Por Carlos de Bustamante

( Sobre la talla de “Angel alférez” de Gregorio Fernández. Acuarela de Francisco Roldán) (*)
Antes de rezongar sobre título tan pesimista, les digo, que “en todos los sitios cuecen habas y en algunos a calderadas”. O lo que interpreta en el refrán la sabiduría popular: que corren malos vientos para esta generación en que vivimos.
La pregunta es inmediata para que tenga sentido la sentencia: ¿acaso en otros tiempos no se cocían las mismas habas? Aunque lleve la contraria a más de uno, me uno al poeta en que “cómo a nuestro parecer cualquiera tiempo pasado fue mejor”. Sucede que como en los órganos vitales del cuerpo humano; no porque no los tuviéramos, sino porque como no nos dolían (juventud divino tesoro), los ignorábamos cual si careciésemos de ellos. O sea que sí; que incluso se cocían a calderadas… Pero tiempos mejores.
Éste debe de ser el motivo, digo yo, para que muy atrás nuestros años azules de juventud, ahora nos duela todo. El todo son muchos órganos vitales y por motivos diversos. Y lo son tanto, que, como ladrón en la noche, nos acecha el desaliento o/y la tristeza. Sigo puñetero por refranero: desaliento y tristeza inmotivados, aunque les haya de mucho peso. “Todo tiene arreglo, menos la muerte”. Y añadió el sabio santo: “y la muerte lo arregla todo. Como Dios quiera, donde Dios quiera, y cuando Dios quiera”…Pero con “las maletas” preparadas.
Por más recientes, les digo algunos de los motivos por los que, descolorido el azul de nuestras vidas, éstos nos parecen tiempos para el desaliento. Y para la tristeza.
Creímos-¡ay mísero de mí, y ay infelice!- que, como en el fragmento de “La vida es sueño” de nuestro insigne Calderón de la Barca, la transición a la democracia, nos traería bienes sin cuento, por cuanto con la permisión de tantas libertades, al más puro estilo liberal, nuestras días de entonces en adelante, serían vida y dulzura. Creímos-¡ay mísero de mi, y ay infelice!-que con la legalización de todos los partidos, se acabarían odios y rencores atribuidos a la malhadada dictadura ¿sufrida? Creímos (ya no me repito como el pepino), que dividiendo a España como en los ¡¡felices años de la 1ª y 2ª república!! subsistirían las remotas grandezas pasadas…
Sin afirmar ni negar todo de aquel invento de transición… les rezongo de lo que recuerdo vagamente de la Biblia. ¡Y en latín!: “omne regnun divisum contra se desolábitur. Et omnis civitas bel domus divisa contra sé non stabit”. Más o menos así, puede que quisiera decir que todo pueblo, nación o ciudad dividida no puede subsistir. Y si no fuera exactamente ésta la traducción o escritura, para nota que alguien me lo corrija, por favor. El “cerumen” del Rezongón no da para más…
Por tanto, y si las Sagradas Escrituras no fallan, y parece que no cuando en la Santa Misa dicen que es “palabra de Dios”, la división – de España en este caso- con múltiples partidos y “nacionalidades”(en realidad taifas), debe de ser tan perjudicial, que peligra la subsistencia de la nación más antigua de Europa. Como esto lo vivimos en la actualidad y no en el régimen anterior en el que transcurrieron “los mejores años de nuestra vida”, pudiera entrarnos el que creo verdadero mal: el desaliento y la tristeza.
Item digo, que si ya se están profanando iglesias y se han dado algunos conatos de incendio en ellas, al retrotraernos a tiempos que creímos pasados, perdonados y olvidados, pudiera entrarnos el desaliento y la tristeza por lo que la “modélica transición” ha producido. La que fue –y no nos disculpemos- voluntariamente traída, por “casi” todos. El de la peluca incluido; tan parecido -¿o no?- al de la coleta en cuanto a ideología.
Y digo más, si vuelven a quitarse los crucifijos de las escuelas y se prohíbe o cuestiona la enseñanza de la religión, pudiera entrarnos el desaliento y la tristeza.
Y más…: si se protegen ¡y subvencionan! (distinto es que se respeten) “a
los que deshonraron sus propios cuerpos; lo mismo a los que se entregan en “amores brutales de unos con otros (ambos en masculino) cometiendo torpezas nefandas. O de unas con otras (idem en femenino) invirtiendo el uso natural lo que es contrario a la naturaleza”… Si además les citara todos los apelativos con que los define tan duramente un gran santo de todos conocido, pudiera, digo una vez más, entrarnos el desaliento y la tristeza.
Más aún: si hiciéramos caso a los que tergiversan lo manifestado por el Papa, o hacemos caso al Maligno introducido en las interioridades de la Iglesia por boca de algunos ministros de Ella con el tufillo (humo de Satanás) que le es propio, pudiera entrarnos el desaliento y la tristeza.
Por penúltimo: si no encontramos respuesta adecuada a la profanación de la sepultura de nuestros héroes (véase la cuasi inadvertida en los medios ¡y en el gobierno! del Capitán General Muñoz Grandes con la Cruz destrozada por el odio a “marrazos”)… pudiera entrarnos el desaliento y la tristeza.
Y, por hoy, no continúo, porque pudiera entrarme el desaliento y la tristeza. Los dos grandes enemigos de la paz interior. Paz, que salvo en la confesión sacramental, que la da a raudales, se pierde con este sentimiento que tanto nos amenaza en nuestros días ¡nada de azules!
Y como conste que no pretendo aconsejar, sino que yo…digo nada más, que el aliento gozoso de la próxima Pascua, (verano a lo mejor para ustedes), les inunde de optimismo y alegría. ¡Feliz Pascua Florida! La también llamada “Pascua de rosquillas”. Otra historia de la que rezongaré otro día. Y de la familia; en el año éste dedicado a ella por S.S. el Papa Francisco, referida a nietos y abuelos. Los que visto lo visto, y la proliferación de lobbies que, sin posibilidad de procrear según los ritmos de la naturaleza “divinamente ordenada”, campan por sus respetos. Seremos los abuelos, digo, la mayoría absoluta más importante que nunca; en vísperas sobre todo de elecciones municipales o generales.
Puesto que el Rezongón se ha referido a lobbies y abuelos, otra vez más vuelvo a hacer de altavoz del Papa al respecto:
“Al igual que los individuos, también los gobiernos tienen que resistir a la tentación de redefinir la naturaleza de lo que es ser hombre y mujer y la naturaleza del matrimonio y la familia, y de acceder a la mal llamada muerte digna que, aunque le ponen a esa expresión un nombre bonito pero que en realidad es una manera de descartar a seres humanos para evitar gastos económicos y de abandonarlos cuando más necesitan del amor, el cariño y el apoyo espiritual de sus seres queridos; la tentación de no acceder a la pena de muerte como solución a la criminalidad. La pena de muerte no es otra cosa que la aplicación de la política del ojo por ojo y diente por diente en su máxima crueldad. El estado existe para proteger vidas no puede quitarlas. Es una gran contradicción. Como pueblo cristiano, tenemos que vencer la tentación de no respetar a las personas por su identidad sexual”. Nos vemos…Si Dios es servido.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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