Los lunes, revista de prensa y red

“Tribunales que no son tribunales y magistrados que no son magistrados”, de Esperanza Aguirre, y “Cuestión de valores”, del general Luis Alejandre

( Viñeta de Puebla en La Razón el pasado 30 de Octubre) (*)

TRIBUNALES QUE NO SON TRIBUNALES Y MAGISTRADOS QUE NO SON MAGISTRADOS

Artículo de Esperanza Aguirre publicado en ABC el pasado 28 de Octubre

La infame sentencia del TEDH ha servido para ver con claridad los muchos errores y, en algunos casos, las traiciones de algunos políticos españoles hasta que, en 2003, se legisló con rotundidad que los terroristas tienen que cumplir sus penas íntegras. Lo único bueno de esta sentencia que se olvida de los derechos humanos de las víctimas, si es que tiene algo de bueno, debería ser el propósito decidido de no volver a cometer los errores que se han cometido en la lucha contra los totalitarios y los terroristas que quieren acabar con nuestra libertad y que quieren romper nuestra Patria. Y entre esos errores están los actuales sistemas de composición y funcionamiento de algunas de las instituciones que hemos ido creando o en las que España ha ido ingresando en las últimas décadas.

En algunos casos se trata de instituciones que se hacen llamar tribunales, compuestos por unos señores que se hacen llamar magistrados, con una palabra que en español se utiliza como sinónimo de jueces. Y que ni son jueces ni son tribunales. O que, al menos, no son jueces, como deben ser los jueces, y que no son tribunales, como deben ser los tribunales. Aunque sus decisiones tengan efectos penales y civiles que llegan a anular sentencias de nuestro Tribunal Supremo y de nuestro Tribunal Constitucional, como ha ocurrido en este caso.

Veamos dos ejemplos: el español Tribunal Constitucional y este europeo Tribunal de Derechos Humanos.

Los que hoy se llaman magistrados del Tribunal Constitucional no tienen que ser jueces, aunque alguno lo sea, y tienen una escasa independencia de los partidos políticos, que son los que los nombran. Una prueba de que su funcionamiento no es el de un tribunal de los normales la tenemos en la numantina resistencia que los miembros del Tribunal Constitucional han presentado a la celebración de oposiciones libres para acceder al Cuerpo de Letrados del Tribunal, prefiriendo la cooptación de juristas sin pasar por el exigente filtro de las oposiciones.

Esto, que se puede decir del Tribunal Constitucional español, ahora vemos que se puede decir también de este TEDH, a la vista de la personalidad del representante español al que se le califica de magistrado, aunque no es juez.

Luis López Guerra ni es juez ni ha acreditado nunca ningún conocimiento jurídico que le habilite para tomar decisiones de la envergadura de la que acaba de tomar. Se trata de un catedrático de Derecho Constitucional y cualquier estudiante de primero de Derecho sabe que ser juez exige dominar muchos más campos del Derecho que conocer el Derecho Constitucional.

Además, para nadie es un secreto que su trayectoria como jurista en distintas instituciones ha transcurrido siempre bajo la protección y al servicio del Partido Socialista, del que no esconde que es un militante distinguido. O sea, que no ha acreditado ni los especiales conocimientos que se deberían exigir para ser magistrado de un tribunal que tiene que dictar sentencias muy trascendentales, ni tiene la mínima independencia para dictarlas.

Por el contrario, su dependencia es total. Y la prueba es cómo ha cumplido las consignas de Zapatero, según reflejan las actas de las reuniones con ETA de los enviados de Zapatero, en las que queda claro que los socialistas españoles habían asumido la exigencia etarra de derogar la doctrina Parot.

No conozco la preparación jurídica de los otros miembros extranjeros del TEDH ni el grado de su independencia política, pero a la vista de lo que ocurre en el caso del representante español, podemos imaginar que ese tribunal ni es tribunal ni es nada y sus magistrados, pues lo mismo.

Puede ser bueno recordar que, cuando yo estudiaba Derecho, allá por los primeros años setenta, existía el Tribunal Internacional de La Haya, en el que el representante español era Don -ni ahora me atrevo a quitarle el Don- Federico de Castro y Bravo, que, por sus publicaciones y méritos, era reconocido universalmente como uno de los mejores juristas del mundo. ¡Qué diferencia con López Guerra!

Ésta podría ser una buena conclusión de lo que hoy estamos sufriendo: a partir de ahora, todos los puestos en estos Tribunales deberán ser cubiertos por personas que acrediten su preparación para juzgar en pruebas públicas y abiertas a todos. Y que, por supuesto, sean independientes de los partidos políticos. Para que no tengamos que pasar por humillaciones como la que ahora estamos viviendo.

CUESTIÓN DE VALORES

Artículo del general Luis Alejandre publicado en La Razón el pasado 24 de Octubre

Una promoción de veteranos soldados –la XVIII en términos castrenses salida de las Academias Militares con el grado de teniente hace 50 años, se ha reagrupado estos días, primero en Madrid en la antigua Escuela de Estado Mayor y después en cada uno de sus centros de formación específicos: Toledo, Segovia, Valladolid, Hoyo de Manzanares…
Habían jurado bandera en la Academia General Militar de Zaragoza, allá por 1959, el mismo día en que el entonces Príncipe Juan Carlos recibía el despacho de Teniente de Infantería. Desde entonces han seguido unidos a su persona y a su trayectoria de servicio a España. Añadiría incluso que muchos de ellos emulan al Monarca en su pasión por pasar de vez en cuando por el «taller». Son las consecuencias de los muchos años en unidades paracaidistas y de montaña, en misiones en el exterior o residuales de accidentes y heridas.

Una promoción que ha convivido y sufrido los zarpazos de este terrorismo que nos ha desgastado vilmente desde la Transición. Promoción que tiene entre sus filas al único oficial vivo condecorado con la Medalla del Ejército y al primero que mandó una Misión de la ONU en Angola en 1989, meses antes de desplegar contingentes nacionales en Namibia y Mozambique. Que tiene a quien mandó la primera Agrupación Táctica en Bosnia, o quien en plena Guerra de los Balcanes fue nombrado Hijo Adoptivo de Mostar reconociendo sus enormes méritos en acercar a dos comunidades separadas físicamente por el rio Neretva, pero sobre todo por un soterrado nacionalismo –lección que olvidamos– cainita e irracional, renacido entre dos comunidades.

Todos nos fundimos en emocionante formación, con los alféreces alumnos que pronto van a recibir sus despachos de Teniente. Cincuenta años entre generaciones nos contemplaban, lo que nos obligó a no pensar solo en el pasado, sino en el futuro. Los setentones que aguantábamos el tipo, cara al duro sol de una mañana toledana, no podíamos prever el horizonte profesional que aguardaba a aquellos jóvenes oficiales. Si nosotros en 1963 pensábamos que nuestros destinos se limitaban a las buenas unidades del Pirineo, a las Compañías de Operaciones Especiales, a las unidades desplegadas en el Sahara, en Ceuta o en Melilla o en una de las Banderas Paracaidistas y terminamos en el África meridional portuguesa, en Centroamérica ,en Bosnia, en Irak y en Afganistán, ¿qué horizontes les esperaban a estos jóvenes oficiales? ¿Qué balance presentarían dentro de cincuenta años? ¡Imprevisible!

Todo bullía en nuestras cabezas, cuando el «pater», nombre cariñoso y respetuoso con que señalamos a nuestros capellanes castrenses, nos recordó la clave para alcanzar horizontes seguros: ser honestos; ser sobrios; ser leales; hacer de la vocación un servicio a la sociedad, y serlo para siempre sin fecha de caducidad. Sea cual sea la situación administrativa, una vocación sirve mientras tiene vida. Porque la sociedad necesita el ímpetu del joven pero también la experiencia y el prestigio del veterano. Nuestros capellanes, que pueden pasar muchas veces desapercibidos, y saben estar cerca en los momentos de separación y dolor, por supuesto, también en los de reencuentro y alegría- en los que se convierten en amigos, confidentes, enfermeros o psicólogos. Pues bien, este capellán sólo hablaba de valores, como única forma de afrontar con dignidad una vocación de servicio, porque todo lo demás –satisfacción por el deber cumplido, amor a la familia, compañerismo, honrada ambición– «se os dará por añadidura».

Pensaba en todo esto mientras percibía un ambiente sano entre uniformados y familiares, con hijos, orgullosos de sus padres, educados en la sobriedad, roto sólo el silencio por el bullicio de una legión de nietos.

Cuando en esta España a la que juramos servir soplan vientos de deslealtades y promesas falsas e incluso tribunales extranjeros rompen nuestro propio orden jurídico sin que se haya producido el más elemental gesto que ratifica un proceso de paz, la entrega incondicional de las armas. Lo vivimos bajo bandera de la ONU con la «contra» nicaragüense, con el Frente Farabundo Martí salvadoreño, con la URNG guatemalteca, o con la «unitá» angoleña, y no lo vivimos en nuestro propio suelo patrio. No sólo rompen nuestro sistema jurídico. Intentan romper el alma de quienes más han sufrido el dolor provocado por una organización criminal chantajista y extorsionadora.

Todo estaba presente.
 Sólo nos reconfortaba en aquellos momentos, sentir cómo vibraban, fundidas voces jóvenes con otras veteranas, aquellas últimas estrofas del himno de Infantería:

«De los que amor y vida te consagran»

«canción que brota de almas que son tuyas, de labios que han besado tu Bandera»,

«y por verte temida y honrada, de nuevo tus hijos irán a la muerte».

Son los que: «te prometen ser fieles a tu Historia. Y dignos de tu honor y de tu gloria».


¡Cuestión de valores!

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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