"El Gobierno tardó varias semanas en declarar luto oficial, como si fuera algo vergonzoso"

Luis del Val: «Sánchez, que acaparó tanto protagonismo con el cadáver de Franco, ahora desprecia a 40.000 muertos»

"Politizar a los muertos es una repugnante costumbre española, pero despreciarlos por algún prejuicio desconocido puede que sea una nueva etapa de esa extraña relación que algunos políticos mantienen con los muertos"

Luis del Val: "Sánchez, que acaparó tanto protagonismo con el cadáver de Franco, ahora desprecia a 40.000 muertos"
Pedro Sánchez le da más importancia al cadáver de Franco que a los más de 40.000 fallecidos por el Covid-19.

Luis de Val clava este 12 de julio de 2020 una columna de obligada lectura sobre el desprecio que Pedro Sánchez ha tenido hacia los fallecidos por el coronavirus y sus familiares.

Recuerda el columnista del ABC como desde el Gobierno, especialmente con el PSOE liderándolo, se ha tratado de jugar con los muertos y utilizarlos a mejor conveniencia:

A partir del año 2012, poco después de que ETA dejara de matar españoles –siendo presidente del Gobierno José Luis Rodriguez Zapatero–, comenzó una campaña gubernamental, sin disimulos, en la que los cadáveres recientes, asesinados por los terroristas, pasaban al olvido, mientras cobraban actualidad los asesinados hacía tres cuartos de siglo, durante la Guerra Civil. En la retaguardia de aquella terrible guerra entre hermanos, delatores, resentidos y miserables de los dos bandos llevaron a cabo fusilamientos execrables, basados en el egoísmo y la venganza, y sin que los fusilados merecieran ni siquiera una tumba. La misión del recuerdo venía acompañada de una Ley de la memoria Histórica donde se adulteraba la Historia, porque parecía que todos los asesinos eran de una facción y todas las víctimas de otra, lo cual está demostrado que no es cierto.

Apunta que en el caso de Rajoy los muertos guerracivilistas pasaron a un segundo plano porque había que afrontar una durísima recuperación económica. Pero con Sánchez se reactivó la búsqueda de esos fallecidos y seguir forzando la maquinaria para sacar a Franco del Valle de los Caídos:

El desastre económico se llevó por delante a Rodríguez Zapatero, llegó Rajoy a intentar –y lo logró– evitar el funesto rescate y los muertos pasaron a segundo plano, pero en cuanto Pedro Sánchez llegó a La Moncloa se reverdecieron las búsquedas en las cunetas, los homenajes –merecidos– a los asesinados, eso sí, siempre que los asesinados hubieran pertenecido a una determinada ideología afín a la izquierda.

Y llegó la pandemia. Y sería una canallada echar sobre los hombros del Gobierno a los muertos, pero no lo es negar el aplauso a una gestión con notables desaciertos, opaca, donde todavía se insiste en la puerilidad de rebajar el número de víctimas, y está en el recuerdo la impericia e imprudencia de no poseer mascarillas, solucionadas con el «no son necesarias», una de esas mentiras que no puede taparse con el paso de los calendarios.

Critica Del Val la tardanza de Moncloa en decretar el luto oficial:

No sólo eso, sino que se tardó varias semanas en declarar luto oficial, como si fuera algo vergonzoso, y se declaró con el mismo entusiasmo con que alguien se deja arrancar una muela.

Además, durante los momentos más duros, cuando los cadáveres sumaban varios centenares todos los días, cientos de familiares no pudieron ni siquiera dar el último adiós a su padre, a su esposa, a su hijo, añadiendo más sufrimiento al dolor para convertirlo en un suplicio.

Y resalta como Sánchez, que hizo campaña con un cadáver como el de Franco, quiso evitar la foto que homenajeaba póstumamente a más de 40.000 muertos:

Por eso, la Conferencia Episcopal tuvo la iniciativa de celebrar un funeral en memoria y recuerdo de tantos miles de españoles que habían sido víctimas de la pandemia. Y se sumaron la Familia Real, las presidencias del Congreso y del Senado, los representantes del Poder Judicial y los representantes de otras confesiones religiosas, porque el funeral era un recordatorio a esas personas fallecidas y a sus familiares, sin excepción y sin cuestionar su religión o su ideología. Todas las instituciones acudieron con sus titulares, excepto el Gobierno, que envió a una de las vicepresidentas, porque Pedro Sánchez, que tanto protagonismo acaparó con un muerto en el Valle de los Caídos –eso sí, un muerto relevante–, no pareció considerar necesario que su entusiasmo en la labor fuera el mismo cuando habíamos pasado de los cuarenta mil cadáveres.

Politizar a los muertos es una repugnante costumbre española, pero despreciarlos por algún prejuicio desconocido puede que sea una nueva etapa de esa extraña relación que algunos políticos mantienen con los muertos.

El chino franquista la lía parda en la exhumación de Franco

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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