Pedro Manuel Hernández: «¿Para qué estudiar… Sra. ministra?»

Pedro Manuel Hernández: "¿Para qué estudiar... Sra. ministra?"

Diana Morant –la ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, secretaria general del PSPV-PSOE y candidata socialista a la Presidencia de la Generalitat Valenciana– ha afirmado, sin rubor y sin caersele la cara de verguenza, que «no hacen falta títulos acadamicos ni universitarios  para poder desempeñar ciertos cargos indtitucionales bien remunerados . ¿Lo ha hecho para justificar la escandalosa designación de José Mª Ángel Batalla, como comisionado designado por el Gobierno para la DANA, pese a su falta de formación, de experiencia y de carencia de titulación universitaria…?. Estas injustificables y absurdas declaraciones –lejos de ser un «buenismo» desliz retórico, revelan el gran desprecio de este Gobierno y sus ministros por el mérito, la preparación y la decencia institucional. Si es obvio que el nuevo estándar del Gobierno se resume en “tener carnet del partido, repetir el ideario sin  pestañear y obedecer ciegamente los mantras ideologicos»…¿para qué esforzarse, formarse, acumular experiencia y opositar…?

La ministra Diana Morant ha pronunciado esta semana una frase que –en cualquier país serio y democrático– sería motivo de escándalo político y de un inmediato y fulminante cese o de su autodimision. Según ella: “no hacen falta títulos para poder acceder a responsabilidades públicas.» Lo dijo con motivo de la dimision del que fuera  comisionado del Gobierno para la DANA y en su defensa, a pesar de no contar con ninguna cualificación técnica, ni científica ni académica que avalase su idoneidad.

La afirmación de Morant –no es sólo una torpeza dialéctica o una defensa mal hilada de lo indefendible– es una confesión pública y en toda regla del modelo clientelar, mediocrático y anti meritocrático que el sanchismo ha instaurado en todas las capas de la administración pública. Lo de menos es ya, la formación, la experiencia o el conocimiento. Lo único que importa es la obediencia ciega, ya que el «sectarismo ideológico» ha sustituido al clásico y obligatorio currículum vitae.

El dimitido Ángel Batalla — un conocido socialista de carnet en la Comunidad Valenciana por haber sido ex alcalde, ex senador y ex presidente del PSPV- PSOE– no ha dirigido jamás ninguna gestión de emergencias, no ha participado en ningún organismo técnico de Protección Civil, ni ha trabajado en actividades de meteorología, ni de hidrología y ni siquiera en infraestructuras hidráulicas. Su designación responde solo y exclusivamente a su perfil de «hombre del partido», es decir, a su disponibilidad para decir «sí a todo, sin cuestionar, sin pensar y, por supuesto, sin molestar al «puto amo».

¿Y qué hace la ministra de Universidades –cargo desde el que se supone– que su misión principal es fomentar la formación, la investigación y la excelencia académica…? Lo justifica –no con vergüenza o prudencia–, sino con orgullo, desdén y chulería. Para Morant, los títulos académicos y universitarios son innecesarios, como si el conocimiento fuera un adorno o un abalorio carente de valor. Este, su mensaje es muy peligroso, sobretodo cuando se lanza desde el propio Ministerio que debe velar por la calidad del sistema universitario español.

Imaginemos por un momento que esta lógica se aplicara a otros ámbitos. ¿Hace falta un título para ser cirujano? ¿Y para diseñar un puente? ¿O para pilotar un avión comercial? ¿O, ya que estamos, para ser ministra de Ciencia? Si esta deriva anti intelectual y populista sigue expandiéndose, pronto bastará con ser «activista en redes sociales» –Facebook,  Instagram, Twitter, YouTube, TikTok…–para dirigir prestigiosos  hospitales, redactar leyes, gestionar catástrofes naturales…etc.

El nombramiento de Ángel Batalla no es un caso aislado. Es solo la punta del iceberg y otro síntoma más de una enfermedad institucional grave que se ha cronificado: la colonización partidista del Estado. Lo vimos con la Fiscalía General del Estado, con la abogada general del Estado, con los vocales del CGPJ, con el CIS, con RTVE, y hastaz con el INE. Todos los organismos que deberían ser independientes y estar bien gestionados por expertos han sido arrasados por la ilógica del control político total.

Lo de Batalla añade una dimensión aún más insultante: hablamos de una figura encargada de coordinar la respuesta institucional ante terribles  desastres naturales como la  DANA, donde hay muchas vidas humanas en juego y pérdidas materiales millonarias ¿De verdad es este el momento para colocar a un militante sin ningún tipo de formación ni cualificación específica ad hoc…? ¿No había nadie en Protección Civil, en AEMET, en la UME, en los colegios profesionales de ingenieros o geógrafos con mayor preparación y solvencia técnica…?

El sanchismo ha hecho del desprecio a la excelencia su objetivo y bandera. Y no se trata de «elitismo» –como algunos intentarán vender– sino de algo muy básico y elemental, aunque muy necesario y obligatorio: es que las personas que ocupen cargos públicos tengan las mínimas capacidades demostrables y exigibles para el desempeño de sus funciones. Aunque en cualquier democracia avanzada, –eso sería una perogrullada obviedad– aquí, es motivo de escarnio para los propios miembros del Gobierno y sus adláteres.

No es casualidad que los países que más apuestan por el mérito y la formación sean también los que tienen instituciones más sólidas y ciudadanos mejor atendidos.
En cambio, España lleva ya años resbalando por una peligrosa pendiente donde el sectarismo político está sustituyendo a la capacitación académica  y, el resultado lo vemos día a día desde que nos gobierna esa coalición socialcomunista tan progresista y feminista : improvisación continua junto a una total negligencia y una administración que cuando no calla, no suele responder a casi nada.

Con afirmaciones como la de Morant –no sólo se degrada y ningunea el valor del título universitario– sino que se desprecia a miles de jóvenes que estudian con esfuerzo, a familias que hacen sacrificios para que sus hijos se formen, y a profesionales que se han preparado durante años para servir con rigor a su país. Se les dice, en resumen, que no importa lo que sepan, sino a quién conozcan y voten.

Es el triunfo del enchufe, del compadreo, del bochorno y del cinismo. Es el mismo que calla cuando se nombra  embajadores a cambio de favores o que perdona másteres fantasmas a dirigentes del PSOE sin sentir vergüenza alguna y sin pestañear.

La frase de Morant pasará a los anales de la historia del descrédito institucional y universitario español  Pero mientras este Gobierno siga premiando la lealtad sobre el mérito, seguirán arrivando al poder a dedo más Batallas  más mentirosos, más desprestigios y, por supuesto, más dimisiones ¿Para qué estudiar, ministra, para qué…? Usted misma nos ha dado la respuesta exacta y, esta, a parte de desoladora, es casi tan intelectual y profunda como la de su «compañera de filas» –la ex ministra Calvo– cuando soltó aquel profundo axioma de la moderna teoría económica y dijo que » los fondos públicos se pueden gastar alegremente y sin control ya que al ser públicos, no son de nadie». ¡ Ante tales y tan profundos axiomas, deberían Uds. dos –señoras ministras– ser propuestas para ambos Premios Nobeles : de Ciencia e Investigación y de Economía de Mercado!

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Autor

Pedro Manuel Hernández López

Médico jubilado, Lcdo. en Periodismo y ex senador autonómico del PP por Murcia.

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