincón de nuestra mente para que pudieran cobijarse allí los egos de los demás.

Tengo entera y perfectamente asumido que, en todo proceso educativo de enseñanza/aprendizaje, donde fluyen, van y vienen, diligentes, sin censuras ni cortapisas, las corrientes que generamos los seres inteligentes, todas las personas que intervenimos en dicho proceso aprendemos de todas, los alumnos del profesor, el docente de los discentes y los discípulos de sus émulos o compañeros. Así que, cuando logremos alcanzar un desafío o reto, debemos ser generosos y recordar los apoyos recibidos de nuestros fautores, cuánto, qué porcentaje de lo conseguido, se lo tenemos que agradecer a los demás (que suelen ser los que nunca están de más), a nuestros maestros inmarchitables y a nuestros condiscípulos inolvidables, de quienes, si estuvimos otrora atentos, tanto aprendimos, aun sin querer, y tanto les enseñamos, aunque esa no fuera nuestra intención o propósito.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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