Para colmo, los sueños

Por Javier Pardo de Santayana

( Casas antiguas en Velliza. Acuarela de José Mª Arévalo ) (*)

El caso es que ayer y hoy me he desperté con el recuerdo de una pesadilla, y que lo mismo sucedía a mi mujer. En ambos casos se nos había interrumpido el sueño y habíamos vuelto luego a dormirnos hasta que, varias horas más tarde, saltamos de la cama y nos despejamos definitivamente para “seguir viviendo”.

Los sueños eran, como suele suceder, disparatados, y tenían el rasgo común de dejarnos un sabor de perplejidad y desconcierto. Recordé entonces que mi última pesadilla había tenido lugar allá por el año 2010, tal como constaté tras consultar en mi ordenador la fecha de un artículo en el que me refería a la frecuencia de estos episodios en mi infancia y a su escasez durante el resto de mi vida. Evocaba entonces una historia que acaba de vivir en sueños.

Pues bien, ahora mi mujer imaginaba nuestra casa solariega completamente transformada tanto en su estructura como en su decoración, y esto la hacía experimentar una incómoda sensación de asombro y desconcierto. Todo había cambiado en la casa, de tal forma que ella se veía obligada a preguntar cómo podría acceder a la casita aledaña en la que solían alojarse algunos de los jóvenes, pues no veía la forma de hacerlo. Varios de los personajes que aparecían en su sueño la resultaban conocidos, y a ellos podrían atribuirse algunas de las transformaciones que observaba.. Éste podía ser el origen, por ejemplo, de que la mansión estuviera empapelada de un extremo a otro con un mismo dibujo y colorido. En cuanto a mí, recuerdo que en mi sueño tenía que hablar en inglés y en público en un ambiente que creí poco exigente; mas que el tiempo transcurría y cuando, tras la intervención previa y prevista de un muchacho imberbe, llegaba ya mi turno, tan tarde era ya que el peso de mis párpados estaba a punto de vencerme. Y además alguien quería que me enfundase una prenda más formal que la del atuendo que yo había juzgado suficiente para la ocasión.

Constato el hecho de que en nuestras pesadillas siempre hay un fondo de soledad y desamparo y una situación que uno no llega a dominar; o sea, un escenario incómodo y casi hostil para el que sueña. Así que ahora, aún con el cuerpo incómodo por estas sensaciones, me sentía desbordado por la inquietante y surrealista realidad de mi dimensión onírica.

Y esto no es algo de extrañar, pues se suma a otras muchas y variadas causas de ese desconcierto que amenaza la vida del hombre. Desde la más temprana edad se da uno de frente con el misterio como el único gran tema de la vida, así que se pelea con su circunstancia para buscar el sentido de todo lo que observa. Además, uno se ve como un mínimo grano de arena entre los millones de seres humanos que pasaron o están aún por pasar en su breve turno de existencia, como parte mínima de un cosmos cuyos límites es incapaz de imaginar. Y aún se siente forzado a abrirse paso entre otros seres que a su alrededor se mueven y afanan mientras él recibe el impacto de los problemas que trae consigo el hecho de existir en el seno de una sociedad con vida propia, en la que, asombrado, encuentra realidades tan curiosas, y a las que difícilmente encuentra su sentido, como el sexo, la enfermedad o la muerte. Luego intenta refugiarse en el bienestar y en el placer o en la alegría y la belleza, mas para esto deberá sublimar la realidad en que vive.

Y, para colmo, como si todo ello no fuera suficiente para armarle un buen lío – descubre algo que, siendo natural y cotidiano, no responde a la condición relativamente estable que en sí mismo supone, y es que él mismo participa también de una extraña dimensión adicional a la de ese tiempo que le pasa inexorablemente: la dimensión que pudiéramos llamar onírica; una dimensión que le desencuaderna y le hace vivir como si fuera protagonista de unos cortos cinematográficos cuyos argumentos no controla y que suelen tener un ingrediente de angustia o de terror. Descubre, en efecto, que como ser humano no sólo es cambiante por dentro y por fuera, sino que, para mayor complicación y enredo, tiene una vida inconsciente pero tan real como la del argumento principal. Tanto que puede considerarse incluso parte de éste. Una vida que escapa a sus coordenadas esenciales y al esquema de comprensión que adquirió con la experiencia – es decir, a esas leyes que le permiten encontrar cierta coherencia consigo mismo y también en el mundo circundante – pero que por su realidad y persistencia bien podría considerarse parte de un único argumento. Descubre, en efecto, que en determinados momentos, sin dejar de ser él mismo, llega a a ser también otra cosa diferente de lo que es durante su vida “reseñable”.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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