Sumidos una vez más en la contradicción

Por Javier Pardo de Santayana

( Bodegón de los emigrantes. Año 2000. Óleo de Vicente Vela. Pintura.aut.org. 130 x 162) (*)

Todos los días oigo noticias sobre sucesos relacionados con la actual marea migratoria y la urgencia de hacer algo para controlarla, y, como suele ahora ocurrirme con casi todo cuanto oigo, no puedo por menos de asombrarme del tratamiento que a este asunto suele darse en los medios y por la “ciudadanía”; lo que es decir casi lo mismo, puesto que ésta es manejada diariamente por aquella gracias a la seducción de las pantallas. Y este asombro mío procede sobre todo del descubrimiento de una serie de contradicciones evidentes.

Andábamos tan sólo hace unos meses a vueltas con las pateras – lo recuerdan – y nuestra mirada se centraba en toda la zona del Estrecho, donde nosotros éramos protagonistas de un intenso esfuerzo caritativo y solidario. Los emigrantes procedían en su mayor parte del África subsahariana, aunque también los había de Marruecos y de algunos otros puntos de aquel continente, y España, además de salvar vidas, iniciaba un plan de actuación en origen que demostraría su eficacia. En aquellos días reclamábamos la ayuda de una Europa difícil de convencer porque veía el problema desde la barrera.

Luego, casi sin darnos cuenta, nos sorprendimos contemplando las imágenes de embarcaciones de mayor porte y entidad. Se trataba de barcos a la medida de otro tipo de emigración distinta por su procedencia mas que también irían a tope de viajeros. Como no era infrecuente que hubiera naufragios, el número de los ahogados llegaría a ser impresionante. Los inmigrantes ya no provendrían de las mismas regiones de África que los primeros, sino mayoritariamente de Libia y de otros países más al este, y su destino sería inicialmente Italia para repartirse luego por Europa, El apeadero, Lampedusa. Naturalmente, las autoridades italianas reclamarían entonces una operación naval en el Mediterráneo destinada a erradicar el turbio negocio de las mafias.

Mas no había aún transcurrido demasiado tiempo cuando, ya durante este último verano, el panorama de la migración masiva sufrió una gran transformación: ahora ya se trataría de una enorme marea de emigrantes y éstos serían de naturaleza diferente; en su mayoría refugiados sirios que huían de la guerra y la persecución acompañados por afganos amenazados por los mujaidines y por iraquíes puestos en peligro por determinadas sectas musulmanas o por los implacables yihadistas. En lo cual hay algo que me asombra tanto que quisiera hacerle a usted partícipe de otra de mis grandes sorpresas: la contradicción que supone que los cambios de este fenómeno de carácter histórico llegaran a pillarnos escasamente preparados para acoger a los refugiados y emigrantes y mitigar los problemas inherentes pese a los medios con que hoy cuenta la ciencia prospectiva, el dinero que se invierte en ella, y la capacidad que proporcionan las instituciones de observación y estudio que hoy existen. Se ve que hay que sacar mejor partido dde los avances tecnologícos y desde luego, de nuestra propia inteligencia. Espero, sí, que, visto lo visto y después de la experiencia acumulada sin lograr acierto alguno, lleguemos a vaticinar lo que todavía se avecina, ya que hoy no faltan los conflictos en vivo o de probable desencadenamiento próximo; como los del “efecto llamada”, que se producirán sin duda como consecuencia de la atropellada respuesta inicial de los países europeos.

Otra gran contradicción, que raramente se cita en los medios por temor a pecar de “incorrección política”, es la de que los emigrantes, mayoritariamente musulmanes, no enfoquen su éxodo hacia otros países geográficamente más cercanos, más afines también en cuanto a cultura, e incluso económicamente más potentes que los europeos, como Arabia Saudí o los famosos Emiratos del Golfo: países cuya sensibilidad sería más adecuada para las familias toda vez que ahorrarían a éstas la convivencia con una sociedad para ellos moralmente rechazable.

Por otra parte – y esta es ya una tercera contradicción, pero muy llamativa – me choca poderosamente el hecho de que los emigrantes se dirijan instintivamente a una región del mundo que, según confiesan los propios europeos, sufre una terrible crisis económica; tanto, que ya hizo que se despertasen los viejos fantasmas ideológicos de antaño. Se diría que ver como se manifiesta en nuestras calles la ruidosa turba de indignados que pretende poner patas arriba todo nuestro sistema democrático no concuerda demasiado con la acumulación de tanta gente como vemos demandándonos asilo y protección como habitantes que para ellos somos de un maravilloso edén. Gente a la que, por cierto, no debemos imaginar como desheredada o ignorante, puesto que entre ella podrán encontrarse refugiados con un buen nivel profesional que en todo caso quisieran trabajar aquí, o sea, que vienen a buscar en nuestros pagos un bien que escasea entre nuestros propios ciudadanos. Pero, naturalmente, los países de la Unión abriremos las puertas generosamente, y se levantará una marea de solidaridad que dará un mayor prestigio a nuestra Unión, hoy en horas verdaderamente bajas. Incluso Alemania, que sufre la cicatriz de un lamentable historial de xenofobia llevada hasta al límite de la crueldad, será ahora paladín de una acogida generosa y cálida a quienes demandan nuestra ayuda.

Pero mi cuestión final no tiene que ver con la reacción de los europeos o de los españoles y de su gobierno – situados ya a la altura que la situación demanda – sino sobre nuestros desprestigiados sindicatos. Pues se me plantea la cuestión de si éstos no sentirán la obligación de protestar por aquello de la escasez de los puestos de trabajo y la menor probabilidad de conseguirlos como consecuencia de las previsibles demandas de los refugiados. En este sentido no me extrañaría que la “corrección política” les impulse a optar por el silencio y acaben ya por no moverse apenas, pues la experiencia acumulada apunta a que sólo salen en manifestación por la defensa de los trabajadores con empleo. O sea, que aquí podremos encontrar otra contradicción que los dos sindicatos principales intentarán salvar con un “postureo» de pancarta y paseíllo, para, aprovechando la ocasión, pronunciarse contra las medidas del gobierno cualesquiera que éstas sean.

En fin, termino con otra contradicción no menor que las cuatro reseñadas: la de que, habiendo tanta gente como hay que, huyendo de la incertidumbre, quiere unirse a nosotros para disfrutar de nuestra paz y nuestra libertad, un sector de los mismos españoles – no ya de refugiados o emigrantes – pretenda arrojar por la ventana el patrimonio común acumulado en un esfuerzo solidario de un montón de siglos para satisfacer la bastarda ambición de los del tres por ciento y sus trileros.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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