El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

¿Experimentos? Sí, con gaseosa

¿EXPERIMENTOS? SÍ, CON GASEOSA

Como el abajo firmante de estos renglones torcidos está plenamente convencido de cuanto defiende a todo trance, no le duelen prendas sostener la tesis de que la democracia, comparada (buscando parecidos) y cotejada (buscando diferencias) con el resto de los sistemas políticos concebidos o fraguados por los hombres para gobernarse entre ellos y puestos en funcionamiento, es el que tiene más partidarios, por ser el más ecuánime y justo, en principio, siempre que se cumpla esta condición sine qua non, que los representantes elegidos por los ciudadanos en elecciones libres demuestren, por sus obras, estar dotados de la misma condición que hemos asignado al sistema, de una integridad a prueba de bombas y una honradez libre de corrupción. En la actualidad se escuchan por doquier las voces de quienes ven en ella a una anciana recién intervenida de la rotura de la cadera izquierda, achacosa, dependiente, como eso mismo, por cierto, se predicaba, hace muchos años, cuando aún vivía, porque acarreaba consigo o iba ataviado de su inseparable dispensador de salvador oxígeno, de un poeta magnífico, José Hierro (autor de “Vida”, un soneto indeleble en el que juega con dos palabras, todo y nada), que él mismo, irónico e inteligente, se encargaba de airear o propalar, jugando con su primer apellido, al reconocer que tenía una mala salud de hierro.

Conviene no caer en la tela de araña fabricada por personas a las que les interesa hacer descarrilar el tren de la democracia para sacar tajada; y para conseguir dicho fin, antes han intentado hacer lo propio con la opinión pública y la publicada, persuadiéndolas de que, ante los incontables problemas y dificultades que atraviesa la sociedad actual, la que sea, ha llegado la hora o el momento de probar opciones iliberales, sobre todo, para superar ciertas situaciones críticas. De niño, se me quedó grabado a fuego en la mente esta respuesta, tan inteligente como diligente, ante la pregunta capciosa que alguien había formulado sobre determinados experimentos: con gaseosa. Basta con acudir a los anales y libros de historia para aprender qué cabe hacer y qué es mejor evitar y, por ende, no probar, o sea, adónde llevaron los movimientos nazi y fascista, verbigracia, promovidos por congéneres autócratas, Hitler o Mussolini, a las sociedades y países europeos, tras la experiencia del error y el horror mayúsculos de la Primera Guerra Mundial, a otra aún peor, la Segunda, planetaria.

Ciertamente, a la democracia, tal vez por ser, tanto desde el punto de vista teórico como desde la perspectiva práctica, una creación humana, le sucede lo mismo que nos ocurre a ti, atento y desocupado lector, ora seas o te sientas ella, él o no binario, y a mí, que le vemos los fallos que tiene, como también identificamos los errores en los que ambos (dice un imperecedero latinajo que errare humanum est, sed perseverare diabolicum, o sea, errar es humano, pero perseverar en el yerro es diabólico) incurrimos. Acaso podamos hacer con la democracia lo propio que coronamos cada uno de nosotros con nuestros fallos, corregirlos, siguiendo el sabio consejo, que no conviene olvidar, de Confucio: “El hombre que ha cometido un error y no lo corrige comete otro error mayor”.

Como decía un profesor que tuve en Segundo de BUP, al que le gustaba vacacionar en la entonces República Federal Alemana, la Alemania Occidental, los números cantan; quería decir que hay que tomarlos en cuenta cuando son el resultado de un trabajo estadístico concienzudo, hecho con fundamento o las máximas garantías, no ápodo ni acéfalo, sin pies ni cabeza. Si los países más prósperos del orbe, en su inmensa mayoría, son democracias, habrá que seguir confiando en que, superados los baches, solventadas las dificultades, la democracia volverá por sus cauces y fueros, por muchos que sean los defectos o taras que le veamos, cuando la observemos con criterio y con lupa. Algo tendrá la democracia, como eso mismo se dice del agua, cuando la bendicen.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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