Arte y belleza. 16. Subjetividad creadora

Por José María Arévalo

(Acuarela de Ann Pember en amantesdelaacuarela. blogspot.com)(*)

Hemos llegado al último capítulo de la conferencia del arquitecto vallisoletano Javier Lopez de Uribe que estamos publicando, con algún comentario, en esta serie sobre Arte y Belleza. Este último apartado de la conferencia, que titula “Consideraciones finales sobre los artistas”, tiene tal riqueza de ideas que he considerado conveniente publicarlo en dos artículos, este el primero, y dentro de quince días el definitivamente final de la serie, que podría titularse “El artista que sufre”.

En “Consideraciones finales sobre los artistas” dice López de Uribe: “Terminaremos comentando algunos rasgos o características que pueden ayudamos a comprender un poco mejor la personalidad del artista, esa persona casi siempre «voluble, apasionada e impresionable» (Alejandro Diez Blanco, Estudio crítico sobre «Formas de vida» de Eduardo Spranger, Boletín n.o 24 de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid, 1972, pág. 104) que posee tan riquísimo mundo interior. En una lección pronunciada en la Cátedra de Poética Charles Eliot Norton de la Universidad de Harvard, Igor Stravinsky decía: «La facultad de crear nunca se nos da sola. Va acompañada del don de observación. Se conoce el verdadero creador en que encuentra siempre en derredor, en las cosas más comunes y humildes, elementos dignos de ser notados. No le es necesario un paisaje bonito; no le es preciso tampoco rodearse de objetos raros o preciosos. No tiene necesidad de correr a la búsqueda del descubrimiento, porque lo tiene siempre al alcance de la mano. Le bastará echar una mirada alrededor. Lo conocido, lo que está en todas partes, es lo que solicita su atención. El menor accidente lo retiene y dirige su operación. Si el dedo resbala lo notará, y oportunamente sacará provecho de este imprevisto que le ha sido revelado por una falla» («Poética musical», Emecé 2.», Buenos Aires, 1946, págs. 61.62)

Dicho –continúa López de Uribe- con otras palabras: «El artista es ante todo un hombre que ve más profundamente que los demás, y que descubre en lo real resplandores espirituales que los otros no saben discernir». Como su inteligencia no es causa de las cosas como lo es la inteligencia divina, no puede extraer la forma de la belleza «toda entera de su espíritu creador, sino que ha de buscarla primeramente y ante todo en el inmenso tesoro de las cosas creadas, de la naturaleza sensible como del mundo de las ideas, y del mundo interior de su alma». Produce «de una materia preexistente, una creatura nueva, un ser original, capaz de emocionar a su vez a un alma humana». El artista «es como un asociado de Dios en la factura de las obras bellas; desarrollando las facultades que el Creador puso en él… Y usando de la materia creada, crea, por así decirlo, en segundo grado» (Jacques Maritain, «Arte y Escolástica», págs. 78 y 79.). Continúa la creación de Dios, se funda en ella, re-crea.

El artista además tiene que ser fiel y obediente a su intuición creadora; ésta es la primera y más importante de las reglas de su actuar, y de las Bellas Artes en general. Si le falta la intuición creadora, podrá realizar también una o varias obras, pero no tendrá nada que decir en ellas; serán opacas, sin brillo, no expresarán su subjetividad creadora ni por lo tanto la riqueza mil veces multiplicada de relaciones, correspondencias, analogías y reflejos que llevan consigo las auténticas creaciones del espíritu.

Cita ahora López de Uribe a Benedetto Croce, que en su tratado subjetivista de Estética comenta: «Se oye con frecuencia decir a algunos que tienen en la mente muchos e importantes pensamientos, pero no aciertan a expresarlos. En verdad, si realmente los tuvieran, los habrían acuñado en tantas hermosas palabras resonantes y, de consiguiente, precisas… Miguel Angel sentenciaba que se PINTA CON EL CEREBRO, NO CON LAS MANOS; Leonardo escandalizaba al prior del Convento de las Gracias con aquel sucederse de días enteros ante la Cena, absorto, con el pincel en la ociosidad, y decía que «los Ingenios elevados cuanto menos trabajan más producen, buscando con la mente la invención». El pintor es pintor porque ve lo que otro únicamente sabe sentir o entrevé, pero no ve… Cada uno de nosotros tenemos algo de pintores, de músicos, de poetas, de prosistas; pero ese algo es muy poco comparado con los que llamamos tales, precisamente por el elevado desarrollo que en ellos alcanzan estas comunes disposiciones y energías de la naturaleza humana» (Benedetto Croce, «Estética», F. Beltrán, Madrid, 1926, págs. 54-57).

También Pío Baroja destaca, dentro de su terreno concreto, la gran importancia de la inspiración: «La invención no es cosa que se aprende. Hay chicos imaginativos que forjan historias, cuentan cosas raras que creen que han visto o que han soñado, a base de un detalle insignificante. En cambio, a otros chicos no se les ocurre inventar nada. La energía de los sentimientos tampoco se aprende. Unos la tienen; otros, no… Para mí, en la novela y en todo el arte literario, lo difícil es el inventar; más que nada, el inventar personajes que tengan vida y que nos sean necesarios sentimentalmente por algo. La imaginación, la fantasía, en la mayoría de los hombres, constituye un filón tan pobre, que cuando se encuentra una veta abundante produce asombro y deja maravillado. El estilo y la composición de un libro tienen importancia, claro es; pero como son cosas que se pueden mejorar a fuerza de trabajo y de estudio, no dan esa impresión fuerte y sugestiva de la creación intuitiva» (Pío Baroja, «La intuición y el estilo», en «Obras completas», Biblioteca Nueva, Madrid, 1949, t. VII, 1042-3).

Dejamos aquí el tema para el próximo día, dentro de quince, si Dios quiere, en que seguiremos la conferencia del arquitecto vallisoletano López de Uribe en sus consideraciones finales sobre el sentimiento y sufrimiento del artista.

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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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