El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Óscar no se ha hecho acreedor al Oscar

ÓSCAR NO SE HA HECHO ACREEDOR AL OSCAR

CON TILDE EL PRIMO, SIN LA TAL EL PREMIO

Quienes me conocen saben, a ciencia cierta, mis costumbres o hábitos; entre otros, este, que, para dar mi criterio y/o nota sobre cuanto sea calificable, mensurable y opinable, verbigracia, el trabajo realizado por otras personas, se sientan pupilos o no de servidor, suelo leer, de cabo a rabo, los ejercicios que coronan y han presentado oportunamente, en tiempo y forma, por la sencilla razón de peso de que uno puede fallar al principio de la labor, en medio de la misma o al final.

A quienes me conocen les consta lo obvio, que, amén de varios heterónimos, acarreo conmigo un heterogéneo colectivo o grupo de críticos literarios, que no me pasan uno de mis yerros a mí ni a ninguno de los autores que se les ponen a tiro.

Quienes dedicamos muchas horas al día a leer y escribir debemos tener siempre todos nuestros sentidos vigilantes, despiertos, atentos, para no meter la pata hasta el mismo corvejón, porque hemos comprobado que, si bajamos la guardia (todos los seres humanos somos unos expertos en dicha imprudencia), velis nolis, llega el error, de manera inesperada, y, a renglón seguido, como normal y lógica consecuencia, lo hace el gancho o el golpe directo de un puño, embutido en un guante de boxeo, a la cara. Eso lo comprobé, un día sí y otro también, de modo fidedigno, hace muchos años; y, a fin de poner las suficientes barreras o vallas para que el fallo no hallara grieta o rendija por la que colarse de rondón, mi magín, que no para quieto un segundo, me aguijoneó y animó para que ideara, por mi propia cuenta y riesgo, la forma de fundar un club de “unierroristas”, que devino en “plurierroristas”, en el que servidor, el abajo firmante, diera entrada a los siguientes miembros del mismo, aunque se mostraran reacios o renuentes a acceder a él. Desde entonces, intento ejercer esa tarea ingrata lo mejor que puedo y sé.

Excepto este menda, que es miembro fundador y permanente del citado club, el resto de los miembros pueden salir del mismo por propia iniciativa, voluntariamente. Por el producto o resultado de sus obras o frutos conocerán que se han evadido de él.

Hoy, verbigracia, debo abrir las puertas, de par en par, para recibir con los brazos abiertos (el primer día, el de entrada, es sonrojante, vergonzoso, zahiriente, pero, cuando sus paredes se dejan atrás, la alegría que se experimenta es tal que no ha faltado quien ha calificado esa sensación o impresión de bendita, por ser, amén de una santificación, muestra o botón de devoción, en resumen, una bendición, proceda o no del cielo), en el club de los “plurierroristas”, a Óscar López-Fonseca (y es que todos los que escribimos a diario somos una fuente de corriente inspiración, aunque, a veces, esta, por nuestros lapsus o deslices, se quede, aparentemente, seca), periodista de EL PAÍS, después de haber leído el artículo que vio la luz el pasado domingo 30 de noviembre de 2025, en la página 28 de dicho periódico, que lleva su firma y el siguiente título: “Del despacho en el Congreso a una celda de 10 metros cuadrados”.

Óscar, ciertamente, no se ha hecho acreedor al Oscar al mejor artículo del año, en el supuesto de que hubiera esa categoría entre los tales, que se circunscriben o limitan al ámbito cinematográfico. Ahora bien, si hubiese corregido lo enmendable, acaso hubiera podido aspirar a ser candidato a ese hipotético galardón.

Ignoro si el primer yerro advertido por este menda es achacable a él o la culpa corresponde a Instituciones Penitenciarias. Óscar escribe: “Instituciones Penitenciarias aclara al recluso recién llegado que ‘en el Centro le indicarán la celda del módulo en el que se alojara (sic, sin tilde) —todo apunta a que Ábalos y Cerdán (sic, ¿habrá visto Óscar una película distinta a la que hemos visto el resto?) ocuparán en el módulo 13 (…) que además muestran no están (sic, un galimatías, sí, mejor, que demuestren que no están) acusados (…)”.

“(…) fuentes penitenciarias señalan que en el caso de reclusos mediáticos como son el exministro y su antiguos (sic, sobra la ese y faltan un par de comas, pero, como acepto que estas pueden ser potestativas, aquí no uso el látigo) asesor, se realiza…”.

Mal colofón se buscó Óscar para rematar su crónica. Auguro que este texto le servirá de acicate para mejorar en el próximo.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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