LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

Sánchez, a la investidura hay que ir con algo más que las anchoas de Revilla, la deslealtad golpista y la propia egolatría

Santiago González: " Tres meses desde las elecciones generales y sigue sin prisa el muy gandul de Pedro Sánchez"

Sánchez, a la investidura hay que ir con algo más que las anchoas de Revilla, la deslealtad golpista y la propia egolatría
Pedro Sánchez con Revilla, el de las anchoas, y con Oriol Junqueras, con el que ha quedado en hablar.

Pedro Sánchez ha cumplido su amenaza. Ya ha convocado el pleno de investidura para el 22 de julio de 2019 y primera votación el día 23 de julio de 2019. ¿Tiene apoyos suficientes? Ni uno solo, salvo el del partido de Revilla y, seguramente, la abstención de los golpistas por ‘orden’ de los políticos encarcelados que desean seguir sangrando a España a través del ‘okupa’ de La Moncloa.

Los editoriales y tribunas de opinión de la prensa de papel de este 3 de julio de 2019 subrayan que el gesto del presidente en funciones no es más que un órdago desesperado en busca de forzar a Podemos y separatistas a ofrecerle un respaldo, bien en primera o en segunda votación. El problema es que a Sánchez le puede salir mal el reto:

Ignacio Camacho, desde las páginas de ABC, da razones sobradas para que Casado y Rivera no se avengan a abstenerse ante un Pedro Sánchez que jamás agradecería ese gesto:

Si Rivera o Casado se aviniesen a una actitud responsable, en el sentido weberiano, perderían de inmediato el respaldo de los mismos electores a los que en teoría beneficiaría su gesto desinteresado. La llamada vetocracia no es sólo un defecto del sistema partidista: responde también en gran medida al impulso de una ciudadanía imbuida de espíritu sectario, cuyas pulsiones viscerales estimulan en sus promesas los candidatos. Tal vez fuese de otra manera si los bloques ideológicos no estuviesen fragmentados, pero la principal disputa por el voto tiene lugar entre fuerzas del mismo bando. Nadie quiere ceder un palmo; la puja, que en su momento abrió el propio Sánchez, es por parecer más bizarro, más terco, más inflexible con el adversario. El sacrificio es imposible cuando, además, el que lo solicita no ofrece nada a cambio. Lo quiere gratis, sin compromisos, por aclamación de su augusta persona, sin esbozar siquiera algo parecido a un pacto. Como una especie de regalo que luego malversaría gobernando con quienes desde un principio tiene pensado.

José María Carrascal no le arrienda la ganancia al presidente del Gobierno en funciones:

Tras haber vendido el resultado de las elecciones generales como un gran triunfo, su problema es el de siempre: ni 123 escaños es un gran triunfo ni los demás se fían de él. Creía poder gobernar en espléndido aislamiento, pactando con unos u otros, aunque con quien realmente le gustaría gobernar es con Ciudadanos. Pero Rivera sabe que eso significaría el fin de su carrera y, puede, de su partido. Así que tiene que contentarse con Podemos, que le exige ministerios, y los secesionistas, que piden concesiones. Pero él busca su apoyo gratis, por su cara bonita, o dura, a lo que los otros se niegan. Ante lo que, lanza un órdago, confiando en su buena suerte: habrá investidura el 22 y 23 de julio. Si no sale, se repetirán los intentos durante dos meses y, de fracasar, elecciones el 10 de noviembre. Él está seguro de que quienes le hicieron presidente terminarán apoyándole. Pero no sería la primera vez que el tiro le sale por la culata.

El editorial del diario de Vocento critica que la egolatría del presidente del Ejecutivo tenga a España en vilo de una repetición electoral:

Sánchez tiene 123 escaños, y es legítimo que tanto Albert Rivera como Pablo Casado cumplan la palabra dada en la campaña a sus votantes. Carece de sentido que Cs y el PP saquen las castañas del fuego a un sectario como Sánchez, que hasta renunció a su escaño con tal de no avalar la investidura de Rajoy. Sánchez tiene una responsabilidad y la está eludiendo. No ha ofrecido absolutamente nada a Casado y a Rivera y aspira a tener su apoyo de forma gratuita y sin desgaste. Ceder sería un auténtico fraude a sus votantes. Por su parte, es lógico que Podemos exija su parte alícuota de poder, aunque fuese tremendamente negativo para los intereses de España. Sánchez tendrá que aclararse. Pero de momento mantiene a los españoles en una perniciosa incertidumbre para salvaguardar su ególatra concepción del poder.

El editorial de La Razón considera que Pedro Sánchez no ha puesto de forma casual la fecha de la investidura, sino que ese 23 de julio de 2019, día de la primera votación, es una presión sobre sus socios naturales:

A través de una conversación telefónica, el presidente en funciones le debería haber informado a la presidenta de la Cámara de que cuenta con los apoyos necesarios o que, a lo sumo, en estos veinte días que quedan contaría con ellos. Todo indica que no ha sido así, lo que desvirtúa el protocolo seguido y la utilización del anuncio de la investidura como un arma política en manos del candidato para apremiar a los grupos con los que cuenta para que clarifiquen de una vez si están dispuestos a apoyarle. Como decíamos, Sánchez no sólo ha puesto fecha al proceso de su reelección, sino también a las nuevas elecciones en caso de que no salga adelante su candidatura, el 10 de noviembre, lo que es más que probable, incluso deseable para determinados sectores del PSOE más próximos a su líder. Sería la mejor manera para debilitar más a Unidas Podemos y Cs.

El editorial de El Mundo le insta a Sánchez a demostrar que tiene un proyecto para España y que la convocatoria de la investidura no sea otra más de sus tácticas chantajistas y cortoplacistas a las que se ha habituado desde que gobierna:

Tres semanas tiene Sánchez aún por delante para convencernos de que no ansía secretamente llevar a los ciudadanos a las urnas otra vez para perjudicar a sus rivales, sino que está sinceramente comprometido con la búsqueda de un pacto con su socio preferente que permita poner al Congreso a legislar. Usar las elecciones como chantaje revela una concepción perversa de la lógica democrática. Sánchez afirmó en campaña tener un proyecto para España: es la hora de demostrarlo. Las instituciones no son un juguete en manos del inquilino de turno en La Moncloa. La fragmentación ha terminado con la autosuficiencia del partido más votado. El resultado de Sánchez no le permite gobernar sin acuerdos estables, y para eso debe hacer una oferta. Es el candidato el que debe moverse para armar una mayoría viable: aún puede elegir si plantea una oferta a sus socios radicales de la moción o explora una vía por el centro. Pero debe hacerlo ya, porque España no puede permanecer más tiempo al albur de sus cálculos cortoplacistas.

Santiago González tacha a Sánchez de vago redomado:

Cuando han pasado casi tres meses desde las elecciones del 28-A, parece una broma que el candidato siga pidiendo tiempo para no entenderse. Tres meses y sin prisa el muy gandul. Se comprende su negativa a incorporar a Pablo a la cuadrilla, y también que Iglesias quiera un cargo de ministro que reconozca su condición de socio preferente y necesario, aunque no suficiente.

Raúl del Pozo le recuerda a Sánchez que lo tiene bastante crudo para ser reelegido presidente del Gobierno:

José María Aznar le ha recordado a Pedro Sánchez que un viajero sin billete no tiene recorrido. Ciertamente, un candidato que acepte ser candidato a una investidura tiene que tener algo más que las anchoas de Revilla y la rapacería egoísta y la deslealtad de los separatistas, ya que Pablo Iglesias está dudando pasar el Rubicón del aprendiz de río.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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