Apócrifo III. 24. Experiencia revivida

Por Carlos de Bustamante

( Viñadoras. Óleo de José María García Fernández, “Castilviejo”) (*)

Toda mi capacidad de asombro estaba colmada. Aunque esclavito y no sobrado de luces, Tarsicio iba encajando el puzzle. Mi oficio lo tuve claro desde siempre. Pero ¿por qué trabajar Jesús como un siervo, si era nada menos que el Hijo de Dios?

Cada día, creía comprender o barruntar; y cada noche al acostarme no muy lejos de mi Amo y Señor, volvía el lío a mi mente. Por qué, por qué, por qué…

Porqués sin respuesta clara y concreta: barruntos que volvían como la noche sucede al día, y al revés. Así mis presumibles barruntos. Se esfumaban. Disueltos en las dudas como azucarillos en el agua. ¡Y vuelta a empezar!

Sucedió en Corazaín, junto a Betsaida.

Como siempre, las multitudes se agolpaban en su derredor. Y como siempre, ansiosos todos de oír sus palabras. Y de que curase, claro, a sus enfermos. Se los traían por docenas. Curaba toda clase de calamidades de cuerpo ¡y alma! Porque bien sabía Tarsicio que podía y quería. Sabía desde niño que Jesús era Dios hecho hombre.

A la vista de los continuos milagros, creía -infelice- tener ya la respuesta a mis diarios interrogantes: Cristo, Jesús, Jesucristo, Dios, YO SOY y hombre perfecto había venido a curar enfermedades. ¡Seguro! A la noche, vuelta la burra al trigo. Dudas y más dudas. Pero cada vez más cerca… ¿no?

Como el personal no andaba sobrado de luces ¡que todo hay que decirlo!, para facilitar sus entendederas les hablaba en parábolas. Luego, y a solas, nos las explicaba. Bueno, a los discípulos por lo menos; porque servidor, nunca mejor dicho, por vividas, las solía entender de primera.

Un labrador de estos pagos -comenzó la parábola- tenía una gran viña. La arrendó a los que resultaron unos sinvergüenzas. Cuando envió a los criados a cobrar la renta, los maltrataron o incluso mataron. Así varias veces. Pensando que lo respetarían envió, por último, a su propio hijo.

– Ésta es la ocasión -se dijeron-. Lo matamos y nos quedamos con la viña.

Nuevos barruntos y servidor, Tarsicio, no pegó el ojo en toda la noche. Pensé lo peor, pero lo rechacé de inmediato. Una cosa, me dije, es que los fariseos odien por envidia cochina a Jesús y otra que hagan con Él, que era Dios (y esto no se me podía olvidar), lo que los renteros con su hijo. Era una locura tal, que deseché de inmediato la ocurrencia. Era sólo una parábola. Me recordaba algo de lo vivido en nuestros tiempos de obreros a jornal, pero nada que ver con la sola parábola. ¡A ver…!

—
(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://farm9.staticflickr.com/8715/17151005226_022867fb32_b.jpg

OFERTAS ORO

¡¡¡ DESCUENTOS ENTRE EL 41 Y EL 50% !!!

Una amplia variedad de las mejores ofertas de nuestra selección de tiendas online

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

Lo más leído