Por Javier Pardo de Santayana

( Viñeta de Puebla en La Razón el pasado día 22 de junio) (*)
Pues qué bien. Resulta que la gran masa de españoles que, percibiendo que la nación se iba a criar las consabidas malvas, tiñó de azul el mapa político para una operación de urgencia y un arreglo general de desperfectos, pega el cambiazo y ahora, cuando parece haber salido de la UVI, se arroja en brazos de los nuevos bárbaros que practican la medicina alternativa. Se ve que antes pensaban que se podía salvar la vida del enfermo con paños calientes y aspirinas y les molesta el bisturí, o, que estando incluso agradecidos al esfuerzo quirúrgico, habrían deseado una mayor perfección en las costuras y, ya de paso, una intervención aún más amplia y radical.
Supongo que enseguida unos y otros se habrán dado cuenta de la colosal metedura de pata perpetrada por la “ciudadanía”. Porque tras una preparación impresentable a todas luces en la que el mercadeo poco tuvo que ver con la lógica y supongo también que con los deseos de la mayoría de los votantes, ha sido entrar en juego y revelarse cuan poco de razonable y práctico había detrás de tanto bla bla bla halagador del odio y la confrontación.
Varias de las propuestas de estos linces revolucionarios – por ejemplo, la idea “genial” de crear bancos ad-hoc – han resultado ser irrealizables porque quienes las formularon carecen de la necesaria autoridad. Y, para mayor abundamiento, otras estaban ya en vigor porque las autoridades que les precedieron, que no debían ser tan tontas y despiadadas como ellos creían, las pusieron en marcha hace ya tiempo. Así que les ganaron por la mano. Pues vaya chasco…A eso se llama falta de información o despiste garrafal.
Con unas cosas y con otras ya sólo quedan en su zurrón algunas ideicas tan descabelladas como aquella de que las mamás limpien las escuelas de sus hijos supongo que si encuentran tiempo para hacerlo, puesto que hoy en día hay madres que dirigen bancos de postín y grandes empresas, y, entre las que no llegan a tan altos puestos, una mayoría se gana la vida trabajando en otras cosas. Tampoco visualizo yo a los padres dándole a la escoba por muy avanzados que sean en su actitud social.
Con lo cual la novedad se reduce simplemente a trasladarse al trabajo en metro o en bicicleta, o sea, como los chinos; gesto divertido para el primer día y las fotos de choque, pero al que auguro un futuro limitado. Se ve que algunos aún no se enteraron de que hace ya un montón de años un americano de nombre Henry Ford popularizó el empleo de las cuatro ruedas para el desplazamiento de la “ciudadanía”. Aquí vemos otra evidente falta de la imprescindible información por parte de nuestros nuevos y osados gobernantes.
¡Oh el odiado automóvil, símbolo del perverso rico explotador del débil! Se ve que, a falta de otras ideas, los nuevos bárbaros vuelven a los indicadores de clase social como en los viejos tiempos, cuando le paraban a uno en plena calle y le hacían mostrar las manos para ver si tenían el callo reglamentario – síntoma fehaciente de su condición de rudo trabajador – para, en caso negativo, pasarle por la checa o darle un tiro y dejarle en la cuneta. Pura limpieza socio-política de efectos super rápidos.
Esto es como lo de los bancos clásicos, esa institución satánica que habrá que eliminar para volver de nuevo al usurero, que es lo bueno. Ahora, por lo pronto, nos cargaremos los cajeros automáticos con el aplauso de los municipales. ¿Y qué me dicen del comercio? Señores, hay que volver a lo del trueque, tan natural, tan ecológico.
Así que con el tiempo ya sólo quedará la imprenta, inventada como es sabido por un facha llamado Gutenberg que la creó para facilitar el dominio de la gente ilustrada – o sea de los ricos – sobre la desgraciada mayoría proletaria. Y haremos todo esto, claro está, yendo de un lado para otro en nuestras bicicletas con el apoyo financiero de los bolivarianos, que tienen un pastón aunque no anden muy holgados de papel higiénico. O por los iraníes, ese prodigio de la democracia real.
Decididamente, lo que en realidad necesitamos es ir a la consulta del psiquiatra.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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