Es para miccionar y no echar gota.
Y es que Óscar Puente le ha cogido gusto a eso de comparecer durante horas, al estilo de los dirigente chavistas, pero mareando la perdiz y sin decir absolutamente nada coherente.
Las cinco horas de presencia del ministro de Transportes en el Congreso de los Diputados para explicar lo sucedido con los trágicos accidentes ferroviarios de Adamuz (Córdoba) y Gelida (Barcelona) —que dejaron 47 muertos y más de 150 heridos—, sirvieron para que encontrase al ‘gran responsable’ de todo el desastre: el cambio climático.
Sí, no es una broma gótica. Mientras la oposición conformada por el PP y VOX, pedía explicaciones por el estado de las infraestructuras, las supuestas «roturas espontáneas» de carriles y el corte de la línea Madrid-Sevilla que sigue sin fecha de reapertura, el ministro optó por desviar la mirada hacia el cielo y culpar a las «tendencias meteorológicas actuales» que, según él, «ponen en jaque el paradigma con el que se concibieron las infraestructuras».
Puente insistió en que fenómenos extremos —como las «mayores lluvias en Cataluña en 76 años»— son «una consecuencia directa del cambio climático» y que estos eventos «han venido para quedarse».
Tanto es así que los parámetros tradicionales de mantenimiento ya no valen, según sus palabras. Curiosamente, dedicó buena parte de su intervención a hablar del caos en Rodalies (Cataluña), donde un muro cedió por el temporal, pero sobre Adamuz —donde un descarrilamiento seguido de colisión entre un Iryo y un Alvia causó 46 fallecidos— evitó entrar en detalles técnicos profundos:
Me gustaría hacer una primera reflexión sobre lo que confluyó la semana del 20 de enero, que en ningún caso responde a ninguna acción concreta de Adif ni Renfe en Cataluña. En primer lugar, está la cuestión climatológica. Se ha pretendido negar en estos días, pero como luego indicaré, se produjeron dos desprendimientos de taludes en muy pocos minutos. Se dice que ha llovido poco en Cataluña, que no ha llovido tanto como para que la climatología esté en la raíz de los problemas que hemos vivido la semana pasada. Quiero que quede claro, la red de Rodalíes es una red que discurre en muchos de sus tramos en trinchera por parajes naturales, que tiene numerosísimos taludes a su alrededor y que en estas circunstancias se ha visto seriamente afectada.

Solo les voy a dar dos datos. Uno. El segundo es del Servicio de Meteorología de la Generalitat de Cataluña, Meteocat, que describía las lluvias acaecidas la semana pasada como las mayores en 76 años en Cataluña. Había que remontarse a 1950 para encontrar un dato similar, por ejemplo, en las comarcas de Reus, en Granollers, en otros lugares de la geografía catalana. Apunten el segundo. Las cuatro provincias catalanas, salvo el sur de Tarragona, se encuentran en estos momentos en un 100% de saturación hídrica. Quiere decir que no tiene el suelo de Cataluña ninguna capacidad para absorber una gota más de agua que caiga del cielo. Mucha o poca, las provincias de Cataluña no están en condiciones de absorberla.
Y quiso generalizarlo al resto del territorio:
¡Ojo, esta cuestión no solo es predicable de Cataluña en estos días! Es predicable de provincias como Jaén, por ejemplo, y al respecto, y seguramente en el debate habrá oportunidad de discutirlo, llamarles la atención sobre los fenómenos meteorológicos extremos que se están produciendo en nuestra geografía, ante los que algunos quieren cerrar los ojos, ponerse anteojeras, no quieren ver, no quieren escuchar. Esto está sucediendo, es una consecuencia directa del cambio climático que estamos viviendo y es una afectación a nuestras infraestructuras sobre las que no valen los parámetros con los que hemos estado trabajando en los tiempos pretéritos, incluso en el tiempo presente. Esto está aquí para quedarse, nos va a ocasionar terribles problemas y pone en jaque nuestras infraestructuras y el paradigma con el que se concibieron en años pretéritos.