Ambigüedades delictivas

Por Carlos de Bustamante

(Viñeta de Caín en La Razón del pasado día 24 de Enero)(*)

¿Ambigüedades…? Bueno, si usted lo dice…: “Sujeto jurídico y soberano”. “Derecho a decidir su futuro”. Por si se les hubiera olvidado, les recuerdo que hace varios meses y en este mismo blog escribí:“¿Se repetirá la historia?”. Y también en un comentario a un amigo: “¡¡qué asco!!”. Craso error si por tan descabelladas e “imposibles” determinaciones (¿ambiguas?) del parlamento catalán, nos invadiera la tristeza, el pesimismo o el desánimo. Y mayor aún si por tamaño disparate cundiera el desánimo por la necia contrariedad. Todavía resuenan en nuestros oídos los cánticos: ¡¡Soy español, español, españooool!! ¡sólo porque nuestro equipo de fútbol ganó por méritos propios el campeonato del mundo…!

¿No surgirá, me pregunto, el grito unánime de “todos los españoles” que, a la hora de la verdad, clamen por la unidad de España, cuando está “en juego” algo mucho más importante que una competición deportiva? La insensatez descabellada de unos pocos-igual que si son muchos- debe incrementar la confianza en que nuestros próceres, altos y bajos, no van a consentir la esquizofrenia de los que, endeudados hasta las cejas por el horroroso tripartito, buscan tapar la ignominia con otra mayor y altamente ruidosa.

¿No será, me sigo preguntando, una descomunal equivocación minusvalorar la gestión del que mayoritariamente hemos elegido con el voto los españoles? Mal está que nos invada la tristeza por lo que en absoluto es irremediable y que “no va a ocurrir”; pero peor aún retirar nuestra confianza y apoyo a quien me niego a denostar y propalar desconfianza incluso con acusaciones falsas e injustas. Natural la impaciencia de quien por lo mucho entregado en primera persona o en la de sus mayores, dejaron en nuestra tierra el don más preciado del hombre, cual es la vida. Pero mucho más razonable y ¡eficaz! trasmitir el apoyo confiado hacia aquéllos que libremente pusimos las riendas en sus manos.

¿Y si éstos parece que nos fallan? Una cosa, digo, es “parecer” y otra distinta afirmar. Y aún así ¿sabremos con certeza los “modos y tiempos” de la nada fácil ciencia política? ¿No cabe la obligada prudencia en decisiones de importancia suma? ¿Acaso no surge, hoy por desgracia con excesiva frecuencia, datos nuevos y aconteceres por los que pueden hacer necesario el cambio de los planes o programas previstos?

Sí; de acuerdo que en tiempos felizmente pasados de la república el señor Presidente declaró, por causas si no iguales, un mucho parecidas, el estado de guerra en España y con las fuerzas garantes de la unidad de España, la estupidez duró menos que un caramelo a la puerta de un colegio… Pues calma, mis amigos impetuosos, que las Fas siempre están “de guardia” a disposición de lo que la Patria necesite.

En la querida Región, hay millones de españoles de bien que, por mucho que pretendan los locos de atar, siempre se opondrán a esos planes siniestros. Nunca los van a llevar a cabo. Sin nerviosismos estériles, ni ellos ni nosotros se lo vamos a permitir. Y S.M. el rey ¡nunca! va a firmar esas ridículas pretensiones de los que, con ellas, pretenden-sin conseguirlo-tapar sus propias ignominias.

Más dudas tengo en la supresión de las leyes perversas con las que se amparan los criminales con bata blanca, para asesinar criaturas indefensas. Los que de sobra saben son seres humanos desde el momento mismo de la concepción. Por activa y pasiva le ruego Sr. Presidente que no defraude la confianza depositada en su persona en las urnas. Mejor que yo-viejo coronel retirado- sabe usted que hay asuntos que por su importancia están escritos en la ley natural y que ¡no son negociables!

Con todo respeto y sin perder aún la confianza, le recuerdo el fundamental derecho a la vida. Tan constitucional-pero esta ley del máximo rango- como el de la unidad de España. La libertad religiosa, que, por mi edad, me permito recordarle que su incumplimiento fue de horrorosas consecuencias en un próximo pasado. El que los insensatos, no escarmentados, se empeñan en revivir. La libertad de educación con la libre elección de centros por los padres para sus hijos. La protección a la familia, Sr. Presidente, célula primigenia, como bien sabe, de la sociedad. El bien común, Sr., que tiene su mayor enemigo en la aceptación, cuando no protección de los erróneamente denominados matrimonios entre homosexuales que privan a Dios y a la Patria de hijos para lo que el matrimonio tiene el rango de sacramento y no de pantomima en los ayuntamientos; o la sangrante explotación de tinte enteramente marxista del débil por el fuerte, cobardemente enmascarado con la retórica totalitaria por el dictador de turno, que pomposamente se autodenomina “obrero”, sin serlo, y “social” cuando de eso, ni por lo más remoto.

Pero, en fin, ¿qué le voy a decir que usted no sepa? Decídase, Sr., si el tiempo y las circunstancias se lo permiten. No se equivoque, por favor, en el orden de prioridad. Nos hacemos cargo de esta lista tan complicada. Pero no se entretenga, Sr., en averiguar si son galgos o podencos los que nos persiguen; porque ya sabe….

Por último y no por ello menos importante, me permito sólo señalarle, que muchas –casi todas las ambigüedades en el gobierno- pueden(y de hecho lo son) delictivas. Suerte, Sr., vista y ¡al toro!

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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