Todo apunta a cambio de rumbo.
Chile decidirá dentro de cuatro semanas si le da la Presidencia a la comunista Jeannette Jara, candidata del gobierno más a la izquierda desde el de Salvador Allende en los 70, o a José Antonio Kast, líder de la derecha dura y sin complejos.
Y viendo el recuento de la primera vuelta y cómo están los campos, parece difícil que no gane Kast.
La noche electoral en Chile tuvo sabor a nervios, sorpresa y reacción. Cuando el Servicio Electoral dio a conocer los resultados preliminares, el pulso de la política chilena cambió de ritmo: Jeannette Jara, la carta del Partido Comunista y del oficialismo, obtuvo un 26,45%, mientras José Antonio Kast, el abanderado republicano de la derecha, aseguraba su paso a la segunda vuelta con un 24,46%.
Pero el verdadero terremoto se sintió con Franco Parisi, el economista outsider que desde el exilio digital volvió a romper los pronósticos y se quedó con un inesperado 18,62%.
Su irrupción en el podio electoral no solo barajó las cartas, sino que lo convirtió en el gran árbitro de la próxima contienda, sobre todo en el norte minero, donde su discurso contra la élite resonó con fuerza.
En los cuarteles republicanos, las caras eran de satisfacción contenida. Kast no subió al escenario como triunfador, sino como comandante de una misión: unificar a toda la derecha chilena bajo un mismo objetivo, derrotar a la izquierda bolivariana.
“La segunda vuelta es el momento de las decisiones grandes”, comentó uno de sus asesores al cierre del conteo, mientras se preparaban los mensajes de unidad.
Y la respuesta no tardó. Evelyn Matthei, desde su comando de Chile Vamos, ganó la derrota con gesto sereno y anunció su respaldo inmediato a Kast.
Horas después, Johannes Kaiser, del Partido Nacional Libertario, hizo lo mismo. “Es hora de sumar fuerzas por la libertad”, declaró, en una frase que varios medios interpretaron como el preludio de una alianza amplia del bloque conservador.
Mientras tanto, en el bando de Jara, la euforia presidencialista del oficialismo se mezclaba con cautela. Su victoria fue clara, pero no cómoda.
Los estrategas del Partido Comunista saben que se enfrentan a un muro de electores anticomunistas que ahora marchan alineados detrás de Kast, en una segunda vuelta que promete ser un plebiscito ideológico sobre el futuro del país.
A menos de un mes del balotaje, los comandos preparan una campaña intensa, polarizada y decisiva.
Chile se encamina hacia un diciembre donde no solo se elige un presidente, sino el modelo político que marcará el rumbo de la nación en los próximos años.