El tiempo puede abatirte; el tiempo puede ponerte de rodillas; el tiempo puede romperte el corazón y destrozarte arrastrándote por el suelo.
Y con el correr de los años, inmersos en un carrusel de quejidos y lágrimas, seremos moldeados en la fragua de la parca; templados a base de golpes, fuego, espumarajos y rabia.
Cantos dolidos en la noche, por un mañana que ya no llegaba; mientras seguíamos perdidos, deambulando en las tinieblas de una tierra sin Sol ni esperanza, envueltos en una danza de sombras que nos congelaba hasta el alma, al no haber entendido hasta ahora que la muerte nunca existió, sino que era el nuevo ´credo y sus dogmas de fe´, quien nos mataba.

