El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Nadie osará objetar esta certeza

NADIE OSARÁ OBJETAR ESTA CERTEZA,

QUE UN HUMORISTA GENIAL ES ‘EL ROTO’

Más de una y de dos veces he escrito a propósito de una viñeta de EL ROTO, que, qué ironía, sí, en su paradójico pesimismo optimista, en lugar de quebrarte, te recompone como ser humano. Que Andrés Rábago García es un genio, a nadie que siga desde hace años su luenga trayectoria le pilla ese juicio de improviso. El sábado pasado, 27 de junio de 2026, en la página 11 de EL PAÍS, apareció, en su diario recuadro en el periódico de PRISA, la cara de un señor que tenía incorporada en la frente una boca (dando a entender quizá que el bocadillo era lo que pensaba para mí mismo) parlante que decía esto: “ES MÁS CÓMODO CAMBIAR DE ABOGADO QUE DE COMPORTAMIENTO”, y, ciertamente, no mentía, no.

Tengo para mí que el día que ideó EL ROTO esa viñeta, consciente o inconscientemente, se había tragado de un solo bocado a dos autores geniales del segundo Siglo de Oro o barroco literario español, Francisco de Quevedo y Baltasar Gracián. ¿Por qué sostengo dicha tesis? Porque en las nueve escogidas palabras, nueve, de Andrés, vi la enseñanza moral que Quevedo concentró y colocó al final de “El buscón” (1626), su única (sin su prometida segunda parte) novela picaresca, donde cabe leer esto en su último párrafo: “La justicia no se descuidaba de buscarnos; rondábanos la puerta, pero, con todo, de media noche abajo, rondábamos disfrazados. Yo que vi que duraba mucho este negocio y más la fortuna en perseguirme, no de escarmentado, que no soy tan cuerdo, sino de cansado, como obstinado pecador, determiné, consultándolo primero con la Grajal, de pasarme a Indias con ella y ver si mudando mundo y tierra mejoraría mi suerte. Y fueme peor, como V. Md. verá en la segunda parte, pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y costumbres”. Y sumó EL ROTO el consejo o la miga que recoge Gracián en el interior del adagio 105 de su “Oráculo manual y arte de prudencia” (1647): “Lo bueno, si breve, dos veces bueno; y aun lo malo, si poco, no tan malo. Más obran quintas esencias que fárragos”.

Deseo larga vida al que es un genio.

Nota bene

Y, como hoy me ha sobrado sitio en esta urdidura (mera consecuencia de haber seguido la mentada recomendación de Gracián), y no quiero pasar por alto señalar la mejoría evidente de las crónicas de Carlos E. Cué, en el mismo diario, el Periódico Global, como debe destacarse el esfuerzo y la excelencia allí donde se hallen, no me duelen prendas reconocer que, en el último escrito dominical que he leído de Cué, titulado en la web “Sánchez ya está en campaña”, donde solo he advertido que falta una ese en “con todos su (sic) trámites legales”, por no aparecer sus denostados latiguillos, que merecían mis latigazos, me nace formular y recoger este comentario conciso, escueto: ¡Chapó!

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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