La pereza mental del español

Por Javier Pardo de Santayana

( Caminando en Alcalá. Acuarela de Javier Zorrilla en javierzorrilla. blogspot.com.es) (*)

Recuerdo de mi primer curso de verano en Francia que salió a colación una frase de Salvador de Madariaga en la que éste atribuía al español cierta pereza a la hora de pensar, y les diré que me hizo poca gracia. Sin embargo he de reconocer que el tiempo y la experiencia me hacen hoy dar la razón al escritor. Lo he constatado sobre todo en su reflejo en la expresión hablada, pues el español tiende a refugiarse en frases hechas y en la simplificación – por no decir infantilización – de su discurso, escaso de matices y precisiones a la hora de describir acontecimientos o trasladar impresiones personales. ¿Que a qué se debe? Pues creo que a una deficiente educación que se superaría haciendo algunos cambios en la escuela y en el ambiente educativo en general. Por ejemplo, redactando y leyendo un poco más, lo que, además de ampliar nuestro vocabulario y aumentar la afluencia de vocablos, estimularía – creo yo – a nuestro cerebro.

Otra buena cosa sería dar importancia a la expresión en publico, porque por el temor a caer en el ridículo nos resistimos como gato panza arriba a hablar ante quienes no conocemos suficientemente. Y ni siquiera hacemos el esfuerzo, lo cual me hace pensar que también convendría trabajar en ese sentido con los niños. Bien está tener cierto sentido crítico, pero no tanto que haga sentirse mal al prójimo.

Una nieta mía de ocho años que acude a la Escuela Internacional americana en Mozambique ha presentado ya ante los padres una semblanza de Lady Di y un «proyecto» sobre la influencia de la familia en su propia personalidad. Hasta tuvo que reunir datos genealógicos y explicar lo que de aquella ha recibido. Claro que los norteamericanos estimulan las virtudes del alumno y no se esfuerzan por demostrarle que no sirve para nada. Así que la maestra dice que la niña ha ganado mucho en autoestima…

Aquí lo de expresarse en público parece cosa peligrosa, pues a uno le pueden tomar lo que haya dicho y fabricar con ello una polémica, así que nadie se atreve a salir de la vulgaridad y de las frases hechas. Un buen ejemplo son los deportistas: entre ellos los apoyos verbales preferentes son aquello de «la verdad que…» y lo de un «bueno» que suelen rematar con lo de que «hay que seguir trabajando» o «sólo nos preocupa el encuentro del domingo». A mí me suele divertir contar las veces que repiten cada latiguillo.

¿Y qué les parece como ejemplo de uso general lo de que fulanito tiene «una cabeza bien amueblada»? ¡Para qué más circunloquios a la hora de describir a un individuo aunque sea complejo como todo ser humano! Nos hablan mucho de «comida rápida», pero poco oirán ustedes hablar de esta modalidad.

En cuanto a los políticos – otra casta que ha de enfrentarse a los micrófonos – la frase preferida es aquella de que si se ve o no «la luz al final del túnel». Luego, como les gusta mucho lo del cambio, suelen largar lo del giro de «ciento ochenta grados», con la particularidad de que no estando fuertes en geometría, los hay que dicen «trescientos sesenta» que es como seguir lo mismo que antes. Ahora la progresía lo repite menos porque está empeñada en que nadie cambie nada, pero no se preocupen, que volverán a en cuanto vuelvan «a partir el bacalao».

Otra frase hecha muy del gusto de nuestros democráticos representantes es aquella de poner las cosas «negro sobre blanco». Sobre esto creo haberles ya dicho que no ha mucho se la oí a un político de primera línea y gestos de maestro escuela aunque en versión inversa, o sea, como «blanco sobre negro». Y he de decirles que el distinguido prócer salió indemne porque, por lo que se ve, nadie se dio cuenta excepto yo. No le pasó, no, lo que a aquella pobre miss España que confundió candelero con candelabro y ya no puede salir a la calle sin que se lo recuerden.

Indudablemente nuestros castelares de hoy dejan bastante que desear y además buscan expresamente la vulgaridad. Así que tenemos un círculo vicioso en el que también intervienen los artilugios electrónicos, que aconsejan la brevedad y la síntesis y prefieren términos sobados reducidos a un código de erratas. Algo bastante parecido al inglés de los apaches.

Luego está, naturalmente, esa prisa por acabar pronto de decir y ese no extenderse en la escritura que nos ha impuesto la moda de eliminar preposiciones. Con lo cual nos están destrozando la belleza de este idioma nuestro tan mediterráneamente pronunciado y matizado. El culto idioma de Garcilaso y de Cervantes que era una gloria oír reposadamente.

No necesitamos, pues, leer el informe Pisa para darnos cuenta de que hemos caído en un proceso de simplificación infantil de nuestra lengua. Quizá recuerde el lector aquello de un ex presidente de la Real Academia que aceptaba lo de «bisnis» – así, con dos íes, propugnaba él -, en vez de «negocio» como se ha dicho siempre.

Pero aún es hora de rectificar siquiera un poco. Por eso aconsejo que nuestro nuevo plan educativo amueble bien las cabezas de nuestros jóvenes y jóvenas e incida en este aspecto con mucha redacción y exposición en público dando un giro de trescientos ochenta grados a la situación actual, que para eso lo pongo blanco sobre negro en estas líneas. La verdad que espero ver la luz al comienzo del túnel y – bueno – recuperar algo de lo mucho que ya hemos destrozado.

Así quizás oigamos decir algo interesante – o, por lo menos, bien dicho – a alguien, incluidos esos encuestados en televisión que se expresan como a hachazos cuando les piden su opinión y terminan dejando la frase a medias o añadiendo «pero bien» cuando ya no saben qué decir.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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