El Rey emérito Juan Carlos I ya está en España y con su llegada también atraé a esa turba de insultadores que se dedican a esparcir acusaciones sin fundamento.
Carlos Herrera, desde su tribuna en ABC y desde su editorial en ‘Herrera en COPE’ de este 20 de mayo de 2022, no solo defiende la estancia del padre de Felipe VI en Sangenjo, sino también arremete contra todos los inquisidores que están que echan las muelas por el retorno de una figura que no tiene ninguna causa pendiente con la Justicia:
El festival de teatralización, desmesura, tontería, populismo y demagogia exhibido estos últimos días en España a cuenta de la llegada de Juan Carlos I ha resultado un éxito muy por encima de la expectativas: difícilmente puede concentrarse más número de idiotas en busca de su momento estelar que durante las jornadas que han precedido al aterrizaje en Vigo del avión procedente de Abu Dabi que acercó a su país al que ha sido Jefe de Estado durante casi cuatro décadas.
Se pregunta el periodista almeriense que dónde está el problema en ese viaje de Juan Carlos I:
¿Dónde estaba el problema?, se pregunta parte de la ciudadanía. ¿Por qué es indiscreto, provocador o indecoroso que venga de visita un fin de semana un hombre de 84 años que no cuenta con historial delictivo y que ha brindado los mejores años de progreso y estabilidad a sus conciudadanos, que ha sido objeto de una investigación con ensañamiento –que no ha dado resultados–, que fue expulsado de España por su Gobierno y al que no le dejan ni siquiera dormir en su casa?
Se ha instalado en el discurso políticamente correcto instigado por cuatro editorialistas de carril que JC debería pedir perdón por su falta de ejemplaridad y que debería dar cuenta de sus supuestas fortunas ocultas en paraísos a los que, se ve, tienen acceso todos los acusadores, pero que luego no se sustancian en nada.

Carlos Herrera no daba crédito ante el cúmulo de despropósitos verbales de los políticos socialcomunistas:
De tal modo, ayer se podía ver a un presidente autonómico conocido por no valer literalmente para nada exigir explicaciones sobre tesoros acumulados fraudulentamente o a uno de los partidos del gobierno –Podemos– escribir en las redes que JC, de ser un ciudadano cualquiera, sería detenido en la frontera y puesto a disposición de la Justicia, nada menos. Tal vómito de estupideces ¿no comporta ninguna reflexión crítica? ¿Aportan alguna prueba alguno de esos seres mutantes? No.
Tiene claro que detrás de todo está liquidar el edificio constitucional de 1978:
Se ha instalado en la nube tóxica de la opinión pública que JC es culpable de no se acaba de concretar bien qué –no ha sido siquiera capaz de hacerlo la Fiscalía de Pedrito– y que no debe volver siquiera a montarse en barco con sus amigos. Es mucho más fácil para todos ellos que viva lejos y que no aparezca por las inmediaciones ya que así satisfacen ese deseo disimulado en el hojaldre de sus ideas: acabar con la forma constitucional dibujada en España en el 78.
Y, por supuesto, remarca Herrera, que en realidad el rey emérito es solo la excusa para intentar acabar con Felipe VI:
Que nadie dude que las embestidas de Podemos, la erisipela de los ofendiditos y el silencio cómplice de Sánchez tienen un solo objeto cada vez más evidente: demoler la Monarquía constitucional. Cuando el Gobierno sin vergüenza del insultador de policías y guardias civiles acosa al padre de Felipe VI, a quien de verdad quiere laminar es a Felipe VI.

