El Rezongón. Guerra justa

Por Carlos de Bustamante

( El salto de Farnesio. Óleo de Ferrer-Dalmau) (*)

Aunque “diga nada más”, habrá quien opine que tiro con bala”. Bueno, según y cómo. No diré que en la mayoría de los temas sobre los que rezongo, no tenga mis opiniones y preferencias personales. No sería sincero, porque, efectivamente, las tengo; “como todo hijo de vecino”. Pero como el conspicuo lector ya habrá supuesto, el Rezongón pone sólo el dedo en la llaga; y a la vista de estos “rezongamientos”, y no sin un poco de picardía…, incita a que cada cual saque sus propias conclusiones.

Si esto es así en la generalidad de los temas tratados hasta el presente, ni les digo cuántas y variadas pueden ser éstas –las conclusiones- en el enrevesado asunto que abordo.

Cuando no hace muchos días les decía algo sobre el también controvertido asunto de Charlie Hebdo, creo que en (II) decía “y las diferentes cruzadas”. Con un poco de allí, otro de allá y más de acullá, también valdrá para completar lo dicho en “Diferente perspectiva con el paso de los años” del artículo anterior Rezongón.

Enrevesado y controvertido asunto, sí, porque toda guerra es horrible. Hay, sin embargo jurisprudencia y doctrina de la Iglesia católica sobre todo, aunque ésta les traiga al pairo a los ultrapacifistas… de pacotilla. Porque aunque sólo en casos contados el título sea válido, esos casos existen, han existido y si Dios no lo remedia, existirán.

No he participado en ninguna guerra declarada, aunque sí semioculta. Y desde luego, junto a nuestra madre y hermanos, el Rezongón ha sufrido las consecuencias. Naturalmente me refiero a la horrible “y justa” guerra civil española de 1936. Para que no sea de mi cosecha lo de justa, copio y pego:

Artículo 2308 del Catecismo de la Iglesia Católica: «todo ciudadano y todo gobernante están obligados a empeñarse en evitar las guerras. Sin embargo, mientras exista el riesgo de guerra y falte una autoridad internacional competente y provista de la fuerza correspondiente, una vez agotados todos los medios de acuerdo pacífico, no se podrá negar a los gobiernos el derecho a la legítima defensa». Y añade:

2309. Se han de considerar con rigor las condiciones estrictas de una legítima defensa mediante la fuerza militar. La gravedad de semejante decisión somete a esta a condiciones rigurosas de legitimidad moral. Es preciso a la vez:

— Que el daño causado por el agresor a la nación o a la comunidad de las naciones sea duradero, grave y cierto.

— Que todos los demás medios para poner fin a la agresión hayan resultado impracticables o ineficaces.

— Que se reúnan las condiciones serias de éxito.

— Que el empleo de las armas no entrañe males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar. El poder de los medios modernos de destrucción obliga a una prudencia extrema en la apreciación de esta condición.

Estos son los elementos tradicionales enumerados en la doctrina llamada de la «guerra justa».

La apreciación de estas condiciones de legitimidad moral pertenece al juicio prudente de quienes están a cargo del bien común.

Para explicar los argumentos por los que la Iglesia apoya que se defienda a las minorías que están siendo exterminadas, el artículo 2.321 explica también que «la prohibición de causar la muerte no suprime el derecho de impedir que un injusto agresor cause daño. La legítima defensa es un deber grave para quien es responsable de la vida de otro o del bien común».

Tan “oreado” por argumentos tan contundentes y fiables -aunque pudiera discreparse de ellos- me atrevo a decir sin dudarlo que nuestra Cruzada de Liberación Nacional, que al parecer cumple totalmente los requisitos citados, pudo ser (o lo fue) una guerra justa. Y que, contando con la diferente perspectiva con el paso de los años, también pudieron serlo (o lo fueron) las diferentes Cruzadas para el rescate de los Santos Lugares profanados y en poder de “los fanáticos del Islam”.

Item digo (¡vaya, otra vez con latinajos…!), que también justa pudiera ser (o lo es) la legítima defensa de los católicos coptos en Siria, Libia, Irak… , lugares muchos de ellos cuna del catolicismo en la más remota antigüedad. Como de esto rezongaré otro día si Dios es servido, “otro sí” (¡y dale!) digo, que no pretendo aconsejar; yo… digo nada más.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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