Acuarela: Noveno paso, “contrastar”

Por José María Arévalo

(Acuarela de Matías Sansó. 14,5×21) (*)

Se nos ha pasado un año sin dar un paso más en estas sesiones –por no decir lecciones- de acuarela por «emilio» y por la red, interrumpidas a raíz del desprendimiento de retina que sufrí el verano pasado y del que estoy a punto de salir felizmente cuando –la semana que viene, espero- me quiten por fin la catarata que me quedó por la operación. Tampoco he actualizado mi blog personal, ni trabajado la acuarela en casa, limitándome a pintar, en el campo y en la sede de nuestra asociación, con los compañeros, los días previstos, que no son pocos, y a dirigir el taller de iniciación de aquella, un día a la semana, que tampoco es moco de pavo. Y hemos mantenido la correspondencia por correo electrónico con Reyes, Antonio, alguna del taller que hizo un alto en él, y últimamente otro de mis hijos, Juanito, que tiene buena mano para el dibujo y que por fin se ha enfrentado con la acuarela en el poco tiempo de que dispone. En este periodo hemos avanzado mucho –como les he comentado en varios artículos sobre la actividad de la asociación y algunas exposiciones-, ellos más que yo. Seguimos todos luchando con el trabajo en húmedo, y con la cuestión que vamos a comentar hoy, conseguir el suficiente contraste en nuestras acuarelas, sin pasarnos.

Ciertamente hay acuarelas cuyos tonos son muy contrastados, a base de incluir zonas con mucho pigmento junto a otras de papel en blanco. Recuerdo algunas de roderas en el campo, de rompientes en la costa, o de cascadas en el río, verdaderamente sorprendentes. Son motivos que lo agradecen, pero los habituales, sin necesitar tan enormes contrastes, también se mejoran si hay un buen contraste entre luces y sombras –sobre el trabajo en estas últimas versó el último “paso” de esta serie-. A veces se requiere justo lo contrario, evitar los contrastes, como cuando pintamos la niebla o un día muy gris. Pero lo más habitual, ya digo, es afrontar temas luminosos, en los que si no se busca el contraste, queda la acuarela “quemada”, por usar el término fotográfico que indica el exceso de exposición o luz. En acuarela, el contraste se consigue, fundamentalmente, de dos formas: con los colores y con la cantidad de pigmento. Tono y color son las claves para conseguir una acuarela contrastada.

El recurso fácil para intensificar un motivo es meter mucho pigmento. Recurso fácil y grosero, ya que una de las características de la buena acuarela es la transparencia, que se pierde si tapamos el papel con el pigmento. El papel debe verse siempre bajo las pinceladas, hay que huir de la opacidad como del diablo. Para evitar la acumulación de pigmento, normalmente lo que hacemos es humedecer primero la zona y añadir después el pigmento casi puro, tomado directamente del tubo, que se espande sobre el papel mojado, y produce buenos efectos al diluirse en el agua.

La dificultad en este sistema es el control de la espansión. Es el gran problema del trabajo en húmedo. Hay también dos –vamos por pares hoy- soluciones para conseguir ese control: humedecer justo el espacio limitado al objeto (por ejemplo el tejado, un tronco, o una parte de ellos); o dejar secar bastante, pero no del todo, la zona para que el pigmento no se espanda tanto, que es lo típico del trabajo en húmedo, como ya hemos comentado en “pasos” anteriores, aplicado el pigmento cuando, puesto el papel inclinado un poco y al bies, todavía reluce el agua, pero no cae.

(El Pisuerga en la Playa del Pinar. Acuarela de J.M. Arévalo. 34×46) (*)

Calcular bien la cantidad de agua sobre el papel y la cantidad de pigmento en el pincel, solo se consigue con el tiempo. Es una intuición, la intuición del maestro, y a eso –entre otras cosas- llamamos tener mano. Hay que tener mucha mano para pintar bien en húmedo. Y, dada la pincelada sobre húmedo, todavía se puede aprovechar lo que va haciendo el agua, añadiendo en un punto otra pella de pigmento para destonificar (que no quede plana la mancha cuando seque), cargando pigmento en el borde inferior o ampliando con el pincel una zona de espansión (para que mezcle, por ejemplo, con un motivo ya pintado), o acortándola (rebanando la parte superior de lo pintado).

Estos días en que ya el calor dificulta el trabajo en húmedo, conviene echar un poco de glicerina al agua (en proporción 1/10 por ejemplo, cada uno tiene que encontrar el punto que le conviene, según sea el papel que usa y el calor que hace).

En seco, conseguir la intensidad del pigmento también tiene su dificultad. La experiencia nos dice que al secarse los colores pierden mucha intensidad, de forma que hay que dar las pinceladas con más pigmento, aunque en la primera impresión parezca que nos hemos pasado. También esto de cargar el pincel con suficiente pigmento requiere mucha “mano”. Si no nos queda, al secar, suficientemente intenso, podemos dar otra pasada encima, lo que añade más pigmento. En seco es posible sin que se note mucho la sobreimpresión, y es preferible a cargar demasiado en la primera aplicación, porque rebajarla después, que también es posible, pasando el pincel humedecido, se nota más, sobre todo en los bordes.

Y queda el gran tema de conseguir contrastes con los colores, que es lo más difícil de todo, y a lo que tendríamos que aspirar. Se trata de colocar temas pintados con colores de mucha luz (amarillos, naranjas, verdes) próximos a los con menos luz, azules, violetas, y cualquier otro color que se acerque al negro. La variedad de negros posibles es enorme, y ahí también se ve si tienes mucha o poca “mano”. Yo reconozco que no he conseguido contrastar solo con el color, sin meter más intensidad, más pigmento. A lo mejor es un “desideratum”. Así que de momento lo que podemos hacer es combinar ambos sistemas, color y carga de pigmento. Que por lo demás es lo habitual, tampoco nos rompamos el coco. Y en algún punto, conseguir el contraste entre colores, que es lo que más salta a la vista. Como hace mi amigo mallorquín Matías Sansó en la acuarela que encabeza este artículo, y he intentado yo en esta de la segunda página.

Un último consejo, que estamos usando en el taller de iniciación estos días: dejar blanco –reserva- en torno a cada uno de los temas que componen el cuadro, como un halo encima de cada matorral, cada tejado, cada rama. Después se puede tapar un poco pasando el pincel húmedo por los excesivos blancos. Así se delimitan mejor las zonas, y se contrasta entre ellas.

—
(*) Para ver las fotos que ilustran este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm9.staticflickr.com/8011/7345476184_0047015315_c.jpg
http://farm9.staticflickr.com/8160/7345476196_8e4e72ce4c_c.jpg

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

Lo más leído