QUIZÁ EL VIERNES PRETÉRITO LIGUÉ
SIN TENER EL PROPÓSITO DE HACERLO
El viernes pretérito, 26 de julio, festividad de santa Ana, patrona tudelana, mientras estaba con mis amigos Diana y Pío tomándome una caña en la terraza de la Gaitero Taberna, se sentó en el extremo opuesto de la mesa que ocupábamos (había escrito al principio “nuestra mesa”, pero la he enmendado por la locución que consta, porque no era, sensu stricto, posesión nuestra, sino del citado establecimiento de hostelería), una fémina, a la que le comenté que luego le pasaríamos la factura por el uso. Ese apunte irónico, al parecer, le hizo gracia y fue el botón pulsado que puso en marcha que nuestra sinhueso siguiera ayudando a emitir sonidos articulados que, juntados, querían decir o significar algo (ignoro si más de lo que las palabras engarzadas, unidas, daban a entender). Cuando la mujer, tras despedirse, se fue, Diana y Pío me dejaron de piedra, al darme la enhorabuena por haber ligado. Como hacía casi cinco lustros que no fungía ni fingía de ligón (quiero decir, interpretaba dicho papel o rol), puse en tela de juicio la aseveración que mis amigos me hicieron al alimón, pero acaso la falta de entreno o práctica fue la que me impidió reconocer sin ambages lo obvio, que el hecho, tal vez (sin el tal, pues, al menos, lo he barrido y borrado en mi mente), acaeció.
Cuanto no puede negarse ni ponerse en duda son los eventos que, uno tras otro, se sucedieron en el tiempo sin solución de continuidad. Nada más llegar a casa, antes de cenar (eran las diez de la noche) escribí, negro sobre blanco, los catorce versos endecasílabos que había ideado mentalmente, mientras subía al barrio de Lourdes, donde vivo. Tras trenzarlos, despaché la cena con una doble satisfacción. Titulé el soneto en cuestión con el verso que lo culmina, “A QUIEN ME GUSTARÍA DARLE UN PICO”, que dice así:
El día de santa Ana, la Patrona,
En el extremo opuesto de una mesa
Puedes hallar a quien te mira y besa,
Y te enamoras tú de esa persona.
Barruntas que esa fémina te abona,
Porque de hacer prodigios nunca cesa,
Y tu literatura asaz progresa,
Pues, ¿dónde su oponente está?, ¡en la lona!
No conozco su nombre ni apellido,
Pero esos datos no son necesarios;
Pueden los susodichos ordinarios
Ser, mas no soy Eneas ni ella Dido.
Así que este soneto le dedico
A quien me gustaría darle un pico.
Ángel Sáez García