En 1908 el librepensador ucraniano Néstor Majnó, condenado a muerte por rebelde contra el Sistema, le respondió a su abogado cuando este le pidió que firmase una petición de clemencia:
“No pensamos pedir ninguna cosa a ese granuja del Zar… Esos bribones nos han condenado a muerte, entonces que nos cuelguen”.
Néstor Majnó tenía entonces 16 años de edad.
Yo me preguntó si realmente la madurez nos hace mejores personas, o simplemente nos adocena y nos hace comulgar con ruedas de molino, convirtiendo nuestros honestos idealismos de juventud en meras anécdotas, clasificadas como locuras de juventud.
Si la decencia es locura, confieso que cada vez estoy más loco, con la ayuda del sátrapa abusón de turno.
¡Asco!

