Apócrifo IV. 6. El no va más de lo que me quedaba por ver

Por Carlos de Bustamante

( Cripta del Santo Sepulcro. Acuarela de David Robert en “View the Holy Land”; odisea2008.com) (*)

Si al que fuera amigo y esclavito de Jesús le quedaba algún resto de esperanza en que sucediera algo que le librase de tanto horror y sufrimiento, lo que presencié acto seguido fue en verdad la puntilla. De los brazos de Myriam, Jesús muerto pasó, no sin esfuerzo, a unas angarillas. Ante mis ojos atónitos desfiló un breve cortejo. Vi cómo rodaron una piedra enorme como jamás viera ninguna de molino e introdujeron a mi Dios y Amigo en una cueva. En realidad sepultura que tenía José de Arimatea en el límite del majuelo que yo le vigilaba.

No sé lo que harían dentro porque, pese a mi vista excelente, imposible traspasar la roca donde estaba excavado el sepulcro sin estrenar. Sin solución. Jesús mi Dios y Amigo, muerto y sepultado. Sabía el por qué y para qué había ocurrido todo. Pero no era fácil que, perdonados nuestros pecados cometidos desde el principio de los tiempos, me resignase a no estar nunca más con Él. No ayudarle en los trabajos del taller. No untar más de tocino el tronzador para que el aserrar con él fuera más suave. No beber luego y por turno de la bota. Y no comunicarle, en fin, mis dudas y confidencias.

Por si me quedaba alguna lágrima por derramar, ahora fluyeron todas. Lo extraño era que el dolor intenso pero sereno de Myriam me consolaba. No sabía el porqué, pero con Ella me hice fuerte. Aunque no podía ser y además (lo he repetido muchas veces) era imposible, algo indefinible me bullía dentro. Puede que lo sepan más adelante.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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