No voy a insistir en que a la fuerza ahorcan, viejo refrán que se usaba antaño para subrayar que alguien hace algo porque no le queda otro remedio.
Pero lo cierto es que nos hemos despertado esta mañana con un ejemplo clamoroso de rendición ante lo ineludible.
El PP, que llevaba cinco años instalado en la ficción de que podría gobernar en solitario sin contar con VOX, se ha caído por fin del caballo.
No son los populares los únicos que se han enterado de que, frente a la degradación, la inmundicia, la corrupción y el latrocinio de Sánchez, la España decente debe actuar coordinada, en bloque.
El cambio de chaqueta en el periodismo patrio es de aurora boreal.
Pedrojota, que ayer pedía al PSOE que se abstenga en Extremadura y Aragón para que Guardiola y Azcón no tengan que depender de VOX, sale hoy diciendo que el PP debe mantener “su identidad y hegemonía” en sus pactos con los de Abascal.
Ya nos detallarán estos mastuerzos lo que entienden por “identidad” y si implica las leyes de género, el cambio de sexo en notaría, los hoteles para MENAS, los chiringuitos, las subvenciones a los sindicatos comegambas, la regularización masiva de ilegales, la Agenda 2030, censurar internet y otras zarandajas.
Feijóo, conmovido por el baño de realidad que le han dado las elecciones aragonesas, ha modificado su discurso y, tras la Junta Directiva Nacional, ha llamado a los suyos a no repetir “errores del pasado” y ha enfatizado que PP y VOX no son lo mismo, pero tienen “puntos de acuerdo coherentes” en su lucha contra el sanchismo.
En otras palabras: se van a dejar de mamonadas estilo Guardiola y actuarán a partir de ahora con la premisa de que VOX es mucho más democrático, español y respetable que Bildu, ERC, Junts, PNV y los zarrapastrosos que han hecho posible al marido de Begoña medrar casi ocho años en La Moncloa.
Feijóo emplazó ayer a Abascal a entrar de nuevo en los Gobiernos autonómicos e implicarse en la gestión.
La negociación no va a ser fácil, pero parece estúpido que el centroderecha español se pegue un tiro en el pie y se niegue a ir unido, porque los periodistas progres, los sectarios, los separatistas y los socialistas claman que el sector más nacional, más claro y patriota es un peligro.
El espantajo de la ultraderecha, agitado por el amoral que debe la presidencia del Gobierno a golpistas, xenófobos, chavistas y proetarras, no cuela ya.
Ni en Extremadura, ni en Aragón, ni en Castilla y León, ni en Andalucía…
Ni siquiera en Génova 13.