SI BEBES, HAZLO SIEMPRE CON MESURA
—Tras dos años sonriendo con los ojos,
Aunque el cerval no sea tan patente,
El mismo sigue estando ahí, latente,
Picando tanto o más que algunos mojos.
Jamás eché a mis puertas los cerrojos
Para que tú, Santa Ana, de repente,
Pudieras acceder y estar presente
Para barrer en un pispás abrojos.
—Porque sé que es sincero el que me tienes
Fervor, por la panoplia amplia de bienes
Que mi nieto, Jesús, te ha concedido,
Para que no te sientas compungido,
No eches en saco roto ni te olvides
De hoy, veintiséis, brindar con quid de vides.
Ángel Sáez García