Por Carlos de Bustamante

( El milagro de los panes y los peces. Óleo de Pedro Orrente en el Museo del Hermitage. pintura.aut.org, 106 x 135,7 ) (*)
La muchedumbre le seguía a todas partes; hablaba con expresiones tan del pueblo que todos le entendían. Además, con la autoridad sincera y amable de la que carecían los fariseos. “Si, sí. O no, no”. Al pan, pan, y al vino, vino.
Como además curaba a cuantos enfermos le presentaban cualesquiera que fuera su dolencia, estando con Él no reparaban el día ni la hora. Cuando tras larguísima caminata desde Cafarnaún y con permiso de Myriam alcancé a la multitud que le seguía y escuchaba, llevaban casi dos días sin probar bocado. Tal era la capacidad de entusiasmar al personal.
-“Me da lástima…”.
-¿Quieres -le dije-, que vaya a comprar para darles de comer?
Como el que llevaba la bolsa puso cara de haba, dijo mi amigo Felipe:
-Doscientos denarios no bastan para que cada uno coma un bocado de pan .Y calló consternado; porque bien sabía que en absoluto los tenían.
-“¿Cuántos panes tenéis?”.
Cuchichearon entre ellos y yo le contesté en nombre de todos:
-Cinco panes y dos peces.
-“Traédmelos acá”.
Y les indicó que se sentara la gente. Después de bendecirlos dijo que los repartiéramos. ¡Comieron todos y se saciaron! Calculé grosso modo, que serían unos cinco mil hombres, sin contar -y no sé por qué- mujeres y niños. Sobraron doce canastos llenos. Portentoso. Se nos cayeron todos los palos del sombrajo.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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