SI NO TE HAS SORPRENDIDO, ADMIRARÁS:
HASTA EN LO MALO CABE HALLAR LO BUENO
SON CHISPAS DE LA VIDA AMIGOS, DEUDOS,…
Como el ser humano (no te extrañes, tú, atento y desocupado lector, ora seas o te sientas ella, ora seas o te sientas él, ora seas o te sientas no binario) es un animal de costumbres, nuestra existencia es previsible en numerosos aspectos de la misma (verbigracia, el abajo firmante de estos renglones torcidos, que no tiene ordenador —lo jura y perjura, si hace falta, a machamartillo—, cuando lo necesita, que es a diario, pues todos los días escribe —nulla dies sine linea, sentenció y dejó escrito dicho lema, en letras de molde, Plinio el Viejo—, ya que para él escribir es casi casi como respirar, de lunes a viernes, regularmente, por las mañanas, baja, desde su casa, en el barrio de Lourdes, a la biblioteca municipal “Yanguas y Miranda”, sita en la tudelana calle Herrerías, a pasar a ordenador cuanto trenzó durante el finde o el día anterior a bolígrafo en una de las cuatro computadoras que hay para uso público en la tal), pero imprevisible en otros tantos.
Aunque que hayamos aprendido a refrenar nuestros deseos o impulsos nos dé una falsa sensación de seguridad y de dominio de la situación, hay una pila de reacciones improvisadas o ristra de respuestas repentizadas que escapan a nuestro control.
Ignoramos qué nos puede deparar el mañana, el futuro, más o menos inmediato, sea esto un acervo de bienes, un cúmulo de males o lo más usual, un montón entreverado de ambos ingredientes. Hemos asimilado lo precipuo o principal, que el éxito consiste en estar en disposición de alcanzar pronto, en un santiamén, el desafío o reto que nos habíamos (pro)puesto, pero que la dicha solo nos la suministra o procura disfrutar al máximo de lo que tenemos (la familia y los amigos, sobre todo, que son las chispas de la vida, cuanto nos hace reír, a mandíbula batiente, hasta llorar y, asimismo, esto último, a secas, qué contrasentido, ¿no?, a lágrima viva).
La vida, en cualquier instante, puede cambiar de rumbo, de sentido. Que te acompañen en los momentos duros, difíciles, personas competentes y honestas ayuda bastante a superar los mayores aprietos o bretes, los reveses más amargos. Si el conspicuo doctor Iñaki Alberdi, que intervino a mi progenitor, Eusebio, en marzo de 2001, de un cáncer de colon, en el Hospital “Reina Sofía”, de Tudela (HRS), no nos hubiera recomendado a nosotros, los hijos de su paciente, que nos hiciéramos una colonoscopia cuanto antes (a mí me la realizaron en el Hospital Clínico Universitario “Lozano Blesa”, de Zaragoza, donde, a la sazón, servidor trabajaba y vivía —evidentemente, quiero decir lo que quiero decir, que curraba y residía en la capital maña, no en el recinto hospitalario mentado, por supuesto—, y salí de la prueba con un diagnóstico aterrador: cáncer de colon; recuerdo, con total fidelidad, que no abrí el sobre, que se me entregó en mano, con dicha calificación médica, y el galeno de Atención Primaria, que me fue asignado en el Centro de Salud “Santa Ana”, de la capital de la Ribera de Navarra, al que se lo entregué, al tiempo, después de recuperarme de la delicada operación, habiendo acudido servidor a su consulta para una visita rutinaria, me confesó que, seguramente, jamás olvidaría la primera vez que me vio, porque el sobre que le di contenía una bomba a punto de estallar), por si se trataba de una poliposis familiar. De no haber sido así, acaso yo no hubiera tenido el futuro que aún sigo disfrutando (con algunas carencias, sí, pero gozando, de lo lindo, trenzando prosas y versos y celebrando cada día una jornada más de vida) a tope.
Desde aquella pésima noticia, la confirmación del cáncer de colon de mi padre, he mudado de perspectiva, de punto de vista, pues he empezado a ver el lado bueno que tienen las cosas, hasta las peores, sin duda, pues, si haces el esfuerzo de buscarlo, seguro que lo hallas. Si no te has sorprendido, admirarás: hasta en lo malo cabe hallar lo bueno.
Ángel Sáez García