LA CATEDRAL FUE CONSTRUIDA SOBRE LAS TERMAS ROMANAS

El Camino de Santiago en Reims, la ciudad de los reyes

El Camino de Santiago en Reims, la ciudad de los reyes

En poco más de hora y media llegamos a la Place d’Erlon, salpicada de restaurantes y cafés, en pleno centro de Reims, la capital del champán y de los vinos espumosos. Los tranvías de color verde turquesa lucían en su frontal el diseño de una copa llena del burbujeante líquido dorado. Había dejado de llover, pero las nubes se habían declarado en rebeldía y continuaban desafiantes sobre nuestras cabezas.

—Lo típico aquí —dijo Sergio— es hacer un tour por las bodegas y degustar vinos. No sé si os apetece.

—Yo, por beber, no —contestó Clara—, pero me gustaría hacer un recorrido en bici… He visto que alquilan… Me gustaría conocer un poco la zona de viñedos…, hablar con la gente…, hacer fotos… y parar donde se nos antoje. ¿Qué os parece si lo organizamos para mañana?

—Bueno, si no llueve —sugirió Sergio—, porque si amanece como hoy… Pero yendo en bici no se puede beber. Imaginaos que nos hacen una prueba de alcoholemia y acabamos todos en la cárcel.

—Alguien tiene que quedarse con Teresa —sugirió María—. Si queréis me quedo yo.

—No. Por mí, no os preocupéis —contestó—. Tengo que enviar unas postales. Ya sé que desde que hay facebook e instagram, escribir se quedó anticuado, pero a mí me gusta utilizar las dos cosas…

—Pues será obsoleto —razonó Clara—, pero encontrar en el buzón una postal que alguien te envía desde algún lugar lejano, escrita a mano y firmada, es un regalo.

—Pero lo de la bicicleta sería para echar el día… —reflexionó Sergio—. Yo me refería a una excursión organizada. Aquí hay mucho que ver… Notre Dame, Saint Remi, la Tau, museos… Pero a mí me da igual… Yo me adapto a lo que digáis.

—Hoy podemos ir a la catedral —sugirió María— y ver algunas cosas más… Después propongo dar unas vueltas por las tiendas, cafés, y todo eso.

—A mí me gustaría ver Saint Remi —dijo Clara—. Hay un Cristo románico que merece la pena.

Reims fue un centro termal importante en tiempo de los romanos, e incluso desde antes. Los aborígenes ya utilizaban las aguas antes de la conquista de Roma. La catedral incluso fue construida sobre las termas. Los romanos acostumbraban a levantar templos a los dioses o a las ninfas en el entorno de los manantiales. Solían pedir a los dioses manes por su salud, y cuando se curaban de alguna dolencia daban gracias a las deidades. Prueba de ello es la aparición de aras votivas en las proximidades de estas surgencias, con el nombre del sanado y el del dios al que se le rendía honor. Después el cristianismo continuó con la misma dinámica. Así, es fácil encontrar iglesias y catedrales sobre antiguas termas. En Roma, sobre las de Diocleciano, que fueron las mayores del Imperio, el papa Pío IV le encargó a Miguel Ángel la construcción de la iglesia de Santa María de los Mártires, sobre el mismo tepidarium.

Sergio tenía razón. Reims es un punto cultural importante donde tuvieron lugar destacadas gestas de la historia de Europa. Los antiguos habitantes se aliaron con Julio César y así se fundó la capital de la provincia romana de Bélgica. En el siglo II se levantó la muralla con cuatro puertas, de la que quedan algunos restos. La puerta de Marte con sus tres arcos nos recordó la puerta de Alcalá, de Madrid. La estela con la inscripción de la leyenda sobre la fundación de la ciudad, invitaba a su lectura, pero resultó poco menos que imposible. Menos mal que los paneles indicadores, cuando se libran de los ataques vandálicos, cumplen bien su cometido.

A medida que caminábamos por la amplia explanada adoquinada, la Catedral de Notre Dame se hacía cada vez más imponente. Al entrar, la nave, tan alta, tan majestuosa, se abrió ante nosotros como un gran útero protector, pleno de bendiciones de la Virgen Madre que cuida y guarda a sus hijos desde lo alto.

La Catedral de Reims es una de las principales de Francia. Destaca, sobre todo, la fachada y la estatuaria. El número de estatuas, más de dos mil trescientas, es superior al de todas las seos francesas.

El gran rosetón mandálico representa a la Virgen rodeada de los apóstoles y ángeles músicos. Está insertado en una ventana mayor, propia de la arquitectura del siglo XIII.

Me apetecía tener un rato de intimidad en medio de la multitud de viajeros que se agolpaban. Me arrodillé y empecé a rezar. Pensé en mi vida. Ojalá pudiera volver atrás en el tiempo. Ojalá no hubiera ocurrido lo que ocurrió. Mi corazón estaba muy dolido, pero, en ese momento, no sentía rabia ni rencor. Sería porque estaba en el templo, símbolo del centro, ese lugar al que tendemos, lejos de extremos. Pensaba en Sergio con pena, por haber perdido un paraíso que consideraba eterno. Quizá fuera un momento de debilidad, o de lucidez, o quizá de bondad. Sería por estar en la casa de Dios, aunque yo solía tener esos instantes de plenitud en otros lugares no religiosos, incluso en enclaves denominados paganos. Ninguna religión tiene el monopolio de la trascendencia.

Nos sumamos a un grupo con guía que explicaba la catedral en inglés, deprisa y corriendo, escupiendo datos como un papagayo. Hay profesionales buenos, licenciados en Historia del Arte como exige la normativa, pero ese no era el caso. Como íbamos con la lección aprendida, ya sabíamos que los orígenes de la catedral se remontaban al siglo V, que allí había recibido el bautismo Clodoveo, el primer rey franco, y que un hijo de Carlomagno había elegido ese templo para su consagración como emperador.

En Reims se coronaron todos los reyes de Francia desde el siglo XI hasta Carlos X, en el año 1825. Aquí volvimos a evocar la memoria de Juana de Arco, tan presente en nuestras vidas hacía unas horas. Ella condujo hasta esta catedral a Carlos VII para coronarse, por encima de la opinión de los consejeros de la Corte y del propio rey.

La catedral fue denominada “mártir” después de la Primera Guerra Mundial, tras haber sido bombardeada por los alemanes por considerarla un símbolo nacional de Francia. El papa Juan Pablo II hizo un viaje a Reims para conmemorar el 1500º aniversario del bautismo de Clodoveo. Las vidrieras de la capilla del ábside, destrozadas durante las guerras, fueron diseñadas en el siglo XX por Marc Chagal.

Yo, erre que erre con mis laberintos, intentaba buscar información y bibliografía sobre el de la Catedral de Reims, sin demasiado éxito. Sabía que se había construido en 1240, con piedras de color azul, y que en 1779 un tal Jackemart Canon había ordenado destruirlo porque el ruido que provocaban los peregrinos al transitarlo era muy molesto e imposibilitaba la realización de los oficios religiosos. Pero no pude encontrar más datos.

El palacio de la Tau, adyacente a la catedral, es la sede arzobispal. Alberga una capilla gótica en cuyo interior puede admirarse un coro del mismo estilo y capillas radiales. En el museo, aparte de objetos arqueológicos, tapices y una colección de armas, se conserva parte de la ampolla que contenía el aceite con el que eran ungidos los emperadores, destrozada durante la Revolución francesa. En una de las salas se celebraba el banquete que seguía a la coronación.

La Basílica de Saint Remi tiene su origen en una capilla del siglo VI, convertida después en abadía benedictina. Allí recibió Carlomagno al papa León III. El precioso Cristo románico continúa siendo consuelo para los peregrinos que, de todos los confines, llegan a admirar su talla y a pedirle fuerza para ser testimonios vivos de su mensaje universal.

Los monjes de San Benito, aunque sus monasterios no suelen encontrarse en la Ruta Jacobea y es necesario desviarse, han ejercido una gran labor hospitalaria de atención a los peregrinos, a través de Cluny primero y del Císter después, que se prolonga hasta nuestros días, aunque son escasas las abadías habitadas.

Nos gustaban las piedras y su lenguaje, pero nos sentíamos saturados, con un ligero síndrome de “Sísifo”. Dimos un largo paseo compartiendo con otros viajeros y turistas. Reims es una ciudad que invita a caminar, con muchas zonas peatonales, avenidas y parques con fuentes que dan un toque de frescura.

Como a todas las mujeres nos gustan las compras, deambulamos a gusto por la variedad de tiendas, donde a veces hay promociones interesantes. Sergio dijo que no quería ser cómplice de cómo nos gastábamos los euros, y nos esperó sentado ante una gigantesca copa de helado.

El tour en bicicleta decidimos dejarlo para mejor ocasión. El velocípedo tiene un gran protagonismo en estas ciudades europeas, y nos apetecía, pero no confiábamos en los elementales de las nubes y el viento que, muchas veces, se muestran caprichosos.

(De mi novela El Códice de Clara Rosenberg).

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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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