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Carlos Dávila: «Nuevas fechorías del Pinocho Sánchez, blanqueador de etarras»

“Quien crea que este gemido miserable de Sánchez se le ha ocurrido de pronto sin ninguna intencionalidad política, es un estúpido”

Carlos Dávila: "Nuevas fechorías del Pinocho Sánchez, blanqueador de etarras"

No me resisto a dejar de transcribir la declaración de principios que hizo Sánchez (llevaba seis meses en La Moncloa) para convencer a los votantes de su partido en una actuación interna que fue grabada y expandida para acrecentar la pose política de Sánchez como un político creíble y honrado, y de paso, para desmentir los ataques que recibía de la oposición y los medios de comunicación independientes por sus continuos engaños.

Eran los días en que había fracasado el primer intento de Gobierno de coalición con los leninistas. Aquí pues va la transcripción. Es una joya:

“Yo le digo a los votantes de Podemos que están defraudados con la intransigencia de Iglesias que confíen en mí y en el Partido Socialista porque he demostrado que cumplo con mi palabra. Lo que planteó Iglesias es “yo vicepresidente y controlando todo: los fiscales, la Justicia, los espías… Él anteponía sus intereses personales a los generales y, además, con el apoyo de los independentistas, que tienen una representación legítima, pero que yo creía que esa no era una opción de Gobierno para España. ¿Por qué?, porque no puedes gobernar con aquellos que quieren romper España. Nosotros no podemos entendernos con una opción política que defienda la fragmentación de España, el derecho a la autodeterminación del País Vasco y de Cataluña. He demostrado que soy un político honesto que no me iba a echar en manos de Iglesias o de los independentistas. He demostrado que no voy a vender mi alma al diablo con tal de ser presidente del Gobierno. He demostrado que soy un político sin dobleces, que no tengo ninguna carta escondida debajo de la mesa. Yo pacto sobre contenidos y por el interés general no por los intereses particulares. El problema con Iglesias no son los contenidos, son los sillones”.

Palabras literales de Pedro Sánchez seis meses después de acceder, tras la moción de censura contra Rajoy, a la Presidencia del Gobierno.

Toda esta catarata de propósitos, de mandangas en suma, se las transmitía más, ¡fíjense! a los militantes del PSOE que aún estaban descolocados con la peripecia de las elecciones primarias, que al propio país, porque él, en definitiva, y como una vez confesó a un grupo de periodistas ya veteranos, el secretario de Estado de Comunicación:

“No está aquí para complacer a los que no le votan, sino para alentar un proyecto casi revolucionario».

Como suena. Esta corta transcripción debería valer ahora mismo para descalificar para siempre a un personaje que ha hecho, un año después, todo lo contrario de los que vendía ante sus propios correligionarios que, sin embargo, ni se mueven porque, según las encuestas siguen apoyándole. Ha inoculado el virus del odio a la derecha y este sigue infectándolo todo.

Este jueves, un senador del Reino que asistió el día anterior a la sesión en que Sánchez “lamentó profundamente” el suicidio del terrorista Igor González, hablaba así al cronista:

“Quien crea que este gemido miserable de Sánchez se le ha ocurrido de pronto sin ninguna intencionalidad política, es un estúpido”.

Y me añadía: “Sánchez ha pactado ya con Bildu, a los que ni siquiera se refirió antes de ser presidente, y ha acordado incluso los términos con los que se refiere a los antiguos etarras, a los asesinos de la banda ahora les llama generosamente “presos vascos””.

Es cierto que en este detalle muy significativo de la intención de Sánchez poca gente ha recaído: lo seguro es que en muy pocos meses Sánchez ya ni siquiera les denominará “vascos”, sino directamente “presos políticos”.

Sánchez volvió a mentir esta semana cuando refrendó en el Congreso que él nunca pondría en jaque a la Constitución como, según acusó, sí que lo hace el Partido Popular.

Ahora resulta que en su opinión Bildu y Podemos son más respetuosos con nuestra norma suprema que uno de los partidos fundadores de la Constitución, pero, ¡hasta qué grado de abyección puede llegar este individuo! Pues la respuesta es necesariamente ésta: hasta el que le permita el pueblo español, una parte del cual se ha estremecido estos días con la nueva y supuesta corrupción del PP.

Sospechosamente, estas informaciones judiciales han sido filtradas al tiempo que se conocen las múltiples fechorías de Pablo Iglesias en el caso Dina y las abundantes irregularidades financieras en el partido que lidera este sujeto. Sánchez no se ha referido en ningún momento a ellas.

Tiene a la Fiscalía General del Estado para realizar el trabajo más sucio de la democracia: tapar las vergüenzas de su socio y vicepresidente: Ambos han apoyado sin embargo una Comisión de Investigación para que Rajoy y el propio Casado comparezcan en el Congreso, mientras veta otra para que su conmilitón ofrezca explicaciones de sus golferías en la misma Cámara.

Este presidente es un mentiroso, quizá ni siquiera hiciera falta la transcripción que hemos recogido líneas arriba, pero, aparte del jefe de los embustes nacionales, es algo mucho más peligroso: ya se ha convertido en blanqueador de los etarras, esos a los que compadece porque se suicidan en la prisión. Un bochorno nacional que no tiene límite.

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