Las Edades del Hombre en Ávila

Por José María Arévalo

( Detalle de “Santa Teresa de Jesús”. Hacia 1650. Óleo de Francisco de Zurbarán en las Edades del Hombre de Ávila) (*)

Es la primera vez que escucho las explicaciones del guía, en las Edades del Hombre, más atento al argumento religioso que a la descripción de las obras expuestas e importancia de sus autores, y así lo comenté con mis compañeros jubilados de la asociación que organizó el viaje, que coincidían en la apreciación. Y es que la vida de Santa Teresa tiene mucha fuerza, tanto o más que lo expuesto, que es considerable, como en todas la ediciones de la Edades, que se esfuerzan por meterte en el tema religioso elegido y sacarle partido, para que no te quedes solo en la manifestación artística.

Y eso que el nivel de lo expuesto ha sido el de siempre o mayor: Obras de una calidad excepcional y ejecutadas por artistas de fama universal como Zurbarán, Martínez Montañés, Salzillo, Juan de Juni, Alonso Cano, Lucas Jordán, Ribera, Gregorio Fernández, Luis Salvador Carmona o Goya. En un abanico de procedencias mayor de lo habitual – hasta ahora el 80 por ciento de las piezas mostradas procedían de las nueve provincias de Castilla y León-, dado el tema de la exposición, ‘Teresa de Jesús, maestra de oración’, en el quinto centenario de la Santa abulense, las 206 piezas vienen de toda España, muchas de Andalucía en la que fue intensa la actividad de la mística abulense expandiendo sus fundaciones. Valladolid es una de las provincias con más presencia en la exposición que puede contemplarse hasta el 10 de noviembre en las tres sedes de Ávila y en la cuarta, en Alba de Tormes (a esta última dedicaremos un segundo artículo, la semana que viene).

Y como siempre, a destacar la importantísima labor de restauración de las piezas expuestas. Cuatro obras vallisoletanas han sido restauradas en los talleres de la Fundación Las Edades del Hombre en Valbuena de Duero, en Valladolid o en Ávila: la ‘Virgen del Carmen’ de Nicola Fumo (una talla de finales del siglo XVII en madera policromada, cedida por el convento carmelita de San José en Medina del Campo); la ‘Visión mística de Santa María Magdalena de Pazzi’ de Antonio Van de Pere (un óleo de 1670 procedente del Santuario de la Virgen del Carmen, también en Medina del Campo); la ‘Virgen del Carmen’ de Sebastián Ducete (otra talla fechada en 1605 y sacada también del convento carmelita de San José); y el lienzo anónimo ‘Santa Teresa arrebatada en un carro de fuego’ (del siglo XVIII y cedido por el Convento de Santa Teresa de Valladolid).

( Cristo de Juan de Juni en el Convento de Santa Teresa en Valladolid, que se expone en las Edades del Hombre de Ávila ) (*)

Creo que ha sido un acierto programar nuestra visita en las últimas semanas de la exposición, porque en estas fechas ya están publicados todos los folletos y montado todo a la perfección. La descripción más completa que he encontrado de la muestra, con folleto descargable, y que me ha facilitado mucho el resumen que ahora les ofrezco, lo pueden ustedes ver en http://revistaatticus.es/2015/06/25/las-edades-del-hombre-2015-avila-y-alba-de-tormes

El 23 de marzo la Reina Doña Sofía inauguraba esta edición extraordinaria de Las Edades del Hombre , que incluye, como hemos dicho, más de 200 obras provenientes de 13 comunidades autónomas; más de la mitad de las piezas provienen de conventos carmelitas. «Muchas de ellas no se han visto jamás fuera de la clausura», afirmaba a la prensa el carmelita descalzo Juan Dobado Fernández, uno de los dos comisarios de la muestra. Vamos a comentar hoy el contenido de los tres recintos en que se desarrolla en Ávila: el convento de Nuestra Señora de Gracia, la capilla de Mosén Rubí y la iglesia de San Juan Bautista.

( Cristo de los Desamparados. Juan Martínez Montañés. 1617) (*)

El convento de Nuestra Señora de Gracia, de madres Agustinas, se conserva formando un bellísimo rincón de la ciudad, a mitad de una sinuosa y empinada cuesta empedrada, donde te sientes transportado siglos atrás. En este primer templo, donde el padre de Teresa la internó en su adolescencia y vio su vocación la Santa, se exhiben – además del comulgatorio donde recibió la comunión durante el tiempo que estuvo como educanda- 15 piezas, entre las que destacan un relieve en madera policromada sobre la entrega del escapulario a San Simón Stock, del taller de Gregorio Fernández, que procede de los almacenes del vallisoletano Museo Nacional de Escultura, a los que llegó por la desamortización desde el Convento de Carmelitas Calzados de Valladolid; el óleo de Juan Valdés sobre ‘Elías y los profetas del Baal’, y una Virgen del Carmen de Francisco Salzillo –se cree que representó la cara de su mujer para esta talla-. También se han incluido las constituciones del convento de la Encarnación –que visitamos antes de las Edades-, con anotaciones de la Santa. Impreso en una fecha indeterminada entre 1500 y 1600 y guardado en el Convento de las Madres Carmelitas Descalzas de Sevilla, es uno de los pocos documentos que se muestran, debido a la exposición sobre Santa Teresa que se mantiene abierta en la Biblioteca Nacional en torno a los escritos de la Santa abulense.

Destaca por sus enormes dimensiones y por su factura el extraordinario relieve, atribuido al taller vallisoletano de Gregorio Fernández, que narra el momento ocurrido a mediados del siglo XIII en el que, según la tradición, la Virgen del Carmen entrega al carmelita inglés Simón Stock un escapulario. A partir de entonces, el escapulario se convertiría en símbolo y divisa de la Orden Carmelita.

( Detalle de la “Quema de libros rabínicos”, de Juan de Juni. 1542) (*)

Varias son las obras que, en el Convento de Gracia, nos presentan al profeta Elías, considerado el padre del monacato – se enfrentó a los falsos profetas de Baal en el Monte Carmelo, al que muchos peregrinos y soldados de las Cruzadas se retiraron a vivir la fe en soledad imitando al profeta -. Entre ellas destaca Elías y los profetas de Baal, un magnífico cuadro de Valdés Leal de 1658, del retablo mayor de los Carmelitas Calzados de Córdoba. Elías arrebatado por los aires en un carro de fuego es otro óleo sobre lienzo de Felipe Gil de Mena, pintado hacia 1651, del Museo Nacional de Escultura. Otro grupo de las obras presentadas en el Convento de Gracia está dedicado a la columna sobre la que se asienta la Orden Carmelita, la Virgen del Carmen. Lienzos como la espectacular Virgen del Carmen, protectora de la Orden del Carmelo, que Juan Carreño de Miranda pintó hacia 1655, que viene de la iglesia parroquial del pueblo zamorano de Almeida de Sayago. Otra Virgen del Carmen en un cuadro delicioso de 1832 pintado por Vicente López, viene de la Catedral de Tortosa. Y una imagen de vestir con cabeza, manos y niño atribuida al gran escultor murciano Francisco Salzillo, del antiguo Convento de carmelitas de Liétor (Albacete).

Es una pena que no se pueda ver bien el retablo mayor con los magníficos relieves de Lucas Giraldo, escultor de origen flamenco de la primera mitad del siglo XVI discípulo de Alonso Berruguete pero que trabajó muy influido también por el abulense Vasco de la Zarza, y que colaboró en el retablo de alabastro del crucero de la Catedral de Ávila y en el trascoro, realizando parte de la sillería.

( Detalle de San José y el Niño. Luís Salvador Carmona. Hacia 1754) (*)

Y ya nos vamos a la segunda sede, la capilla de las Madres Dominicas de Mosén Rubí, que acoge dos capítulos, uno relacionado con el contexto histórico que envolvió a la figura de Teresa de Ávila, ‘En la España de la Contrarreforma’, y el otro dedicado a la propia reforma llevada a cabo por la Santa, “Las pobres descalzas de Teresa”. El primero se abre con la talla en madera de Isabel ‘La Católica’ que realizó Felipe Bigarny, entre 1519 y 1522 para la capilla real de Granada. También de la capilla real de Granada, de las talladas por Bigarny, una escultura del rey Gaspar que al parecer retrataba a Carlos I. Del Cardenal Cisneros una terracota policromada de Juan Alonso de Villabrille y Ron en el siglo XVIII, conservado en la Universidad Complutense de Madrid. En este capítulo se concentra la mayor parte de documentos y libros, entre ellos la Carta de confirmación a Colón de las Capitulaciones dadas en Santa Fe de Granada, y la Gramática de la lengua castellana de Nebrija, el Amadís de Gaula, La Celestina, el Lazarillo de Tormes, etc. Incluso se muestra la matrícula de San Juan de la Cruz en la Universidad de Salamanca.

Además del grupo escultórico de San Pedro de Alcántara confesando a Santa Teresa (un anónimo napolitano de finales del XVIII llegado desde el Santuario del Santo Cristo Ecce Homo de Bembibre en León), destacan, ya en siguiente capítulo, ‘Las pobres descalzas de Teresa’ dos magníficas tallas, un San Pedro de Alcántara, de Pedro de Mena y el San Francisco de Borja de Juan Martínez Montañés. Y en frente tres reliquias de la santa, un hábito, una capa y una alpargata.

( Entrega del escapulario a San Simón Stock. Hacia 1635. Atribuido a Andrés Solanes, Taller de Gregorio Fernández) (*)

La tercera sede, se ha dicho el «corazón» de Las Edades del Hombre en Ávila, está en una de las parroquias históricas de la ciudad, San Juan Bautista, donde fue bautizada Teresa de Cepeda y Ahumada el 4 de abril de 1515 – se conserva la pila bautismal-, y están enterrados sus padres Don Alonso y Doña Beatriz. En el capítulo cuarto, titulado ‘Maestra de oración’, se quiere reflejar el encuentro de la abulense con Cristo, y comienza mostrando algunos de los niños Jesús que la Santa llevaba a todas sus fundaciones, como ‘El Peregrinito’ de las Carmelitas Descalzas de Valladolid, a las que nos explican ha costado mucho desprenderse de él. Además, una escultura anónima de principios del siglo XVII, que, según la tradición, Santa Teresa regaló a la primera monja que profesó en el convento de Carmelitas Descalzas de Valladolid; el Niño Jesús Pastorcito, de Francisco Salzillo y el Niño Jesús de Pasión, de Vincenzo Ardía, de finales del siglo XVII que proviene de los Padres Carmelitas de Úbeda (Jaén).

Al lado, un Nacimiento, trío en madera policromada de Luisa Roldana, custodiado por los PP. Carmelitas Descalzos de Córdoba; la Virgen del Carmen, de Nicola Fumo, que data de la última década del siglo XVII, del convento Carmelita Descalzo de Medina del Campo, de la que ya hemos dicho han restaurado las Edades. En esta primera estancia destacan dos lienzos, una Sagrada Familia con San Juan Bautista niño, óleo sobre tabla del italiano Bartolomeo Ramenghi, conocido por el nombre de su pueblo natal, “Bagnacavallo”, de 1510-1540; y la Santa Teresa de Francisco de Zurbarán, basado en el único retrato que se le hizo en vida a la santa, el que realizó Fray Juan de la Miseria en 1576, cuando la Santa tenía 61 años, y del que hizo una copia él mismo, para el convento vallisoletano.

( San Juan de la Cruz, detalle del lienzo Santa Teresa, San Juan de la Cruz y Fray Luis de León. José Vela Zanetti) (*)

En la sala siguiente, impresionantes cristos crucificados, el Cristo de la Expiración, de Juan de Juni, de 1570, Cristo todavía vivo, justo en el momento de la expiración, imagen desgarrada, sufriente, contorsionada, que conservan las carmelitas en el claustro del Convento de Valladolid. Delante de éste, otro Crucificado de gran calidad, que se atribuye a Juan Martínez Montañés, el Cristo de los Desamparados, de perfectísima talla, armónicas proporciones, rasgos elegantes y suaves, con la cabeza caída a la derecha y un paño de pureza más grande y complicado de lo habitual que nos dicen fue posible incluir porque la imagen no era para procesionar. Está habitualmente en la capilla sacramental de la iglesia conventual sevillana del Santo Ángel, de religiosos carmelitas descalzos.

Así, el centro de una sala con los distintos cristos parece –ha declarado el comisario de la exposición- «un diálogo entre Andalucía y Castilla». Unos metros más allá, ‘La Santa Faz’ de ‘El Greco’, rivaliza en protagonismo con el Cristo atado a la columna de Gregorio Fernández, que no es el de la Vera Cruz de Valladolid, su obra maestra, sino que procede de Calahorra; parece una copia del mismo autor menos impresionante pero muy buena. En este capítulo hay que destacar también una Dolorosa y un San José con el niño ambos de Pedro de Mena, la ‘Aparición de la Virgen a Santa Teresa’ de Francisco de Goya, pintura de pequeño formato y no acabada, el ‘San José coronado por Cristo’ de Francisco de Zurbarán, bellísimo óleo del gran maestro. Acompañando a estas obras mayores, se pueden ver otras relacionadas con iconografías teresianas extrañas y singulares. Son piezas de calidad artística discutible, guardadas en conventos carmelitas, de autores menos conocidos o, directamente, anónimos.

( Virgen del Carmen. Atribuida a Francisco Salzillo. Segunda mitad del siglo XVIII) (*)

Sigue otro subcapítulo en que se refleja la devoción de Santa Teresa y de la Orden Carmelita a la Virgen, con piezas como la Virgen Protectora de los Carmelitas, alto-relieve de la iglesia parroquial de San Martín de Tours, en León; la escultura de la Virgen del Carmen de Sebastián Ducete de las carmelitas de Medina del Campo; lienzos como la Inmaculada Concepción de Claudio Coello, la Santa Teresa Escritora de Lucas Jordán venida de Antequera, la Virgen del Pópulo de Sánchez Cotán de las carmelitas de Granada, etc., pero destaca por méritos propios la Dolorosa de Pedro de Mena, que junto a su San José con el niño ya hemos dicho cierran el apartado anterior.

La especial devoción a San José se ilustra también con el San José coronado por Cristo, de Zurbarán, traído del Museo de Bellas Artes de Sevilla; un lienzo del siglo XVII de Diego de la Cerda, que muestra a Santa Teresa contemplando a San José con el Niño Jesús, proveniente de la Catedral de Málaga; la escultura de Martínez Montañés de la iglesia de San Antonio Abad de Sevilla, y la Visión del Collar de Juan Peñalosa de la Catedral de Astorga. Del gran escultor nacido en Nava del Rey (Valladolid), Luis Salvador Carmona (1708-1767), podemos ver una escultura en bulto redondo de San José con el Niño custodiada en la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen de Estepa (Sevilla), dentro del estilo aristocrático inconfundible de sus tallas.

( San Pedro de Alcántara. Pedro de Mena. 1669) (*)

Cierra la exposición en San Juan el capítulo sobre la “Transverberación” experiencia mística, de las muchas que tuvo Santa Teresa, en que sintió traspasado el corazón por un fuego sobrenatural, y que explicó en el Libro de su vida: “ Veíale -al ángel- en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas; al sacarle me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios”. Lo recoge perfectamente el lienzo de Lucas Jordán, de gran potencia plástica, que se conserva en el Convento Carmelita de Peñaranda de Bracamonte (Salamanca), en el que el ángel sujeta a la Santa por el hábito y se dispone a hundirle la flecha con energía, mientras ella, con las manos abiertas, en actitud resignada, mira al cielo, donde entre angelotes y nubes, el Espíritu Santo en forma de paloma lo ilumina todo. Otra “Transverberación de Santa Teresa” destacable, del siglo XVII es una talla en marfil, anónima, procedente del Museo de San Juan de la Cruz de Úbeda.

Importante exposición extraordinaria de la Edades del Hombre, de la que les confieso sobre todo me han impresionado las tallas varias de Martínez Montañés, no tanto por menos conocido para mí como por la cercanía con la que puedes verlas, apreciando mejor el realismo del gran maestro del barroco andaluz. Completamente genial.

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(*) Para ver las fotos que ilustran este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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